Calma tensa tras la tormenta del covid: la 'nueva normalidad' del Puerta de Hierro
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un dia en el hospital madrileño

Calma tensa tras la tormenta del covid: la 'nueva normalidad' del Puerta de Hierro

En los centros, se siente ya el gran avance contra el covid-19. Visitamos el Hospital Puerta de Hierro de Madrid y descubrimos que sus profesionales están logrando pasar página

placeholder Foto: Foto: Carmen Castellón.
Foto: Carmen Castellón.

En la planta covid-19 del Puerta de Hierro, los carteles señalan la prohibición de acceso a la misma, salvo el personal autorizado. Frente a los ascensores, sucede lo mismo. Los profesionales que día a día velan por ella están más que superorganizados: no hacen falta órdenes ni preguntas. Forman una perfecta orquesta, que lleva muchos días tocando el mismo repertorio y que empieza a respirar después de semanas terribles. Uno de esos músicos es Manuel Valle, neumólogo, el mismo que nos recibe. Nos cuenta que del centro “son entre cuatro a seis especialistas de distintas áreas médicas, además de Neumología, como son Alergología, Gastroenterología y médicos de Atención Primaria, que velan por la planta”. Relata, también, que “cada caso puede ser un mundo, pero que en la mayoría se trata de complicaciones respiratorias, que son las que atendemos”.

placeholder El doctor Manuel Valle. (Carmen Castellón)
El doctor Manuel Valle. (Carmen Castellón)

En el recuerdo queda precisamente una de ellas. Un día, “tras 10 horas tratando pacientes, el número de ingresos aumentó y las unidades de cuidados intensivos (Medicina Intensiva y Anestesia) se estaban preparando para lo que se sabía que se avecinaba, aumentando por ello el número de camas y de personal. El día anterior, el paciente de la cama 9-1 se encontraba bien, llevaba siete días con nosotros y la idea era darle ese mismo día de alta. Pero cuando volví a valorarlo, me encontré que la situación clínica había empeorado en las últimas 16 horas, con aumento de la sensación de falta de aire, necesidad de oxígeno a dosis altas y un empeoramiento rapidísimo de las placas mostradas por radiografía que solicité ante tal situación.

No sabía ni cómo explicarlo y lo peor de esto es que era de los primeros momentos, me refiero al inicio de la pandemia, en que los tratamientos no estaban todavía bien definidos y las herramientas para tomar decisiones se basaban en tu experiencia clínica y en el protocolo realizado en tu hospital por compañeros de los servicios de Infecciosas y Neumología que llevaban ya muchos días sin descanso estudiando el virus”.

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Foto: Carmen Castellón.

Y continúa: “De repente, me di cuenta de la realidad y de la agresividad de este virus en algunos pacientes, algunos de ellos jóvenes, como este caso. Tras hablar con intensivos y valorar el tratamiento, me tocó llamar a su mujer para decirle que no se iba de alta y que nos estábamos planteando intubarle. La llamada fue difícil, la esposa me puso en altavoz para que me escucharan también sus hijas: estaba informando por teléfono y no podía medir la reacción a mis palabras nada más que por su voz. No existían gestos, pero supe percibir mucho miedo, angustia, pero, sobre todo, mucha confianza de la familia en lo que yo transmitía que estaba haciendo por sacarle adelante, cosa que es imposible describir con palabras”.

Los peores días

Durante tres días, “fueron llamadas difíciles en que intenté medir muy bien las palabras e, incluso, hasta mi tono de voz. Esas llamada que se repitieron durante tres días, uno tras otro seguidos, las tengo grabadas, al igual que la cuarta, por fin, donde pude transmitir mejores noticias. Mi paciente había conseguido superar el momento agudo sin tener que subir e ingresar en la UCI y parecía que, esta vez, sí que estaba más cerca de recibir el alta. Nunca me ha gustado hablar por teléfono y menos después de la pandemia”.

Se entiende ahora más que nunca que ellos, los que siempre han estado para ti, para tus familiares o amigos, están hoy de pie, muy de pie y ‘firmes’, sonriendo, de buen humor. No se percibe ni un pero, todo está donde tiene que estar. No hay aplausos, cada día a las ocho de la tarde, capaces de devolver su labor aunque se prolongaran siglos, pero sí hay un reconocimiento oculto que les debemos. A ellos, el covid-19 también les cogió por sorpresa. Pero han sabido reorganizarse contrarreloj.

"La estancia media es de dos a tres semanas, sin contacto y con miedo, pero la ‘maratón’ la están ganando los pacientes de la mano de sus médicos"

En la planta covid-19 del Puerta de Hierro, que cobija a 25 enfermos a los que les queda una estancia media de dos a tres semanas, sin contacto con familiares y seguramente con algo de miedo, descubres que la ‘maratón’ la están ganando los pacientes de la mano de sus médicos. Nadie transpira temor.

Con la desescalada

Cuenta nuevamente Manuel Valle que ahora que empieza la desescalada y se han producido menos contagios, “la idea es ir disminuyendo paralelamente con la reducción del número de casos las camas de hospitalización para pacientes con coronavirus, pero dejando unidades todavía abiertas como la nuestra, que lleva valorando pacientes desde los primeros ingresos”.

Y si vamos más lejos, hasta el próximo otoño, la idea es “tener en cuenta que este es uno de los problemas y retos que genera esta enfermedad: la incertidumbre. La imposibilidad de responder a estas preguntas de forma certera. El qué pasará. Desde hace dos meses, a los médicos se nos plantean muchas preguntas para la mayoría de las cuales no tenemos respuesta, y las que damos se basan en trasladar la experiencia de otras situaciones con algo de similitud, como puede ser la gripe. Esta con carácter de pandemia y alto índice de contagio o, en algún caso, apelando al sentido común”.

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Personal médico visitando a un paciente. (Carmen Castellón)

En equipo. Así se ha trabajado y se trabaja cada día en la planta. Nos lo comenta la supervisora de Enfermería de la Unidad de Neumología, Toñi Cachinero. En su labor día a día, no solo está la atención a los pacientes, también la desinfección del material como estetoscopios y la hipervigilancia para que todo esté en su sitio. Recuerda que “la media de edad de los pacientes ingresados es de 35 a 58 años”, pero también destaca que, afortunadamente, "nuestro centro es moderno y contamos con mucho material". No solo eso. Reconoce que "ya hay menos actividad". Y sonríe junto a sus compañeras, tras un esfuerzo al "que se le empieza a ver la recompensa".

No es fácil cerrar este capítulo. A no ser por las palabras del doctor Manuel Valle cuando le preguntas ¿qué crees que se debería mejorar en la atención a tus pacientes? “Creo que esta pregunta sería mejor que se la hicieras a los pacientes. Hemos luchado con los medios que teníamos a mano, que en algún momento puntual han sido pocos, pero sin que ello haya inferido en la atención de calidad dada por los profesionales sanitarios. Tal vez la situación de miedo y aislamiento que han percibido los pacientes es un punto de mejora del sistema”.

Tras sus palabras, nos queda una última ‘carta en la baraja’: “El as de la profesionalidad y la entrega de nuestros médicos, ese que está volviendo del revés esta tan larga partida”.

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