UN COMITÉ FEDERAL DE TRÁMITE

Sánchez arranca la precampaña arrogándose "sentido común" y moderación ante PP y Cs

El presidente insiste en no bajar al barro para pulir su imagen presidencial y proyectar la marca del PSOE como partido de gobierno. Mientras, Borrell y Marlaska suben en las quinielas como candidatos

Foto: Pedro Sánchez, durante su intervención tras el comité federal del PSOE de este 10 de noviembre, en el polideportivo El Arroyo de Fuenlabrada. (Inma Mesa | PSOE)
Pedro Sánchez, durante su intervención tras el comité federal del PSOE de este 10 de noviembre, en el polideportivo El Arroyo de Fuenlabrada. (Inma Mesa | PSOE)

Poco a poco, Pedro Sánchez va construyendo su nuevo discurso. No solo para la tribuna de las Cámaras o cuando interviene desde La Moncloa. También para los suyos. Se aleja de las palabras de combate, de los ataques directos, para asumir en todos los escenarios el traje presidencial. El rol de la moderación, el de la política del "sentido común" frente a la "política pendenciera" de PP y Ciudadanos, la que a su juicio únicamente busca la bronca y el golpe bajo. Él no bajará al barro. Quiere cultivar una imagen de hombre de Estado, consagrado a su tarea de gobernante, volcado en mejorar la vida de los ciudadanos.

La mutación del Sánchez secretario general al Sánchez presidente se pudo tocar y ver este sábado en su primer gran acto de partido —su segundo mitin si se cuenta el de Oviedo de septiembre, más modesto en pretensiones— desde que se hiciera con las riendas del país, hace cinco meses. Lo hizo además en una plaza talismán para los socialistas, en Fuenlabrada, en el cinturón rojo de Madrid. El jefe del Ejecutivo dirigió primero una reunión fugaz del comité federal, en la que ni siquiera tomó la palabra y en la que se despachó en 40 minutos la proclamación de todos los candidatos autonómicos y las bases y el calendario de elaboración de las listas para los comicios de mayo de 2019. Después, ante un millar de dirigentes y militantes, y la práctica totalidad de su Gabinete, protagonizó un discurso de una media hora bastante anodino, sin grandes anuncios —el único, casi, fue la confirmación de que este mes el Consejo de Ministros enviará a las Cortes la reforma constitucional para limitar los aforamientos a políticos—, sin estridencias. Una faena de aliño deliberada.

El estilo buscado cuadraba con su voluntad de insistir en ese mensaje presidencial. Templanza y "moderación" frente a la "radicalización" que en otras ocasiones achaca a PP y Ciudadanos. "Sentido común", dijo este sábado. Conservadores y naranjas "han confundido la discrepancia con la crispación". "Es lógico que la oposición quiera desgastar al Gobierno, pero lo que no es lógico es que quieran socavar los pilares de la convivencia y la paz social. Nosotros no vamos a participar de esa política pendenciera. A nosotros se nos va a encontrar en la defensa serena de un proyecto que es bueno para la mayoría social de este país", manifestó en el pasaje central de su intervención. Un proyecto sólido, siguió, que refleja su pretensión de "gobernar en coalición con la sociedad". De nuevo, la imagen de un Sánchez que quiere encarnar las aspiraciones de esa "mayoría" de ciudadanos, sin etiquetas.

Sánchez emite la señal de que quiere situarse en el centro político, erigirse en representante de la "mayoría social", lejos del griterío de PP y Cs


En La Moncloa los españoles tienen como referencia a un Ejecutivo "abierto y no partidista", "feminista", "europeísta", "solidario". No desprecia, claro, etiqueta de "Gobierno progresista". Pero ese Gabinete "aplica antes el sentido común que la propia ideología". "Gobernamos desde el sentido común, gobernamos para todos, sean ciudadanos que han votado al PSOE, al PP, a Podemos o a Ciudadanos", subrayó. Sánchez quería dirigirse así a los votantes templados, de centro, a los que no les gusta el griterío o el discurso extremista que el presidente achaca a Pablo Casado y Albert Rivera, los "irresponsables que ni tan siquiera quieren permitir abrir el debate" de los Presupuestos de 2019. Sánchez explotaba el juego de la contraposición frente a las "derechas", que están "nerviosas" y "rabiosas", en palabras (obviamente más desahogadas) del líder de los socialistas madrileños, José Manuel Franco.

Relato de la moción y los logros

Esa idea de búsqueda del centro político y el relato tanto de una moción de censura que el PSOE tenía que presentar por obligación ética, por "higiene democrática", para acabar con la "resignación" y con un Ejecutivo popular "agotado" y presa de la "corrupción", como de las principales conquistas de su tiempo en el poder, se convirtieron en los ejes de su mitin. Sin sombras. Su golpe de efecto estrella de esta semana, el real decreto ley que a partir de ahora cargará el impuesto de actos jurídicos documentados (AJD) sobre las espaldas de las entidades financieras y no de los usuarios, fue mencionado de rondón: "La sociedad española fue solidaria con la banca, y la solidaridad es recíproca".

