Entrevista a Rafael Bardají

"No me incomoda que me llamen populista, favorecer al pueblo español no es una locura"

El Confidencial habla con el sociólogo a quien le acompaña la aureola en política de ser el gurú de Vox, la voz que le susurra al oído a Santiago Abascal

Foto: Rafael Bardají. (Wikipedia)
Rafael Bardají. (Wikipedia)

Rafael Bardají, sociólogo y publicista, ha experimentado el mismo tránsito ideológico que otros dos millones de españoles, su pensamiento conservador ha ido escorándose hacia la derecha, primero dentro del Partido Popular, a medida que José María Aznar iba acentuando sus diferencias con Mariano Rajoy y, finalmente, con la marcha a Vox, que es donde han encontrado hasta ahora una mayor identificación. En eso, por tanto, Rafael Bardají es igual que la inmensa mayoría de los otros 2.677.173 españoles que votaron a Vox en las últimas elecciones, salvo que en su caso le adorna la aureola siempre relevante en política de ser el gurú de Vox, la voz que le susurra al oído a Santiago Abascal y, más allá aún, uno de los españoles que mejores contactos tiene con la administración de Donald Trump y, en especial, con Steve Bannon, que fue, a su vez, el principal asesor del presidente republicano. Con todos esos galardones en el currículum político, Rafael Luis Bardají López (Badajoz, 1959) se ciñe escrupulosamente al ideario de Vox para sortear todos los obstáculos de la conversación. Para eso le dicen gurú…

RESPUESTA. A ver, en esto, como en todo, hay demasiados bulos. No soy el gurú de Vox, no soy la mano que mece la cuna y tampoco la persona que toma las decisiones en Vox. Estoy en el Comité Ejecutivo nacional y soy uno más; ni más importante ni más especial.

PREGUNTA. Bueno, si me lo permite, parece que usted lo cultiva. Lo digo porque eso de colocarse en su perfil de redes sociales la imagen de Darth Vader, el lado oscuro, tiene su guasa…

R. Je, je, je… Eso fue una broma de amigos que, efectivamente, venía por ahí: pensaban que yo tenía más influencia, pero fue en la etapa de Aznar. Ni lo cultivo ni lo dejo de cultivar. Lo he mantenido porque me hizo gracia y porque me gusta 'La Guerra de las Galaxias' y el personaje de Darth Vader.

Página principal de la cuenta de Twitter de Rafael Bardají
Página principal de la cuenta de Twitter de Rafael Bardají

P. El auge de los populismos ha llevado a que proliferen ensayos y libros sobre el fenómeno. En 'La mente reaccionaria', de Corey Robin, se analiza el fenómeno desde la Revolución Francesa y concluye que "todas las ideologías de derechas, desde el siglo XVIII, son improvisaciones sobre el mismo tema: la experiencia vívida de tener el poder, verlo amenazado y tratar de mantenerlo".

R. ¿Y eso no se le aplica a la izquierda? Todo el mundo que está en política lo que quiere es llegar al poder y mantenerse el máximo tiempo posible. Algunos quieren el poder para enriquecerse y para colocar a sus amigos y familiares, o porque les tienta la gloria del poder y otros, para hacer cosas prácticas para el bien de todos. Ahí es donde están las diferencias.

P. A ver, entiendo de Robin cuando se refiere al poder, que no habla de llegar al gobierno, habla de las élites del poder, que esas permanecen siempre. Cuando lo ven amenazado, se visten de populismo.

R. Durante toda la historia de la humanidad ha existido una especie de binomio que nos ayuda a entender los acontecimientos. Thanatos y Eros de Freud, Cristianismo contra el Islam, la lucha de clases de Marx y, por ejemplo ahora en España, una muy popular que es el feminismo y los hombres. Lo que distingue a la derecha alternativa, al populismo de derechas, porque también lo hay de izquierda, es que traslada ese binomio a la gente común y a la élite política. El 'establishment' se ha bunkerizado, se ha aislado en su burbuja, y busca satisfacer sus necesidades al margen de los problemas reales de la gente. Ahí es donde se da la ruptura y por lo que se explica el populismo actual.

Rafael Bardají
Rafael Bardají

P. ¿Le gusta, entonces, el término populista?

R. No, porque se utiliza como un arma. Dicen 'populista' y ahí se acaba todo, no se profundiza. Además, hay muchas diferencias entre esos movimientos; 'Alternativa para Alemania' tiene poco que ver con la Liga de Salvini, con Vox o con el movimiento de Trump, cada uno se corresponde con una idiosincrasia y hay menos en común de lo que parece.

