40 años de la constitución: el parlamento

Cuando el Congreso legislaba y los diputados dejaban la televisión a los actores

Desde las Cortes constituyentes de 1977 hasta las elecciones de 2015, el Congreso nunca conoció un periodo de sesiones completo de parálisis como el de los últimos tres años

Foto: Vista general del hemiciclo con la intervención del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
Vista general del hemiciclo con la intervención del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

Cuarenta años después de aprobarse la Constitución, en el Congreso no quedan protagonistas directos de aquellos hechos, pero sí de la estela que dejaron sus sucesores y una cierta nostalgia de la tarea interrumpida. Antes de los Rufián, los Tardà, los Cantó y los Iglesias, hasta las elecciones de 2015, en la Cámara se legislaba y se controlaba al Gobierno, con descansos, broncas y algún espectáculo; pero se trabajaba de continuo. No era una campaña electoral, ni un plató de televisión ni una convención de redes sociales. Personajes singulares, anécdotas, situaciones cómicas o dramáticas (intento de golpe del 23-F aparte) dieron ambiente a los plenos y comisiones en la docena de legislaturas que suma la democracia desde 1978.

Cuando el Congreso legislaba y los diputados dejaban la televisión a los actores

La memoria de los veteranos de la Cámara ya arranca en los años ochenta, cuando el socialista Gregorio Peces-Barba aterrizó en la presidencia de la Cámara y la UCD se acababa de deshacer en su último grupo parlamentario. De los parlamentarios de la legislatura constituyente el único que queda en activo en política es Luis de Grandes, eurodiputado desde 2004. En las filas del PSOE es Francisco Fernández Marugán, como gefensor del pueblo, el único diputado de la primera legislatura en puesto institucional.

Peces-Barba fue el primer verso suelto en la presidencia de la Cámara y en el Grupo Socialista. Estricto y severo, pretendió incorporar a la Cámara unos hábitos británicos que acabaron por costarle las opciones a seguir en el puesto. Con él empezó lo que hoy se denomina como 'el postureo', un afán de protagonismo que chocó con el afán de control de Alfonso Guerra. Primero presumió de independencia al proclamar que como máximo árbitro no iba a participar en las votaciones, algo irrelevante teniendo en cuenta que los socialistas reunían 202 diputados. Luego se afanó en mediar entre el jefe del Ejecutivo, Felipe González, y Manuel Fraga. Fue Peces-Barba el importador del título oficioso de 'jefe de la oposición' y del primer diseño de estatus parlamentario especial para el entonces presidente del segundo partido más votado: Alianza Popular.

Los más antiguos de la Cámara recuerdan el empeño de Peces-Barba en forzar las escenas de sofá entre González y Fraga en su despacho del Congreso pese a lo renuente que se mostraba el presidente del Gobierno. Pasadas las elecciones de 1986, fue relevado en el puesto por el PSOE para colocar a Félix Pons.

Pons y los batasunos sin sueldo

Pons, el más ecuánime y respetado presidente que ha tenido la Cámara, actuaba con una autoridad impensable hoy. En 1989, a la hora de tomar posesión de sus escaños, tres diputados de Herri Batasuna pretendieron innovar a la hora de jurar o prometer la Constitución. "Por imperativo legal, prometo", dijeron Itziar Aizpurúa, Ángel Alcalde y Jon Idígoras. Y Pons intervino: "Al no haber utilizado la fórmula reglamentaria, no han adquirido la condición plena de diputados. Les ruego abandonen el hemiciclo".

Idígoras era el jefe de los diputados proetarras en los años de plomo (102 asesinatos en la legislatura anterior) e intentó protestar en nombre de los suyos. "No ha lugar a ningún tipo de declaración en este tema" y "señor Idígoras, no tiene la palabra, le ruego abandone el hemiciclo", le cortó Pons. Además, como no rectificaron en los meses sucesivos ni tampoco aparecieron por la Cámara, les dejó sin sueldo.

Los batasunos recurrieron al Tribunal Constitucional, instancia que les dio la razón en una sentencia que ha servido después de soporte al actual espectáculo interpretativo de podemitas e independentistas para hacer que acatan la ley de leyes con todo tipo de proclamas añadidas. Además, el TC cegó la posibilidad de las suspensiones salariales para los electos. En la Asamblea francesa se aplica la 'doctrina Pons' sin más problemas. "Siempre tenía la palabra justa para evitar el follón", recuerdan los veteranos.

En aquella época no se consentían espectáculos televisivos en el pleno, pero ya había ataques personales e insultos. Destacaron por su dureza en la tarea de la oposición frente al felipismo Federico Trillo y Luis Ramallo. Demoledor el primero por su capacidad conspirativa y el manejo del argumento jurídico, y un auténtico 'diputado jabalí' el segundo cuando enfilaba a un alto cargo socialista, marcaron una época.

