Relatan la tensión antes del 1-O

Del miedo de la secretaria al acoso en los hoteles: el juicio pone voz a la violencia

Ansiedad, estrés, coacción... Testigos relatan situaciones que, desde su percepción, fueron evidentemente violentas

Foto: Manifestantes, ante la sede de la Conselleria de Economía el 20-S. (EFE)
Manifestantes, ante la sede de la Conselleria de Economía el 20-S. (EFE)

La cuarta semana del juicio del 'procés' ha sido la de la violencia. Abrió la baraja el antiguo dos de Interior José Antonio Nieto y tomaron el relevo el coronel Diego Pérez de los Cobos y Enric Millo. Lejos de calmarse, la tempestad arreció este miércoles con la declaración de la letrada de la administración de Justicia del Juzgado 13 de Barcelona y la de algunos propietarios de hoteles que alojaron a los policías desplazados para el 1-O. Miedo, ansiedad, estrés, acoso, coacción... Todas esas palabras resonaron en el solemne salón de actos donde se celebra la vista.

En esta ocasión, no las pronunciaban cargos policiales o del Gobierno central sino personas implicadas directamente en situaciones que, desde su percepción, fueron evidentemente violentas. La secretaria judicial Montserrat del Toro, cuestionada por las defensas y los acusados —el abogado Jordi Pina llegó a calificarla de "testigo controvertida"— describió las 16 horas transcurridas desde que entró en la Conselleria de Economía para levantar acta de un registro hasta que salió del edificio saltando desde la azotea al contiguo Teatro Coliseum. También lo hizo, de forma mucho más escueta, el propietario del Hotel Trevé de Figueres.

Del miedo de la secretaria al acoso en los hoteles: el juicio pone voz a la violencia

Un detalle fue común a ambos testigos, y no es menor. Los dos pidieron que su imagen no fuera difundida a través de la señal pùblica del juicio, que ofrece TVE de forma gratuita y que se distribuye en 'streaming'. Es decir, dentro de la sala, todos pudieron ver sus caras, pero fuera de esas cuatro paredes, su identidad quedó reservada. Los dos lo habían pedido expresamente para evitar represalias. Alguna defensa protestó sin éxito.

Común también, la sensación de temor. Del Toro dijo que sufrió "estrés, ansiedad y al final miedo". El dueño del hotel tuvo que dar de baja el teléfono por las continuas llamadas con insultos y amenazas.

La secretaria lo contó así. Desde el interior del edificio y a través de la cristalera, observó ya desde las ocho de la mañana escenas que le chocaron. Un joven agitando una señera ante la cara de uno de los guardia civiles apostados en la puerta. Un escupitajo. Gente que comenzaba a arremolinarse. La declaración se alargó durante tres horas que se resumen en que, pese a los intentos de la Guardia Civil, los Mossos no veían riesgo alguno y no aceptaron montar un cordón a primera hora.

Del miedo de la secretaria al acoso en los hoteles: el juicio pone voz a la violencia

Cuando la situación ya estaba descontroladada, la policia autonómica dio tres opciones. La primera, un tanto surrealista, consistía en que la letrada saliera acompañada por dos agentes y su acta bajo el brazo, sorteara a la muchedumbre y se marchara en metro a su juzgado. La segunda fue el famoso cordón de voluntarios que, según las imágenes que se difundieron en la sala hace unos días, era un estrecho pasillo más atemorizante que tranquilizador. La tercera oferta fue una contención por parte de unidades de Brimo que la afectada no vio segura. Ya de noche, Del Toro llamó al juez Ramírez Sunyer para lanzar un SOS desperado: "Sácame de aquí". Solo la intervención del magistrado logró que los 'mossos' se pusieran en marcha e idearan el escape por la azotea.

La secretaria judicial dio otro detalle revelador. Una vez sorteada la azotea, un muro y ya en el tejado del edificio contiguo, el Teatro Coliseum, se refugiaron en un camerino. El responsable del centro, que había accedido a facilitar este escape, se rajó. De pronto no veía clara esa cooperación para la salida. Media hora y mucha diplomacia después, acabó accediendo. El episodio le "quebró la salud" y tuvo que darse de baja tres o cuatro días después.

El testimonio no era del gusto de los procesados y fue evidente. Por los gestos de Jordi Cuixart y Jordi Sànchez, directamente implicados en el episodio, que negaban con la cabeza en señal de disconformidad o directamente se reían. Y por la pregunta del abogado de Oriol Junqueras, que quiso vincular a la testigo con una corriente ideológica contraria al independentismo. Cuestionaba, en concreto, el abogado si la letrada es "seguidora de unas páginas que se llaman Unidad Nacional Española o Leridanos contra la Independencia en las redes sociales". El presidente del tribunal intervino para aclarar que no se pueden efectuar interrogatorios sobre cuestiones ideológicas. "Esta sala ha respetado las convicciones de los que están, de los que están por venir y de los que ya han venido", remachó.

El hotel de Figueres alojó a las fuerzas de seguridad desplegadas y pagó las consecuencia. Las manifestaciones que se celebraban en la puerta no eran amenazantes, explicó el responsable, pero el teléfono ardía. Llamadas —dijo— para hacer presión, "para que se fueran". Insultos, algunas amenazas. Les decían que tenían que echarles o que "harían presión y boicot".

La malversación

El juicio también abordó el miércoles la malversación. Durante la tarde, desfilaron varios testigos que cerraron contratos con la Generalitat para cuestiones como el voto exterior o la publicidad. Todos aseguraron que no cobraron nunca los encargos que se les efectuaron después de detectar que podían no ajustarse a las órdenes del TC, que había declarado el referéndum ilegal. Uno de ellos precisó que renunció a más de 80.000 euros de una campaña que realizó para la Generalitat en marzo de 2017, relativa al registro de catalanes en el exterior. La sorpresa de la Fiscalía fue mayúscula. "¿80.000 euros, tirados?", le espetó el fiscal Jaime Moreno, que añadió: "Si yo los pierdo, me da algo". El testigo se encogió de hombros.

Otra de las citadas acusó una pronunciada desmemoria y no logró acordarse, a preguntas de la fiscal Consuelo Madrigal, de detalles de la página web sobre el referéndum que ella misma habia diseñado. Encadenó cuatro o cinco "no recuerdo" consecutivos. Tan evidente fue la cosa que el juez Marchena intervino para recordarle que la obligación de decir verdad tambien alcanza las nebulosas mentales. ¿Casualidad?. Los dos continúan manteniendo contratos con la Generalitat de Cataluña.

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