P. ¿El populismo es un fenómeno de temporada, espoleado por la crisis económica, o una característica de este principio de siglo?

R. La crisis económica ha polarizado la sociedad. Las clases medias, que son las que han dado estabilidad y las que más se aferran a las instituciones democráticas, no dejan de disminuir, como ocurre en España. Pero, junto a eso, hay un fenómeno nuevo, el refuerzo de la identidad nacional frente a la globalización. Esa dinámica de 'globalización versus nacionalismo' sí es nueva en la política del siglo XXI y esa tensión no se va a disipar en los próximos años, ni en las próximas décadas. Con lo cual, las fuerzas políticas que atiendan a ese fenómeno van a seguir estando ahí, no es un fenómeno pasajero.

Creemos que ser español tiene que llevar consigo ciertas prebendas frente al que no lo es y está aquí de manera irregular o como sea

P. También leí el otro día un ensayo que recopilaba todos los calificativos que se han utilizado para definir a Vox: ultraderecha, extrema derecha, fascista, populista, radical y nacionalista. Eso, además de otras etiquetas más precisas: racista, antiinmigrante y antifeminista. ¿De las genéricas, con cuál se identifica usted?

R. Nacionalista español, está claro. En Vox primamos la noción de España, defendemos el pasado, nos guste o no, y estamos muy orgullosos de ser españoles. Es más, creemos que ser español tiene que llevar consigo ciertas prebendas frente al que no lo es y está aquí de manera irregular o como sea. El Estado y el Gobierno español debe defender los intereses de los españoles antes que los de ningún otro. Todas las demás calificaciones son armas arrojadizas para no entrar en los debates.

P. Bueno, tampoco se le ve incómodo con el término populista.

R. Y no me incomoda, salvo cuando se utiliza como descalificación. El Partido Popular, lo lleva en sus siglas; favorecer al pueblo español y a las clases medias y bajas frente a las oligarquías y multinacionales no es ninguna locura.

P. ¿Y por qué les molesta tanto que se les llame extrema derecha si, en realidad, son ustedes mismos los que dicen que están a la derecha del PP? Es más, a la derecha tradicional la llaman ustedes "derechita cobarde"

R. En España hay una serie de partidos de izquierda, que van desde la izquierda más radical hasta la izquierda radical, que es el PSOE. Luego hay un magma en el centro, ocupado por Ciudadanos y por el PP, sobre todo ahora que Pablo Casado, de nuevo, ha girado hacia el marianismo, un giro de 180 grados con respecto a cuando llegó a la presidencia de ese partido. Estar a la derecha de todo eso, a la derecha del Partido Popular, no presupone que Vox sea la Falange española o Fuerza Nueva, que es la extrema derecha histórica. Vox es la derecha alternativa.

P. Por cierto, veo que han cambiado de apodo sobre el PP, ahora lo llama usted la "derechita inútil". ¿Y eso?

R. Sí, bueno, es que creo que es inútil porque votar al PP no sirve para arreglar las cosas. Y lo hemos visto cuando han llegado al Gobierno y ahora ocurre lo mismo con sus propuestas, no sirven para solucionar los problemas de los españoles. Los parches que propone el PP no van a frenar la deriva en la que estamos porque mantienen las autonomías, suben los impuestos, aumentan los funcionarios. Ahora, como se han dado cuenta de que no le pueden robar muchos votos a Vox, porque sus votantes, como se ve en las encuestas, son muy fieles, giran al centro para robárselos a Ciudadanos. Es una jugada estratégica, pero desde esa posición, que abandonen la idea de formar gobierno con Vox. Los acuerdos de gobierno no pueden ser un cheque en blanco, tiene que servir para que, al menos, incluyan algunos puntos de nuestro programa. Si no, no tiene sentido apoyar ese tipo de coaliciones. Nosotros hemos sido hasta ahora muy generosos para favorecer el cambio en muchos sitios, pero el Gobierno de España es distinto y no se puede estar negociando siempre sobre el supuesto de que nosotros vamos a salir gratis. Y, desde luego, con un planteamiento inicial de respeto mutuo, no como Ciudadanos que nos trata como apestados cuando su gobierno depende de nosotros.

