Ya somos 9M: precariedad y estereotipos en la inserción laboral de la mujer en España
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8 de marzo, día de la mujer

Ya somos 9M: precariedad y estereotipos en la inserción laboral de la mujer en España

Haber traspasado los 9M de ocupadas es un signo de la imparable inserción laboral de las mujeres, aunque desde sindicatos y patronal advierten de que queda "mucho camino por andar"

Foto: Ya somos 9M: precariedad y estereotipos en la inserción laboral de la mujer en España
Ya somos 9M: precariedad y estereotipos en la inserción laboral de la mujer en España

En España se han vivido muchos cambios desde que la mujer empezó a incorporarse al mercado laboral asalariado hace unas décadas, y desde esos años hasta hoy se ha conseguido sobrepasar por primera vez (en 2019) la barrera de los 9 millones de mujeres trabajadoras en promedio anual (9,1M), frente a los 10,8 millones de hombres ocupados, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicada a finales de enero.

Sin embargo, queda mucho camino por recorrer: las mujeres siguen trabajando mayoritariamente en el sector de los cuidados y siguen siendo ellas las que más renuncian a su carrera laboral por dedicarse a la crianza y atención a los familiares.

Para CCOO, haber traspasado los 9 millones de ocupadas en España en 2019 es un "signo de la imparable inserción laboral de las mujeres", aunque como se encarga de señalar a El Confidencial su secretaria confederal de Mujeres e Igualdad, Elena Blasco Martín, estas cifras no reflejan en realidad a todas aquellas que están trabajando en España, "pues tenemos aún muchas bajo la economía sumergida, en situación de esclavitud e informalidad, que desgraciadamente no se contabilizan en las estadísticas oficiales".

Según datos del INE, en 2019 había 19,9 millones de personas trabajando en España: 9,1 millones son mujeres y 10,8 millones, hombres

El sindicato destaca también el hito de haber llegado a esta cifra a pesar de que la inserción laboral de las mujeres se vio frenada en los años de las crisis. Ahora, sin embargo, se está recuperando, tal y como atestigua la tasa de empleo, que está en el 45% en 2019, muy próxima a la que había antes de 2008. La de los hombres se sitúa en el 56%.

Este es un dato que para Blasco Marín cobra mucha importancia porque, históricamente, las salidas de la crisis han sido gracias a un mayor peso de trabajo de las mujeres. "Digo trabajo y no siempre empleo", apunta. Y es este trabajo el que "se transforma, a medida que avanzamos en esa crisis económica, en ir recuperando tasa de actividad a diferentes velocidades para hombres y mujeres, pero que desde luego no se recupera con las mismas condiciones laborales, sino todo lo contrario, generando una mayor precariedad".

"La penalización y segregación laboral que sufren las mujeres hunde sus raíces en la permanencia de mecanismos de discriminación de género"

De hecho, según CCOO, no todo es color de rosa en estas cifras: cuando se empieza a recuperar empleo como ahora no significa que la precariedad desaparezca, "sino todo lo contrario, esta se acentúa aún más", con mayor contratación parcial, rotación laboral o salarios bajos.

En el caso de las mujeres esto se sufre especialmente, señala Blasco, porque "seguimos siendo las de un menor y peor acceso al empleo, que genera una clara penalización de género laboral (infravaloración de tareas y cualidades, desigualdad y discriminación retributiva y una importante brecha en pensiones y prestaciones), haciendo que se perpetúe la feminización de la pobreza".

Según explicaba Javier G. Jorrín, el sector que más mujeres ha incorporado desde 2008 es el de sanidad y cuidados de dependientes, que es justo el que más rápido está creciendo en España como consecuencia del envejecimiento de la población. En el último año, uno de cada cuatro empleos creados fue de hecho en actividades sanitarias y de servicios sociales, y en este sector el 76% de los trabajadores son mujeres. Otro de los sectores que están creciendo rápidamente es el de la educación, en el que las mujeres también son mayoría, superando el 67%, y el de la hostelería (54% del total).

Las mujeres también se han incorporado intensamente al sector de actividades profesionales, científicas y técnicas, que está limitado a personas de alta cualificación (desde abogados hasta científicos o ingenieros), aunque también se sigue produciendo un salto en la tasa de actividad a partir de los 30 años que responde a la maternidad.

"Queda mucho camino por andar"

Fuentes de la CEOE consideran también un dato "muy positivo" haber superado ese hito de los 9 millones de mujeres ocupadas. Apuntan que a esta cifra ha contribuido "una clara apuesta" de las mujeres en formarse, aunque también creen que "queda mucho camino por andar" en temas de conciliación, de corresponsabilidad en el ámbito de la atención de la familia y de las políticas públicas que profesionalicen los cuidados, hasta ahora en su mayoría en manos de mujeres.

