LA RESACA DEL 26-M

La pérdida de poder del PP se agrava con las diputaciones: solo conserva tres con mayoría

El partido que lidera Casado solo retendrá el poder con ayuda de Ciudadanos en algunas comunidades y capitales, y en otras depende de si el partido de Rivera no decide mandarlo a la oposición

Foto: Pablo Casado y a la derecha el todavía presidente de la Diputación de Ourense, Manuel Baltar. (EFE)
Pablo Casado y a la derecha el todavía presidente de la Diputación de Ourense, Manuel Baltar. (EFE)

"Un partido sin cargos es como un sindicato sin liberados: no existe". Un popular que conoce bien las tripas de Génova resume así el problema que afronta el Partido Popular tras el espejismo del 26-M. Esa noche hubo fiesta improvisada en la sede central del partido, pero una semana después las cuentas son duras: el PP solo retendrá el poder con ayuda de Ciudadanos en algunas comunidades y capitales, y en otras depende de si el partido de Rivera no decide mandarlo a la oposición para intentar fichar a sus cargos más brillantes. El ejemplo más claro del declive del PP son las diputaciones provinciales: el PP gobernaba 16 y ahora solo tiene mayoría en tres. Una pérdida de poder que afecta a la estructura territorial del partido y que se une a la caída de puestos oficiales y subvenciones.

Hace exactamente un año, el PP perdía el Gobierno en una exitosa moción de censura sin precedentes. Desde entonces, el partido que hoy lidera Pablo Casado ha evitado el sorpaso de Ciudadanos, la mayor amenaza, pero sigue sobre el alambre: en la sede de Génova planea un ERE auténtico sobre los trabajadores y otro simbólico entre sus cargos desplazados por los malos resultados electorales que lo obligan a coaliciones.

Los populares dependen ahora de Ciudadanos para conservar Castilla y León y Madrid, fundamentales para su política de recursos humanos. La Comunidad de Madrid ha sido tradicionalmente la agencia de colocación de los populares. Desde Santiago Abascal a cargos que salieron del Ejecutivo central o de la Comunidad Valenciana, muchos encontraron un hueco en el Gobierno regional, con unos 20.000 millones de presupuesto. Entre otras cosas, por eso Madrid es una línea roja para Casado. El PP madrileño está en la misma sede de Génova y se jugaba su futuro en el resultado de la comunidad el 26-M con una candidata de su máxima confianza, Isabel Díaz Ayuso. Lo mismo ocurre en Castilla y León, en manos del PP desde 1987 y que le da implantación territorial en nueve provincias donde Ciudadanos tiene muy poca estructura.

Pero hay una tercera pata de ese poder territorial que ha ayudado al PP a sostener la estructura del partido: las diputaciones. Los órganos provinciales apenas reciben atención en Madrid pero son importantes para manejar presupuesto, colocar cargos y, en ocasiones, ser un contrapeso al poder regional. A veces son los cuarteles de invierno de los partidos grandes, otras el lugar donde empieza la cantera. El PP gobierna actualmente 16 diputaciones provinciales, 12 de ellas con mayoría absoluta. La mitad de estos órganos provinciales estaban hasta el 26-M en manos de populares. Ningún otro partido tenía tanto poder. Estas instituciones gestionan un presupuesto anual conjunto de 1.900 millones de euros.

Los populares han perdido diputaciones simbólicas: Ourense (Baltar) y Castellón (la de Carlos Fabra)


Pero el resultado del 26-M los ha dejado con solo tres diputaciones con mayoría: Zamora, Palencia y Almería. El PP pierde, seguro, Castellón, Cuenca, Guadalajara y León, y necesitaría pactos para conservar Alicante, Ávila, Burgos, Málaga, Ourense, Segovia, Valladolid y Zamora. Interior aún no ha dado en su web una proyección de cómo quedan las diputaciones. El reparto depende de cómo queden los concejales en los partidos judiciales de cada provincia y los problemas en el recuento han retrasado la proyección oficial.

La red territorial del PP es clave para explicar la diferencia de la brecha con Ciudadanos en las generales y en las municipales. En las generales, Ciudadanos se quedó a menos de un punto del PP, y en las municipales esa diferencia se amplió enormemente: 22 puntos para los populares y solo ocho para Ciudadanos. Es cierto que Ciudadanos no presentaba lista en muchos municipios, pero en las europeas, con circunscripción única, también se amplió la breca: 20 puntos para el PP y 12 para Ciudadanos.

Pablo Casado, entre Díaz Ayuso y Almeida, la noche electoral. (EFE)
Pablo Casado, entre Díaz Ayuso y Almeida, la noche electoral. (EFE)

El PP teme que Ciudadanos cambie de caballo en algunas instituciones y apoye a los socialistas. No sería en Madrid —ni en la comunidad ni en el ayuntamiento—, pero sí hay comunidades como Aragón y Castilla y León en las que podría. Además de la pérdida de poder inmediata, para los populares hay otra amenaza: que Ciudadanos haga ofertas a algunos de sus políticos, como hizo en Madrid con el expresidente Ángel Garrido. El Pasok era el partido hegemónico en Grecia y su declive se consumó cuando sus cargos medios empezaron a pasarse a Syriza.

En 2015, Ciudadanos ya pactó con el PSOE la dirección de las diputaciones de Soria, Granada y Toledo sin que saltara a la prensa nacional. Ahora se han repartido cartas de nuevo y es decisivo en muchos más enclaves. Entre las diputaciones que ha perdido el PP hay algunas muy significativas: está la de Ourense, donde los Baltar, padre e hijo, han gobernado desde los años ochenta, y la de Castellón, que presidió Carlos Fabra durante lustros.

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