Hizo un discurso "muy de presidente, de estadista", "lo fácil es dar caña, pero no lo hizo", y eso "le da solidez", valora un miembro de su Ejecutivo

"Fue un discurso muy de presidente. Es así. Los otros, que hagan todo el ruido que quieran. Pero el Gobierno tiene que dedicarse a gobernar para todos. Pedro hizo un discurso de estadista —valoraba después un miembro de su Ejecutivo—. Lo fácil es una intervención de dar caña. Pero no quiso. Ni siquiera arremetió contra el Tribunal Supremo por su fallo de las hipotecas. Es un discurso que me gusta, que le da solidez". Varios de los dirigentes asistentes manifestaban esa misma percepción. El partido asiste manso a la navegación de su líder. Es el efecto balsámico de su poder, que cura las tensiones internas del pasado de cualquier formación. Y el PSOE lo necesita tras años de inestabilidad y cruentas luchas intestinas.

Sánchez arranca la precampaña arrogándose "sentido común" y moderación ante PP y Cs

La intervención de Sánchez no dio para mucho más. Lo importante este sábado era la misma puesta en escena —candidatos, barones y la mayor parte del Gobierno, salvo Josep Borrell, Isabel Celaá, Nadia Calviño, Luis Planas, Pedro Duque y Teresa Ribera— y la afirmación de la hoja de ruta por delante para la elaboración de las listas municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo. Ferraz diseñó un acto con un protagonismo compartido del líder y de los candidatos regionales, todos proclamados sin primarias con urnas salvo en el caso de Cantabria, todos secretarios de sus federaciones salvo Ángel Gabilondo (Madrid), el independiente al que venera el PSOE, y Concha Andreu (La Rioja). Uno a uno, los aspirantes tomaron la palabra, enarbolaron las banderas clásicas del PSOE: sostenimiento del Estado del bienestar; prioridad de la sanidad, la educación y la dependencia; lucha contra la desigualdad; conquista de nuevos derechos.

Hablaron todos ellos —solo faltaron Susana Díaz (Andalucía), Guillermo Fernández Vara (Extremadura), Javier Lambán (Aragón) y Luis Tudanca (Castilla y León)—, incluidos aquellos que no se someterán al examen de las urnas en este primer turno: Gonzalo Caballero (Galicia), Idoia Mendia (Euskadi) y Miquel Iceta (PSC). Estos dos últimos fueron de los más ovacionados por una militancia, la madrileña, que está lanzando señales de reanimación después de años agarrotada. Reina "buen ambiente", decían varios a la salida, satisfechos. El imagen hacia fuera es claro: el partido está ya engrasado y dispuesto para la batalla electoral. "Estamos preparados. Estamos preparadas", reza el lema de precampaña.

Madrid y europeas, el gran objetivo

El clima en el acto casaba con el optimismo dominante. La sensación de que, esta vez sí, el PSOE puede volver a ser primera fuerza en las municipales (cima que no alcanza desde 2003) y en las europeas (que ganó por última vez en 2004). Ese es el objetivo, de hecho, para 2019. Medalla de oro en ambas y consolidación del poder autonómico. Los socialistas presiden hoy siete comunidades (Andalucía, Comunitat Valenciana, Asturias, Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón y Baleares), cogobiernan en otras dos —Euskadi y Cantabria—, y aspiran a reconquistar, al menos, Madrid, que se escapó de sus manos en 1995.

Sánchez no descarta a Borrell para las europeas, y sus compañeros le ven un candidato "potente", "brillante", pero él no se ve para nada como opción

El viento a favor de La Moncloa y las últimas encuestas, coincidentes a la hora de situar al PSOE como primera fuerza del país, alimenta esas buenas sensaciones. Pero eso no quita para que haya una parte del trabajo sin hacer. Las dos jugadas maestras y personalísimas de Sánchez, la elección de sus candidatos para la alcaldía de Madrid y para la lista europea, están aún sin destapar. Aunque el partido bulle en especulaciones.

Pedro Sánchez, flanqueado por miembros de su ejecutiva y varios de sus ministros (entre ellos, Fernando Grande-Marlaska, Magdalena Valerio, María Jesús Montero, Carmen Calvo, Luisa Carcedo, Reyes Maroto y José Guirao), este 10 de noviembre en el polideportivo El Arroyo de Fuenlabrada, en Madrid. (Inma Mesa | PSOE)
Pedro Sánchez, flanqueado por miembros de su ejecutiva y varios de sus ministros (entre ellos, Fernando Grande-Marlaska, Magdalena Valerio, María Jesús Montero, Carmen Calvo, Luisa Carcedo, Reyes Maroto y José Guirao), este 10 de noviembre en el polideportivo El Arroyo de Fuenlabrada, en Madrid. (Inma Mesa | PSOE)

Las quinielas se reactivaron este sábado. Dos ministros volvían a estar en el escaparate. Uno, el titular de Exteriores, Josep Borrell, como número uno para Bruselas. Otro, el de Interior, Fernando Grande-Marlaska, como opción fuerte para el ayuntamiento de la capital. El presidente, como reconocieron fuentes del Ejecutivo, sí piensa en el primero para las europeas. El jefe de la diplomacia española es la alternativa natural. Ya lideró la candidatura en 2004, y presidió la Eurocámara desde ese año hasta 2007, y es una de las figuras más respetadas en la UE. En La Moncloa y en el PSOE hablan de él como un posible número uno "brillante", "potentísimo". "De las mejores cabezas del PSOE", valoran.