"La crisis destruyó mucho empleo, pero también provocó la incorporación de la mujer a tiempo completo que antes estaba sumergido"

Según la patronal, la crisis destruyó mucho empleo en sectores como el de la construcción (muy masculinizado), pero también provocó un fenómeno de la incorporación de la mujer a tiempo completo o directamente en el trabajo asalariado que antes estaba sumergido o se veía como "complementario" a la aportación económica de la familia. Esto podría ser uno de los motivos que hayan contribuido a la progresión de la inserción laboral femenina —señalan—, que podría considerarse un revulsivo para que se incorporaran aquellas que no lo estaban aún.

Pero lo que más ha contribuido a que crezca el número de ocupadas es el cambio social y cultural tan importante que se ha producido en los roles de género, destacan desde la CEOE. Las aspiraciones de la mujer ya no son quedarse en casa a cuidar de los hijos, sino compatibilizar su trabajo con la vida familiar. Por eso, el objetivo es que al empleo "aporten talento tanto hombres como mujeres" y que estos 9 millones sean "un hito en el camino" hasta cerrar la brecha de género actual.

Educación y división sexual del trabajo

La penalización y segregación laboral que sufren las mujeres, señalan desde CCOO, hunde sus raíces en la permanencia de mecanismos de discriminación de género que separan los caminos de ambos sexos desde el principio de la educación.

Entre estos mecanismos que actúan configurando barreras y levantando obstáculos están los estereotipos y roles de género y la pervivencia de la división sexual del trabajo, "fenómenos interrelacionados que provocan dificultades añadidas para las mujeres en el acceso al mercado laboral".

Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. (EFE)
Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. (EFE)

Es la elección segregada de estudios la que alimenta la división sectorial y ocupacional, aseguran desde CCOO, que también detallan que no hay que olvidar que, aunque minoría, también hay chicas y chicos que eligen opciones no predeterminadas por sexo-género. Aún así, añaden, ellas encuentran más dificultades para insertarse laboralmente en ocupaciones consideradas tradicionalmente como masculinas, que por otro lado parece que son las más valoradas socialmente.

Desde la CEOE coinciden en este argumento, en la necesidad de buscar una orientación en el ámbito educativo que corrija la segmentación laboral donde predomina la presencia de la mujer en el ámbito educativo, sanitario y de cuidados frente a sectores más tecnológicos, más masculinizados y con mejores salarios.

Además, la patronal insiste en que la incorporación de la mujer contribuye a la competitividad de las empresas y no se puede prescindir del talento femenino, que aporta, entre otras muchas cosas, "cualidades multifacéticas de trabajo en equipo".

En la universidad

Las diferencias que existen entre las mujeres y los hombres por sector de ocupación tienen también su origen en la educación y la universidad. Según el Informe Universidad Española en Cifras CRUE 2019, el porcentaje de mujeres sobre el total de alumnos en el curso 2017/2018 ascendía en Ciencias de la Salud al 73,8% (otra vez, los cuidados) y en Artes y Humanidades al 65%, un porcentaje que empieza a descender en Sociales y Jurídicas (61%) y Ciencias (52%) y que se vuelve minoritario en las carreras de Arquitectura e Ingeniería (23%).

Por eso, el informe recomienda que los factores externos a las enseñanzas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) —que deben buscarse en las etapas educativas preuniversitarias—, "junto al estereotipo social de identificar ingeniería con hombre, son barreras que deben superarse para favorecer la demanda general y particularmente la de la mujer".

Foto: EFE
Foto: EFE

"Lo que no deberíamos hacer es imitar modelos masculinos, eso sí sería un fracaso. Tenemos que liderar con patrones femeninos", opina Eva Alcón, decana de la Universitat Jaume I y delegada de Igualdad de CRUE Universidades españolas.

De hecho, según señala Alcón, que las mujeres sigan por debajo de la tasa de matriculaciones en las enseñanzas STEM en España tiene unas implicaciones mayores de las que pensamos. En su opinión, es en primaria y secundaria donde hay que fomentar la vocación de estas enseñanzas STEM y romper así los estereotipos de las mujeres como alumnas de las carreras de los cuidados. Alcón se pregunta "qué sentido tiene no despertar estas vocaciones en ámbitos STEM", cuando acceder a estas carreras es también fundamental para romper también la brecha salarial.