P. Habla de las encuestas… Lo más común es que todas coincidan en que el fenómeno de Vox se está desinflando.

R. El problema de las encuestas en España es que se hacen para que digan lo que quiere el que las paga. Dicho lo cual, la mejor situación electoral para Vox es la que se está dando: una izquierda fragmentada, con lo que los restos irán a parar a Vox por la ley D’Hont, y un Partido Popular que vuelve a cometer los mismos errores de tibieza absoluta que cometió Mariano Rajoy. Hay elementos suficientes, objetivos y subjetivos, para pensar que, no solo no habrá una caída de Vox, sino que irá al alza en las elecciones. La entrada de Errejón nos beneficia, sin duda.

P. Le decía antes que a Vox también se le califica como partido antiinmigrante. Y fíjese que estaba hablando usted antes de los españoles y pide 'prebendas' frente a los inmigrantes, como si ese fuera un problema nacional.

R. Es que lo es. Es un problema nacional, sobre todo para ciertas capas de la población en las que hay mucha fricción social. No hay problemas para los extremadamente ricos que viven en sus atalayas de marfil. La inmigración que estamos teniendo, y de la procedencia que estamos teniendo, es un problema social de primera magnitud en España. Hay un incremento de la criminalidad que va unido a la inmigración ilegal y a la naturaleza de esa inmigración. Jóvenes varones que vienen aquí y no quieren ni integrarse ni trabajar. Se ve en el aumento de los abusos sexuales y las violaciones a mujeres y quiénes son quienes los cometen. Y se ve en los manteros, por ejemplo, que causan un daño económico a nuestros comerciantes. Luego está el coste social: llegan los inmigrantes y se les dan ayudas sociales de todos lados, municipales, autonómicas y estatales. Al final, el cheque que se llevan es mucho mayor que el salario medio de un español que trabaja y se desloma para mantener a su familia. ¿A quién va la concesión de pisos sociales? La sensación de que vienen aquí a aprovecharse del Estado del Bienestar está muy extendida y es real. Porque no son refugiados que vengan huyendo de guerras, vienen porque no les gusta la situación social o económica de su país.

Hay un incremento de la criminalidad que va unido a la inmigración ilegal y a la naturaleza de esa inmigración. A eso hay que sumar el coste social

P. ¿Que no les 'gusta' su país? Lo dice y parece que estamos hablando de turistas… En fin, mire, señor Bardají, cada una de esas afirmaciones, sensaciones dice usted, están, a mi juicio, exageradas y no se sostienen con datos. Por detenernos solo en una de ellas: según la última estadística del INE, el 77% de los delitos lo cometen los españoles, el resto, siempre por debajo del 10%, se reparte entre europeos, americanos y africanos. ¿No le parece que centrar el problema de la delincuencia en los inmigrantes es una preocupante deformación de la realidad?

R. No es deformación, es la realidad. El número de inmigrantes en las cárceles es superior, casi el doble, del porcentaje que correspondería por población. Hay más españoles que inmigrantes, pues claro que tiene que haber más delitos, pero la realidad es que cometen más delitos que los españoles. Los rumanos, por ejemplo, cometen seis veces más delitos violentos que los españoles. Discútame eso. O los argelinos, que también cometen más delitos que los españoles en términos relativos. Es decir, que si hubiera 39 millones de argelinos en España…

P. ¡Pero es que no los hay! Insisto: cuando usted pone la lupa de la delincuencia en los inmigrantes lo que traslada es que son los causantes de todo y obvia casi el 80% de los delitos. ¿No le preocupa el odio que eso pueda generar? ¿Por qué no dice que la inmensa mayoría de los inmigrantes que vemos, por ejemplo, en la agricultura intensiva, están aquí porque los reclaman los empresarios españoles, que los necesitan?

R. Eso lo hemos dicho siempre, que aquí hay un mercado que favorece a ciertos empresarios que prefieren mano de obra barata, que es la inmigrante, antes que contratar a españoles. Eso es aberrante y debería estar regulado. Tendría que haberlo mencionado antes: hay salarios que están bajando porque los empresarios se aprovechan de la mano de obra extranjera.

P. No dudo que en los informes de Vox exista esa crítica, pero nunca le he oído a Santiago Abascal atacar a los empresarios españoles. Siempre a los inmigrantes, como si estuviésemos padeciendo una invasión silenciosa. Eso es lo que le digo que supone una peligrosa exageración.

R. No lo comparto, para mí sí es un peligro real y no nos vamos a poner de acuerdo en la calificación del fenómeno. Por desgracia, no estamos en condiciones para solventar los problemas de media humanidad. Cuando el riesgo de hacerlo supone una factura social y económica que pone en peligro la supervivencia de nuestra sociedad, ha llegado el momento de decir, hasta aquí y ni uno más. Que sí, que la vida es muy injusta y el mundo muy desequilibrado, pero no somos los culpables. Podemos ayudar pero allí, en su suelo, no en el nuestro.

