una semana después de la reunión con junqueras

Iglesias apuntala el bloque de la moción de censura y acerca Lledoners al Gobierno

La llamada de Jordi Sànchez a los suyos ha sido interpretada en Podemos como un importante paso hacia adelante que ha aumentado su optimismo

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias (c), acompañado por la portavoz de En Comú Podem, Lucía Martín (d), y el teniente de alcalde de Barcelona, Jaume Asens (i), a su salida de la prisión de Lledoners. (EFE)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias (c), acompañado por la portavoz de En Comú Podem, Lucía Martín (d), y el teniente de alcalde de Barcelona, Jaume Asens (i), a su salida de la prisión de Lledoners. (EFE)

Los puentes para el diálogo que comenzó a tender Pablo Iglesias con el bloque independentista hace más de un año han superado la prueba de carga esta semana. El líder de Podemos ha abierto las puertas de la cárcel de Lledoners, donde se encuentran varios de los 'consellers' presos, al Gobierno de Pedro Sánchez. Primero fue el 'president' Carles Puigdemont quien, tras una conversación de unos 45 minutos con el líder de Podemos, se mostró dispuesto a abrir un diálogo con el Ejecutivo sin condiciones. Este viernes era Jordi Sànchez, el presidente del grupo de JxCAT también encarcelado, quien mandaba una señal a los suyos, a través de las páginas de 'La Vanguardia', para abordar políticamente el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado sin pedir al Ejecutivo que influya sobre la Fiscalía para rebajar los delitos por los que serán juzgados.

"Los presos no somos, no queremos ser, moneda de cambio de ninguna negociación política" y "no entiendo la razón ni comparto el hecho de pedir un gesto al Gobierno español a favor de los presos para aprobar los presupuestos de Pedro Sánchez". Al mismo tiempo reconocía a Iglesias y al primer teniente alcalde de Barcelona, Jaume Asens, con quienes se reunió en Lledoners después de que estos hiciesen lo propio con Oriol Junqueras, su "discreción" para avanzar en el desbloqueo del conflicto catalán. El encuentro ha servido también para abrir vías de diálogo con Moncloa, que no con Ferraz. Gestos que ya están teniendo eco. El propio Pedro Sánchez ya deslizaba sobre la tribuna del Congreso este jueves que el delito de rebelión no es aplicable en la causa del 'procés'.

La llamada de Jordi Sánchez a los suyos para no convertir a los presos en "moneda de cambio" ha sido valorada como un ejercicio de 'realpolitk'

La llamada de Jordi Sánchez a los suyos ha sido interpretada en Podemos como un importante paso hacia adelante que ha aumentado su optimismo. No solo a corto plazo, para que los Presupuestos Generales del Estado puedan salir adelante con el apoyo imprescindible de las formaciones independentistas y nacionalistas vascos, sino a medio plazo. Esto es, para que se consolide el bloque de la moción de censura y las fuerzas progresistas puedan cogobernar tras las próximas elecciones generales con el apoyo de estas formaciones. De ahí la tarea de normalizar las relaciones. No será fácil, pues Ferraz sigue manteniendo el cordón sanitario frente a las formaciones independentistas. El mismo corsé que se le ponía a Podemos y que llevó a Pedro Sánchez a intentar su investidura fallida en 2016 con Albert Rivera.

La dirección de Podemos es consciente de la complejidad de esta operación diálogo y los múltiples factores que pueden hacerla descarrilar. Ya en el 1-O fracasaron tanto Iglesias como el lendakari Iñigo Urkullu. De ahí que se valore tanto entre los interlocutores de Podemos la llamada pública de Jordi Sànchez, quien no solo censura las presiones para que el Gobierno dé instrucciones a la Fiscalía, sino que también pide no ser "intercambiado por unos cuantos votos para los presupuestos generales del Estado". No lo dice un diputado independentista en el Congreso o en el Parlament, lo dice uno de los dirigentes presos. Gabriel Rufián no podrá volver a repetir aquello de las 155 monedas de plata ni siquiera los sectores más maximalistas podrán acusarlo de traidor.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, junto al lendakari Iñigo Urkullu durante el encuentro celebrado esta semana. (EFE)
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, junto al lendakari Iñigo Urkullu durante el encuentro celebrado esta semana. (EFE)

Se trata de un auténtico ejercicio de 'realpolitk', según reconocen estas mismas fuentes. La comunicación es ya permanente entre el mediador Pablo Iglesias, que "llega allí donde el Gobierno no puede" como llegó a deslizar Moncloa, y Lledoners y Waterloo. A pesar de la lucha por la hegemonía entre ambos espacios, y por erigirse como los interlocutores válidos con el Gobierno, en Podemos ha constado más sintonía de la que se escenifica de puertas hacia afuera. Con todo, si se reconocen que manejan ritmos diferentes. De hecho, mientras Joan Tardà afirmaba que "ya hablamos todos lo suficientemente claro como para que nos ahorremos las payasadas", en referencia a los Presupuestos Generales del Estado, Puigdemont e Iglesias acordaban "abrir espacios de diálogo político sin exclusión de ningún tema".

La dirección de Podemos es consciente de la complejidad de esta operación diálogo y los múltiples factores que pueden hacerla descarrilar

La comunicación, por tanto, está siendo permanente. Tras la gira de la pasada semana, que llevó a Iglesias a Lledoners y a Ajuria Enea, pasando por la llamada a Waterloo, el diálogo volverá a enmarcarse entre bambalinas, de forma "discreta". Se pretende así que interlocutores del Gobierno entren en juego de forma más directa. Solo así son posibles los avances, según reconocen desde el entorno del líder de la formación morada.

El carril de los Presupuestos es importante para Podemos, materializar así su pacto con el Gobierno y enarbolar banderas como la de la subida del salario mínimo a 900 euros, pero no lo es menos el carril más a medio plazo de la configuración de un bloque progresista tras los próximos comicios generales. Con las encuestas en la mano, se busca normalizar lo que el bloque conservador apodó como Gobierno Frankenstein. Sería la única vía para que Podemos cogobierne con el PSOE tras las próximas elecciones, cuando las mayorías absolutas ya forman parte del pasado. La eterna dependencia de los nacionalismos periféricos para llegar a la Moncloa sigue condicionando la política española, aunque el 'procés' la cortocircuitó y la moción de censura volvió a abrir esta posibilidad.

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