La razón de que se perpetúen estas elecciones entre los adolescentes hay que buscarla en los estereotipos culturales, y romperlos es difícil. Sin embargo, Alcón asegura que hacerlo es "la única manera de cambio, y la educación es la palanca".

En cuestión de notas, las mujeres han registrado notas medias más altas en los últimos años académicos de los que se tienen datos. Según el INE, en el curso 2017/2018, las mujeres obtuvieron una nota del 7,35 y los hombres, del 7,06. En 2017/2017, las mujeres tenían una nota media del 7,34 y los hombres de un 7,05, y en el curso 2015/2016, las alumnas tenían también una nota del 7,34 frente al 7,06 de los alumnos.

La actitud de las mujeres es una combinación de dos factores: sus características individuales y la conciencia "de que las cosas nos cuestan más"

Los datos de abandono de las enseñanzas de grado recogidos en las estadísticas del Ministerio de Educación y el Sistema Integral de Información Universitaria (SIIU) muestran cómo la tasa global de abandono de las mujeres resulta ser 11 puntos inferior a la registrada por los hombres matriculados en los centros propios de las universidades públicas, diferencias que aparecen consolidadas cuando observamos los registros correspondientes a las tasas de abandono del primer año.

En ese sentido, Alcón apunta que no solo la tasa de rendimiento de las mujeres es superior a la de los hombres, sino que también es mayor el porcentaje de éxito: "La mujer es tan valida como el hombre y más constante ante el esfuerzo que dedica", subraya antes de añadir que la actitud de las mujeres es una combinación de dos factores: las características individuales de cada persona y la conciencia "de que las cosas nos cuestan más, eso sí que está en nuestro ADN".

Según detalla Alcón, la brecha de género empieza en el postdoctorado, cuando la mujer puede decidir ser madre y es por eso que, junto a la "mochila cultural" que ya de por sí llevan las mujeres, son necesarias las medidas de discriminación positiva. Y al mismo tiempo anima a construir "una sociedad justa e igualitaria" y luchar por la igualdad de género: "La igualdad es una responsabilidad colectiva por la que tenemos que luchar tanto hombres como mujeres. Es un compromiso social con las nuevas generaciones".

Liderar con patrones femeninos

Vivir como una mujer. Trabajar como mujer. Comprar como mujer. Liderar, cuidar, mandar como una mujer. Hace tiempo que el movimiento feminista ha buscado reconvertir los patrones de liderazgo, poder y trabajo imperantes hasta ahora y plantearse si estos son semejantes, contrarios y coexistentes con los de los hombres, quienes han sido los que los han ejercido y configurado a su medida a lo largo de la historia.

Es esta línea en la que se expresaba la académica británica Mary Beard en su libro 'Mujeres y Poder', donde afirma que uno de los próximos pasos que habrá que hacer en el camino de la inserción laboral de las mujeres es el de "desmontar el concepto de liderazgo (normalmente masculino) que hoy en día se considera la clave de acceso a los organismos de éxito, desde las escuelas y universidades hasta los negocios y el gobierno", para volver a construirlo con otros códigos.

De hecho, según Beard, seguimos tratando el poder como "algo elitista, emparejado al prestigio público, al carisma individual del llamado liderazgo y, a menudo, aunque no siempre, a un cierto grado de celebridad. Por eso, añade, "las mujeres como género, no como individuos, quedan excluidas del poder por definición. No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura. Y eso significa que hay que considerar el poder de forma distinta; significa pensar de forma colaborativa, en el poder de los seguidores y no solo de los líderes; significa, sobre todo, pensar en el poder como atributo o incluso como verbo (empoderar), no como una propiedad".

¿Existen rasgos que diferencien a los hombres y a las mujeres en la manera de ejercer el poder, dirigir o gestionar la economía y el trabajo? Decía Simone de Beauvoir en su obra capital 'El segundo sexo' que siempre se tiende a esta confrontación entre el sexo femenino contra masculino, pero que "las mujeres nunca constituyeron una sociedad autónoma y cerrada", sino que están unidas "únicamente en la medida en que son semejantes por solidaridad mecánica".

Y un paso más en esa dirección lo da la antropóloga y catedrática de Antropología Económica en la UNED, Paz Moreno Feliu, que explica en una entrevista con El Confidencial que aplicar un patrón global de comportamiento a la mujer en todos sus ámbitos sería reduccionista y se correría el riesgo de caer en el "esencialismo de género", es decir, en la atribución de una cualidad fija a las mujeres. Moreno defiende que las mujeres "somos cambiantes" en cada sociedad e incluso en una misma existen sustratos culturales muy diversos que configuran las relaciones entre nosotras mismas, los demás y nuestro entorno.

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