P. Otro tema que no entiendo, señor Bardají: ¿Por qué se quiere poner Vox enfrente del movimiento feminista generalizado para reivindicar el papel de la mujer en la sociedad?

R. Lo que dice Vox es que la Ley de Violencia de Género, que puede ser inconstitucional, divide el mundo en dos, las mujeres víctimas y los hombres asesinos y violadores, y eso no me parece correcto. Ni todas las mujeres son víctimas ni todos los hombres son criminales. En segundo lugar, existe un entramado enorme institucional de organizaciones que viven del bote gracias a esta Ley que lo que hacen es radicalizar su posición y pervertir el sistema legal español. O que, con una simple denuncia, un hombre vaya al calabozo aunque se trate de una denuncia falsa. Eso es lo que combate Vox y decimos que, además de esa violencia, también hay violencia contra los niños y contra los ancianos; violencia intrafamiliar, así debe ser tratado.

P. ¿Y es necesario que, para criticar la excesiva burocratización de la lucha contra la violencia de género, se niegue la existencia de una violencia machista que solo padece la mujer?

R. Es que no hay violencia machista, hay violencia.

P. A ver, que eso no se puede cuestionar: son más de 1.000 mujeres muertas desde que comenzó a contabilizarse en 2003.

R. ¿Cómo que no se puede cuestionar? ¿No hay acaso mujeres que matan a niños? ¿No hay hombres que matan a hombres? Todo eso es pura ideología, no se necesita más que el Código Penal, la Ley de Violencia de Género es ineficaz, como se está demostrando. Lo que hay que hacer es endurecer las penas. Esa ley es puramente ideológica, ideología de género, que quiere convertir al hombre en un cero absoluto; las mujeres no son ni víctimas ni superiores. El problema es la violencia intrafamiliar, el asesino no es porque sea mujer, homosexual u hombre, como si es discapacitado, ¿me entiende? A usted le parece que es frivolizar y a mí me parece que es lo más sensato para solucionar el problema; no nos vamos a poner de acuerdo…

Lo que hay que hacer es endurecer las penas. Esa ley es puramente ideológica, ideología de género, que quiere convertir al hombre en un cero absoluto

P. En fin, otra cosa. ¿Ve usted alguna solución, a corto y medio plazo, del conflicto de Cataluña?

R. No, porque la solución tendría que venir tras la suspensión de la autonomía de Cataluña y la eliminación de toda la infraestructura de la ideología separatista, empezando por TV3, y otras medidas lingüísticas. Pero eso solo sería un dique de contención; a largo plazo, con paciencia y mediante la educación, tendría que destruirse la ideología de odio contra lo español.

P. Lo paradójico de eso es que los independentistas lo que parecen esperar es una nueva suspensión de la autonomía para resucitar en las calles.

R. El hecho histórico es que el independentismo se ha desarrollado antes de la aplicación del artículo 155 de la Constitución. El independentismo se desarrolla cuando se le permite que se desarrolle, que controlen las calles, los colegios, los medios de comunicación… No creo que sea correcto decir que la confrontación es la que alimenta al independentismo. ¿Puede darle alas a corto plazo a los más violentos? Pues sí, pero para eso están las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, para poner orden y tranquilidad. Hay que confrontar y combatir el independentismo desde su raíz, pero no solo a los grupos más radicales, incluyendo las células terroristas que empiezan a aparecer, sino sobre todo a la infraestructura. Como se hizo con ETA; se combatía a ETA y a todo su aparato mediático y de financiación. Eso es lo que hay que hacer con el separatismo.

A la izquierda, Rafael Bardají junto con el exgurú de Trump, Steve Bannon
A la izquierda, Rafael Bardají junto con el exgurú de Trump, Steve Bannon

P. Finalicemos con su amigo Steve Bannon, el asesor de Trump. Vino a España y dijo que el principal triunfo de Vox era que había colocado su producto, que tanto Ciudadanos como el PP ya hablaban igual. ¿Está de acuerdo?

R. Eso fue muy claro en las últimas elecciones. Conseguimos que se hablara de los temas que sacábamos nosotros; la agenda política en España la marcaba Vox, ni el PP ni el PSOE. No sé por qué les cuesta reconocerlo, porque en gran medida sigue siendo así; no han desaparecido las polémicas que nosotros planteamos. Pero el reto del futuro es cómo trascender de esa fase y aglutinar a muchas más personas en el discurso global que representa Vox.

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