los mossos facilitaron el 1-O

Millo y Pérez de los Cobos acusan a Trapero de traición y ponen cara a la violencia

Sus relatos trajeron la violencia al juicio, física y palpable. Y dibujaron, sobre todo a manos del coronel, una traición del mayor Trapero que se extendió a todo el cuerpo de los Mossos

Foto: Captura de la señal del Tribunal Supremo del exdelegado del Gobierno Enric Millo. (EFE)
Captura de la señal del Tribunal Supremo del exdelegado del Gobierno Enric Millo. (EFE)

En el juicio del 'procés' todo el mundo quiere saber quién va a ganar. Aunque deducirlo es imposible, jornada tras jornada se apuesta por una u otra parte, acusación o defensas. Si algo está claro es que, en esas quinielas, en la décima jornada, la rebelión quedó por delante. La sala acogió los testimonios de Enric Millo y Diego Pérez de los Cobos. Relatos demoledores que trajeron la violencia al juicio, la violencia física y palpable. Y que dibujaron, sobre todo a manos del coronel, una traición del mayor Josep Lluís Trapero que se extendió a todo el cuerpo de los Mossos d'Esquadra. "Hubo dos cosas el 1-O: la inacción de los Mossos y la virulencia de las murallas humanas", lo definió el coordinador de los tres cuerpos. Mossos y violencia, los dos puntales de la rebelión.

No es que los agentes de la policía autonómica no actuaran para detener el referéndum, es que alentaron o facilitaron que se llevara a cabo. Actuaron como espías de sus compañeros de Policía y Guardia Civil, alertaron a los que ocupaban los centros escolares tanto de la hora a la que pensaban llegar para intervenir urnas como de lo conveniente de la presencia de niños y ancianos para evitar el uso de la fuerza. Cerraron colegios, sí, pero cuando ya se había acabado de votar, e incluso permitieron en determinados puntos una pausa para comer y la reanudación del voto tras el almuerzo.

Millo y Pérez de los Cobos acusan a Trapero de traición y ponen cara a la violencia

Pérez de los Cobos, voz rota y aspecto marcial, tiró a dar desde el inicio contra el máximo responsable entonces del cuerpo, Josep Lluís Trapero, al que acorraló y señaló como máximo responsable de la traición. Millo aportó un visión muy personal, incluso con menciones a sus hijas, que por íntima resultó más realista. Los dos hablaron de "casos de violencia muy graves": Si el exdelegado del Gobierno se refirió a la 'trampa del Fairy', echar jabón en el suelo para provocar caídas y rematar con patadas en la cabeza, el coronel aseguró que sorprendió "el grado de virulencia". "Las heridas y las lesiones que algunos de ellos [policías y guardias civiles] me mostraron no se hacían con las manos", describió Millo.

La violencia no fue específica del día de la votación. La "hostilidad" comenzó en los últimos días de septiembre y, poco a poco, "se fue extendiendo hasta las casas cuarteles y comisarías del Cuerpo Nacional de Policía". A partir del 30 de septiembre, "esa fuerte agresividad" se fue volviendo "más y más virulenta". La escalada en la calle explotó el 1-O. En los centros había —dijo el responsable del Instituto Armado— grupos perfectamente organizados, con jerarquía entre ellos, con gente encapuchada, personas dedicadas a alertar de la llegada de los agentes.

Millo y Pérez de los Cobos acusan a Trapero de traición y ponen cara a la violencia

El del PP se refirió a una actividad concertada y dijo que se apreciaba vinculación de los entonces Comités de Defensa del Referéndum con la ANC y Òmnium. Quiso matizar que era una apreciación personal, fruto de su experiencia en Cataluña, donde nació y ha vivido desde siempre. En los barrios, en las comunidades, hay personas "que comparten incluso la afiliación a un comité determinado de su zona y al mismo tiempo forman parte legítimamente de Òmnium o ANC", explicó.

La violencia visual que provocó heridas a los agentes (también a ciudadanos en los colegios) se combinó con una estrategia mucho más sutil. La ocupación de los colegios en los días previos a ese domingo fue un fenómeno sin precedentes. Millo habló de actividades tan 'chiripitifláuticas' como la observación de estrellas o las sesiones de cine a las cinco de la madrugada. O los partidos a la luz de la luna. También habló, y mucho, sobre su sentimiento de fracaso cuando escuchó a Puigdemont decir que "no había marcha atrás".

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Inasequible al desaliento, el coronel mantuvo firme su relato en la andanada de preguntas de las defensas. Xavier Melero, el defensor de Forn, parecía más bien el letrado de Trapero durante tramos completos de su contrainterrogatorio. Explicó que pese a las señales de alarma y la actitud retadora de Trapero, que comenzó desde el mismo momento de su nombramiento para coordinar los cuerpos, no perdieron la confianza. No fue hasta la madrugada del día 1 cuando confirmaron, con sus propios ojos, que la 'traición' se había perpetrado. Las defensas tendrán este miércoles una segunda oportunidad, ya que Pérez de los Cobos vuelve de nuevo para responder a las preguntas de los acusados.

Esa inquietante presencia de Trapero, ausente de este juicio pero más nombrado que muchos de los acusados, extrañó también a Pérez de los Cobos en la Junta de Seguridad que celebraron a 72 horas de la convocatoria. En ella, explicó, Puigdemont y los suyos se agarraron "como a un clavo ardiendo" a una de las frases del auto en el que la jueza pedía que se salvaguardara la convivencia, frase no incluida en su parte dispositiva. Tenso, surrealista, ridículo, aquel encuentro tuvo momentos como esta frase del 'expresident' comentada por Pérez de los Cobos, que resume un poco todo: "Dijo que un mandato judicial no podía pisotear los derechos de los ciudadanos"...

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