Apartado de las esferas de poder desde 2017

La leyenda exagerada de Bannon: "Es una figura marginal y dependiente de la prensa"

Sus ideas están más vivas que nunca en todo el mundo, pero su influencia real es mucho menor de lo que le gusta aparentar. Así se ve al 'Darth Vader' trumpiano desde Estados Unidos

Foto: Steve Bannon, durante una rueda de prensa. (Reuters)
Steve Bannon, durante una rueda de prensa. (Reuters)

“Céntrate de una puta vez, ¿ok? Quiero repasar estos putos estados. Me importa una mierda el número nacional”, dice Steve Bannon al teléfono, deambulando por una cocina oscura y desordenada. Suspira, está inflado y tiene unas ojeras que parecen minas de carbón. Pero, sobre todo, está irritado. “¿Vas a cerrar tu puta boca y dejar que hable el tipo?”, luego da tres golpes con la frente en una pared.

Esta escena, parte del documental 'The Brink' que llega este viernes a las salas americanas, se parece a la imagen mental que mucha gente conserva de Steve Bannon en Estados Unidos. La imagen de un hombre frustrado, metido en una campaña errática para unir los populismos de derecha europeos, en parte porque sus compatriotas habrían dejado de prestarle atención. Un hombre con síndrome de abstinencia del poder que tocó en 2016 y 2017, y del que ha sido expulsado. ¿Hasta qué punto ha perdido pujanza este sombrío arquitecto del populismo trumpiano?

Es una figura marginal que depende de que los periodistas escriban de él para dar la impresión de que de hecho está haciendo algo

“Steve Bannon tuvo su momento de mayor influencia dentro de la Casa Blanca”, dice a este diario Ruth Ben-Ghiat, profesora de Historia de la Universidad de Nueva York y experta en fascismo, autoritarismo y propaganda. “Sus esfuerzos de influir en la política europea han sido mínimos. Su ‘movimiento’, con sede en Bruselas, solo tiene 5.000 miembros”, explica. “Él es una figura marginal que depende de que los periodistas escriban de él para dar la impresión de que de hecho está haciendo algo”.

Diversas investigaciones apuntan en la misma dirección: el proyecto de Bannon de construir una “infraestructura” del “movimiento populista global”, según lo describió él mismo, no acabaría de arrancar. De entrada, las leyes de varios países europeos impiden a actores extranjeros llevar a cabo actividades políticas como efectuar sondeos o recaudar dinero, lo cual imposibilita los planes iniciales del estadounidense. “Bannon ha sido un poco demasiado optimista respecto a lo que podíamos conseguir”, reconoció a 'Politico' Mischaël Modrikamen, abogado belga de extrema derecha y cofundador, junto con Bannon, "del Movimiento”. Partidos de la derecha populista como el Frente Nacional, en Francia, o La Lega, en Italia, han expresado varias veces distancia con los planes del estadounidense.

El antiguo jefe de campaña de Trump, sin embargo, no se daría por vencido, y sigue conectando su proyecto con las últimas manifestaciones de indignación. “París está ardiendo”, dijo Bannon el pasado diciembre durante los disturbios de los chalecos amarillos en Francia. “Son exactamente el mismo tipo de gente que eligió a Donald Trump”, declaró, “y quienes votaron por el Brexit”. En otra entrevista, Bannon aseguró que los populistas del mundo están tratando de conectarse a través de él. “Están buscando una guía. Siguen viniendo a mí y diciendo, 'hey, dime que no estamos solos, dime que todo esto está interconectado”.

Bannon, con Donald Trump. (Reuters)
Bannon, con Donald Trump. (Reuters)

El villano de América

Atrás quedan los días de gloria en los que Steve Bannon fue el villano favorito de América. Doce meses justos, desde que fue nombrado CEO de la campaña de Donald Trump, en agosto de 2016, hasta que fue invitado a abandonar su puesto de asesor presidencial un año después. Se le llamó “Darth Vader”, “Maquiavelo”, el “autor intelectual” de la Administración Trump, el guardián de las esencias. Él se envolvía en estos epítetos y cultivaba la enemistad con los medios. Después, la caída.