Ramallo se apuntó la dimisión de la directora de RTVE Pilar Miró, al destapar el uso de dinero público en vestuario, munición guerrista dentro de las peleas internas del PSOE, según se supo luego. Pero también se recuerdan en la Cámara algunas de sus andanadas más despiadadas, como la referida a Carmen Mestre, presidenta de la Cruz Roja. "Es o mema o fresca, sin paliativos. Mema, en el sentido de boba, de necia o de tonta".

En el otro lado del hemiciclo estaba el portavoz de los socialistas, Eduardo Martín Toval, delegado de Alfonso Guerra en el grupo del PSOE, contundente en la defensa del Gobierno frente a la Coalición Popular de Manuel Fraga hasta que cayó, como su jefe, y dejó paso a Carlos Solchaga.

Con el cambio de Gobierno en 1996 llegó a la presidencia del Congreso Federico Trillo. Y después de ser un duro opositor se convirtió en un modelo de neutralidad que llegó a molestar a sus compañeros de filas, que le consideraban demasiado condescendiente con los socialistas. Trillo incorporó las jornadas de puertas abiertas, un éxito de acercamiento de la institución a los ciudadanos que se prolonga hasta hoy.

En los escaños del Grupo Popular estaba el grupo de diputados del PP que más molestaba a los del PSOE, en especial a Josep Borrell, por sus continuas interrupciones. Gamberros pero ocurrentes, los parlamentarios del 'tendido del 8', Isidoro Hernández Sito, José Madero o Juan Morano, eran expertos en desconcentrar a los oradores socialistas. El vozarrón de Hernández Sito era inconfundible y los taquígrafos no tenían ningún problema para identificar el origen de las frases más hirientes o molestas.

La discoteca que montó Marín

En la Cámara se recuerdan también los propósitos innovadores de Manuel Marín en la presidencia. El dirigente socialista volvía de la Eurocámara y quiso incorporar hábitos muy europeos. Primero quiso empezar los plenos a las ocho de la mañana y no le dejaron. Pero además instauró la llamada 'discoteca', un sistema de luces y pitos para avisar a los oradores de que se les acababa el tiempo. El resultado fue que no servía de nada, desconcertados por el escándalo organizado pedían más minutos porque se les había ido el hilo. También fue abolido.

Capilla ardiente de Manuel Marín en el Congreso de los Diputados.
Capilla ardiente de Manuel Marín en el Congreso de los Diputados.

José Bono quiso seguir los pasos en protagonismo de Peces-Barba sin conseguir la comprensión de los propios, y menos de los ajenos. Cambió los tradicionales plenos de control que se celebraban a las cuatro de la tarde para pasarlos a las nueve de la mañana. Y acortó la semana parlamentaria a dos días porque cuando José Luis Rodríguez Zapatero se quedó sin apoyos al final de su mandato, todo estaba despachado entre el martes y el propio miércoles del control.

Luisa Fernanda Rudi y Jesús Posada aportaron en sus etapas de mayorías absolutas del PP, con Aznar y Rajoy en el poder, la tranquilidad y el sosiego de sendas legislaturas cómodas. De Rudi destacan en la Cámara que fue la más discreta y mejor administradora que ha tenido la Cámara, y de Posada, que su permisividad y campechanía nunca fueron correspondidas por la oposición. Joan Tardà ya apuntaba y abrió el camino a Rufián, a quien solo la diputada Beatriz Escudero ha sabido frenar cuando le llamó "imbécil" para defenderse de sus insultos.

Desde las Cortes constituyentes de 1977 hasta las elecciones de 2015, el Congreso nunca conoció un periodo de sesiones completo de parálisis como el de los últimos tres años. Estatutos de autonomía en bloque o separados, leyes orgánicas y ordinarias, y Presupuestos todos los ejercicios se sucedieron dentro de la lógica pugna Gobierno-oposición en cada materia, salvo en la lucha antiterrorista y la política de defensa. Hasta se reformó la Constitución en agosto de 2011 porque la crisis económica lo requería.

Felipe González disolvió las Cámaras en 1996 al comprobar que no tenía apoyos para sacar unas cuentas del Estado adelante. Igual que Zapatero al final de su segunda legislatura en el poder. Rajoy acometió después todas las reformas económicas y ajustes que había dejado pendientes su predecesor. Con la salvedad de los Presupuestos vigentes, después ha habido más teatro o circo que trabajo legislativo. La traca final fue una moción de censura sin continuidad para nada positivo por falta de apoyos del promotor.

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