Sánchez arranca la precampaña arrogándose "sentido común" y moderación ante PP y Cs

Pero él, según su entorno más próximo, no acaba de ver esa salida. Ya le costó aceptar la cartera ministerial —había pasado a la retaguardia política—, y ahora no le entusiasma volver a Bruselas. Pero no solo optaría a un escaño seguro. Borrell probablemente pasaría a integrar la nueva Comisión Europea, ya que son los gobiernos de los Estados miembros los que señalan a sus candidatos para el Ejecutivo comunitario.

Sánchez arranca la precampaña arrogándose "sentido común" y moderación ante PP y Cs

¿Se puede ganar a Carmena?

Marlaska está ganando enteros como potencial aspirante para la capital. El pasado martes protagonizó un acto con la militancia madrileña junto a su compañera Dolores Delgado, responsable de Justicia. Sánchez ya lo sondeó antes de que pudiera imaginar su llegada a La Moncloa. Ahora su perfil ha crecido. En la cúpula del PSOE-M también aprueban su nominación. Creen que serviría para captar un electorado de centro, fundamental en la ciudad, complementando la búsqueda del votante más escorado a la izquierda que lideraría la actual alcaldesa, Manuela Carmena. Además, explican en la federación madrileña, el ministro cuenta con una trayectoria equiparable a la de la regidora: ambos son jueces respetados, sin carné de partido.

Marlaska también es visto como un "magnífico" cabeza de cartel, por su trayectoria y porque complementaría el perfil de Carmena

El freno para Marlaska podrían ser las propias expectativas: si no hay vuelco en los sondeos (y estos no han sido muy favorables para el PSOE), podría aspirar a ser la mano derecha de Carmena, con la esperanza de tomar el bastón de mando en el siguiente mandato, cuando ella se haya retirado. En el Ejecutivo, sin embargo, insisten en que no se da por hecho que la alcaldesa vaya a quedar por delante, y que desde luego Sánchez hará un fichaje potente para demostrar su apuesta por la capital.

El ministro del Interior sería para el jefe del PSOE-M "un magnífico candidato". Pero "otros compañeros y personas ajenas al partido podrían ser también grandes candidatos", avisó Franco. El dirigente pensaba en nombres como la titular de Industria, Reyes Maroto —que, a diferencia de su compañero de Gabinete, sí tiene carné del PSOE—, o en el delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Rodríguez Uribes. Los dos, sin embargo, tienen menos perfil público. Delgado, mientras, está ahora algo más desgastada tras descubrirse su comida en 2009 con el excomisario José Manuel Villarejo y convertirse en diana de la oposición.

Sánchez arranca la precampaña arrogándose "sentido común" y moderación ante PP y Cs

Sánchez aún tiene tiempo para madurar sus apuestas y otear también los movimientos de los demás partidos. No hay fecha para designar al cabeza de cartel en Madrid, aunque se espera para primeros de 2019, y la lista europea solo se conocerá formalmente, salvo que se avance antes, en la primera semana de abril. Si lanzara a miembros de su Gabinete, tendría que hacer una crisis de gobierno, que en su equipo ven más lógica para proyectar al candidato a las europeas, por el "arrastre" nacional que estos comicios tienen y el importante impulso que pudiera dar un buen resultado para las generales, que vendrían después.

Sánchez arranca la precampaña arrogándose "sentido común" y moderación ante PP y Cs

El presidente se siente cómodo en La Moncloa y quiere explotar su faceta de presidente, centrarse en la tarea de gobierno. Por ahora no quiere dedicarse a las urgencias del partido. Todo llegará, y el partido espera paciente que su jefe decida.

Debate sobre los detalles

En el comité electoral previo al acto público en el polideportivo El Arroyo de Fuenlabrada no hubo debate político. No intervino el secretario general, Pedro Sánchez, sino José Luis Ábalos, el secretario de Organización, para presentar el dictamen que se sometería a votación sobre las bases y calendario de elaboración de las candidaturas municipales, autonómicas y europeas, que ya venía acordado. 

Intervinieron tres sanchistas andaluces (Francisco Rodríguez, Eva Patricia Bueno y Teba Roldán) para protestar por las listas autonómicas del 2-D, en la que Susana Díaz no ha contado con sus críticos. Juan Cornejo, el secretario de Organización regional, defendió que esas candidaturas contaron con el visto bueno de los órganos. Y Ábalos, que había pactado con él la composición, hizo que se cerrara el debate y que se votara en bloque el dictamen. Y así se hizo. Solo hubo siete abstenciones

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