Cuando la marcha racista de Charlottesville, en agosto de 2017, dejó un muerto y una veintena de heridos, todas las figuras públicas de Estados Unidos culparon a la caterva de neonazis, miembros del Ku Klux Klan y otros grupos supremacistas que se habían presentado con actitud provocadora en esta ciudad de Virginia. Todas las figuras públicas menos una: el presidente de Estados Unidos. Donald Trump declaró ante los medios que la violencia y el odio habían venido “de muchos lados”. La tormenta de indignación que siguió acabó cobrándose el empleo de Steve Bannon, considerado el responsable de haber susurrado a Trump esa respuesta pública.

Bannon sigue dando entrevistas esporádicas a medios de primera fila, todas ellas envueltas en una madeja de rechazo y polémica

Bannon volvió al puesto de mando de Breitbart News, la web de noticias conspirativas y de claros tintes xenófobos que había dirigido desde 2012. Por poco tiempo. A principios de 2018, el libro 'Fuego y furia', de Michael Wolff, publicó un aluvión de críticas jactanciosas que Bannon había hecho al entorno y la familia de Donald Trump. El presidente atacó a Bannon, y los dueños de Breitbart News, incómodos, se deshicieron de él. El 'gran manipulador', como había titulado en su día la revista 'Time', se vio abocado a una suerte de destierro político.

Desde entonces, Bannon sigue dando entrevistas esporádicas a medios de primera fila, todas ellas envueltas en una madeja de rechazo y polémica. El pasado septiembre, Bannon fue invitado por el editor de 'The New Yorker', David Remnick, a participar en el festival de la revista: una serie de conversaciones públicas con las voces más interesantes de la actualidad. La invitación generó el furioso rechazo de varios de los periodistas del medio; Remnick, ante la presión de su equipo y de la parte chillona de la opinión pública, dio marcha atrás y 'desinvitó' al populista.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

¿Cuántos seguidores tiene?

La misma reacción tuvieron 91 empleados de Bloomberg, que firmaron una carta abierta para impedir que se le ofreciera un espacio a Bannon en el Bloomberg Invest Summit. Consideraban que esta sería una oportunidad para él de ampliar "su agenda de nacionalismo económico y étnico de extrema derecha". En esta ocasión, sin embargo, la protesta fue desoída. Otros actos vivieron idénticas tensiones.

Las cosas no le van mucho mejor a la derecha del espectro político. Desde que Bannon cayó en desgracia, la facción populista del Partido Republicano que ayudó a construir tampoco se muestra interesadísima en su compañía. El pasado octubre, pocos días antes de las elecciones legislativas, el antiguo estratega dio un mitin de apoyo a los candidatos republicanos de Buffalo. Estos no solo no se presentaron sino que al mitin acudieron unas 200 de personas. Muy lejos de las cifras de antaño.

En su substancia, este es un Gobierno bannonita. Más bannonita, de hecho, que cuando él formaba parte

Sin embargo, quizá sea necesario separar el personaje de su proyección; una cosa es Bannon y otra la forma de hacer política que representa, y que estos días goza de una salud robusta y de un firme valedor en la Casa Blanca. “Su arrugada silueta aún acecha la política americana”, escribió Janah Ganesh en 'Financial Times', en referencia a Bannon. “En su substancia, este es un Gobierno bannonita. Más bannonita, de hecho, que cuando él formaba parte”.

Más allá de sus éxitos en la campaña de 2016 y de que su ideología, el nacionalismo antiinmigración y proteccionista, esté bien asentada en el despacho oval, la marca personal de Steve Bannon ahora mismo no cotiza en lo más alto. El documental 'The Brink' ha seguido sus pasos este último año, sin condiciones ni acuerdos previos, muy al estilo de boxeo sin guantes que encarna Bannon; un operativo que, lejos del sol trumpiano, se agarra a cualquier oportunidad para revalorizarse. “Es una figura polarizante y turbulenta”, dice la profesora Ruth Ben-Ghiat, “y no es sorprendente que le pidiesen abandonar la Casa Blanca y también el portal Breitbart News”.

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