fuera de la diputación de ourense

Los Baltar se tambalean: ocaso de un emblema del poder tradicional del PP

Los populares se aferran a una revisión de votos para evitar la pérdida del poder absoluto en la Diputación de Ourense, gobernada por la misma familia desde 1987

Foto: El expresidente de la Diputación de Ourense José Luis Baltar. (EFE)
El expresidente de la Diputación de Ourense José Luis Baltar. (EFE)

Malos tiempos para los birretes, pero también para las boinas. Las dos familias que durante tantos años se disputaron la hegemonía de los populares de Galicia padecieron el domingo un severo castigo, por más que 8.800 votos permitan argumentar al PP que el PSdeG no le ha superado en el conjunto de la comunidad autónoma. La pérdida de las ciudades, emblemas del sector urbanita, habla por sí misma. Lejos de recuperarlas, el partido de Feijóo está muy cerca de decir adiós a la única que poseía, la de Ourense. En esa provincia también se tambalea el último símbolo de la facción rural del PP, la Diputación, gobernada durante 25 años por José Luis Baltar y los últimos ocho por su hijo José Manuel. Los Baltar solo confían ya en una revisión de votos para salvar su sempiterna mayoría absoluta.

Ourense capitalizó el día después gallego del 26-M con los problemas de gobernabilidad de su capital y el acontecimiento histórico de la eventual caída de los Baltar, dos hechos que están relacionados. En la lucha entre el alcalde del PP, Jesús Vázquez, un hombre de Feijóo, y José Manuel Baltar Blanco, heredero de su padre, perdió el Partido Popular: la caída de la capital ha resultado fundamental para que el organismo provincial pueda gobernarse con otro apellido por primera vez desde 1987. Es la única diputación que le queda al PP. Su presidente en funciones, líder también del PP provincial pese a los intentos de Feijóo de quitárselo de en medio, no dudó en señalar a Vázquez como culpable del varapalo, obviando que además de los 2.000 votos perdidos en la capital respecto a 2015, en el resto de la provincia se evaporaron otros 9.400. Baltar no garantizó la continuidad de Vázquez: “Hay que analizarlo, las urnas dijeron lo que dijeron”

A falta de revisar las actas de unos cientos de votos, a instancias del PP, la mayoría absoluta de la que siempre disfrutó ese partido se ha esfumado. Se queda con 12 diputados en una corporación de 25 —frente a nueve del PSOE, dos de Democracia Ourensana, uno del BNG y otro de Ciudadanos—, lo que multiplica las posibilidades en un tablero que también afecta a la alcaldía. Cs le puede dar la mayoría a Baltar, pero, ¿estará un partido que hace bandera de la regeneración por perpetuar la dinastía familiar? No una dinastía cualquiera, sino la dinastía del cacique bueno, en autodefinición del precursor de la saga.

La jugada es a dos bandas, porque la mayoría alternativa a Baltar en la Diputación pasa por Democracia Ourensana, una formación política impredecible, tan capaz de no pactar con nadie como de hacerlo con cualquiera; de hecho, en 2015 facilitó la investidura de Jesús Vázquez para confinarlo durante cuatro años en la más absoluta soledad. No está nada claro lo que vaya a hacer ahora el partido que lidera el pintoresco Gonzalo Pérez Jácome, crucial también para elegir al regidor de la capital, y que ya ha declarado su voluntad de pactar “con el diablo” y hasta de reivindicar la alcaldía para sí mismo.

La mayoría alternativa a Baltar en la diputación pasa por Democracia Ourensana, una formación política impredecible que lidera Pérez Jácome

Incluso en el caso de que amarre la Diputación mediante un pacto, nada volverá a ser lo mismo en una institución que los Baltar han gobernado durante más de tres décadas a su antojo, hasta convertirla en una factoría de votantes. La institución provincial da trabajo a un millar de personas, de los que al menos 400 son cargos del Partido Popular o familiares. Sus contrataciones se disparan en períodos electorales, primarias incluidas. Fue precisamente en vísperas de un congreso provincial en el que Feijóo trató de enseñarle la puerta cuando José Luis Baltar contrató irregularmente a 115 personas para, de acuerdo con la sentencia judicial, asegurar la victoria de su hijo y garantizar la sucesión. El presidente saliente “se limitó a contratar a aquellas personas que le vinieron en gana”, en su mayor parte “afines de uno y otro modo al PP”, reveló el fallo, que le condenó a nueve años de inhabilitación por prevaricación.

La peculiaridad de los eventuales pactos en Ourense, tanto en el ayuntamiento como en la diputación, no reside únicamente en Jácome. Baltar necesitará a Ciudadanos, y si el partido de Albert Rivera ha entrado con dos concejales en el ayuntamiento ha sido con la candidatura de quien fuera mano derecha del alcalde durante el último mandato, que a pocas semanas de las elecciones cambió de partido y se erigió en candidato de Cs a la alcaldía. En todo caso, el escenario más extravagante sería el del acuerdo con Democracia Ourensana, una formación política que ha sido azote de Baltar durante los últimos cuatro años, en los que ha acudido en diversas ocasiones al juzgado para denunciar supuestos casos de corrupción. En campaña, DO reiteró que no facilitaría la investidura de Baltar Blanco. Nadie puede descartar que condicione su apoyo a que el PP promueva un candidato alternativo.

Manuel Baltar. (EFE)
Manuel Baltar. (EFE)

Además de trasladar la responsabilidad a Jesús Vázquez, Baltar hijo ha cambiado el tono de su discurso en sus primeras intervenciones tras la jornada electoral. Ahora que necesita el apoyo de otros —siempre que sus reclamaciones no prosperen— exhibe un talante dialogante, dispuesto como está a pactar con fuerzas con programas que tengan “algo en común” con el suyo. Son las consecuencias de un resultado que el presidente provincial del PP no esperaba ningún caso, según confesó.

La pérdida del poder absoluto de la saga Baltar es un símbolo de un cambio de era, que reduce a recuerdos del pasado el fortalecimiento de las victorias del PP con porcentajes de voto en la provincia próximos al 60%. No era un apoyo sin precio: tanto Fraga en su día como Feijóo en la actualidad han tenido que ceder al requisito de no injerencia en los asuntos de la provincia. El episodio más notorio fue el encierro en 2004 de seis diputados autonómicos en un piso de Santiago, que durante horas pusieron en jaque la mayoría absoluta de Manuel Fraga en el Parlamento gallego. Reclamaban más poder para la provincia.

El expresidente de la Diputación y del PP de Ourense José Luis Baltar, en el banquillo. (EFE)
El expresidente de la Diputación y del PP de Ourense José Luis Baltar, en el banquillo. (EFE)

Si los birretes populares siempre miraron por encima del hombro a sus compañeros de la boina no fue solo por una cuestión de elitismo, sino sobre todo por la procedencia del sector de Baltar de un partido ajeno. Todos ellos llegaron de Centristas de Galicia, integrado en el PP en 1991 más como alianza que como disolución. Los resultados electorales, trabajados con máquinas de asfaltar, polideportivos o contrataciones de personal, les garantizaron la independencia de Santiago que reclamaban. Tras el intento fallido de Feijóo de tumbarlos en un congreso provincial, son las urnas de este 26-M las que pueden retirar la última boina del partido.

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