el presidente del pp, ante el reto de mantener la unidad de su partido

Rajoy, de la Casa de Campo a Génova, media entre el clan gallego y el encaje de Soraya

En Génova apuntan que Feijóo pedirá que el partido se ponga a sus órdenes, que no está claro que Santamaría quiera presentarse por Madrid y que Cospedal será al final decisiva

Foto: Segunda jornada de la moción de censura
Segunda jornada de la moción de censura

Amaneció en la Casa de Campo, después, visitó el despacho de la planta séptima de Génova 13 (por donde desfila todo el 'aparato'), almorzó con algunos exministros y sus amigos de toda la vida y por la tarde, se dirigió a su domicilio en Aravaca. Así ha sido la primera semana de Mariano Rajoy después de ser desalojado del Palacio de La Moncloa sin perder unas elecciones y, debido al cambio en los mismos apoyos parlamentarios que 8 días antes le iban a permitir seguir en el poder otro año y medio, las circunstancias de su traumática salida del poder.

En el equipo más próximo al expresidente del Gobierno, con miembros que se preparan para irse de la política igual que su jefe antes de que termine julio, aseguran que Rajoy ya ha encajado el golpe y actúa como si tuviera calculada la marcha de antes, eso sí para el final de la legislatura. "Una vez más, es el más tranquilo y frío; después de la emotiva reunión del comité ejecutivo, se adapta a su nueva vida y su principal preocupación es que el relevo sea ordenado y pacífico, que no se presenta fácil", reconocen los miembros de su antiguo gabinete.

El adiós de Rajoy

El presidente del PP mantiene sus rutinas básicas. Desde el mismo lunes en que iba a anunciar la convocatoria del congreso extraordinario que pondría fin a su mandato al frente del partido, reanudó sus caminatas para empezar el día. En vez de los jardines de La Moncloa, eligio los pinares de la Casa de Campo. Los vecinos de Aravaca, e incluso los automovilistas que intentan sortear los atascos de las 8 de la mañana en los accesos al centro de Madrid, vieron esta semana la figura de un señor alto con barba enfundado en un chándal un tanto chillón que parecía Rajoy, y lo era. Iba solo, pero seguido a cierta distancia por un escolta.

El exjefe del Ejecutivo desayuna con su mujer, Viri, y sus hijos en casa y después se va a la sede del partido a despachar los asuntos pendientes, básicamente la preparación de la gran asamblea que, previa consulta a la militancia sobre los aspirantes, elegirán a su sucesor.

Según fuentes del PP, Rajoy llama a la planta séptima, la reservada del presidente y la secretaria general, a todos los miembros de la dirección distribuidos por el resto del edificio. Con María Dolores de Cospedal lo hace constantemente, pero también han pasado por su despacho el coordinador general, Fernando Martínez-Maillo, los vicesecretarios como Javier Arenas, Pablo Casado o Javier Maroto y los veteranos de la casa que llevan incluso más tiempo que él en el 'aparato'.

Durante toda la semana el expresidente del Gobierno ha almorzado "con exministros y amigos", se limitan a decir en Génova dentro de las normas de discreción establecidas por su jefe. No obstante, según ha sabido El Confidencial, en el trasiego de visitas del viernes estuvieron entre otros su jefe de gabinete, José Luis Ayllón, y la exsecretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro. Con ellos preparó el discurso de despedida del comité ejecutivo y en medios del PP suponen que hace lo mismo para la reunión de la junta directiva nacional que convocará el congreso y dará salida para el proceso de presentación de candidatos este lunes.

La asamblea extraordinaria se celebrará en dos jornadas, alrededor de los fines de semana del 14-15 o del 21-22 de julio, en vez de en tres como es lo habitual. Esta vez no habrá ponencias ni debates programáticos porque el último congreso ordinario fue hace 15 meses y el extraordinario se convoca con el fin exclusivo de elegir presidente.

En el Partido Popular admiten que será difícil encajar las aspiraciones de los posibles aspirantes

En el equipo saliente reconocen que todas las conversaciones mantenidas, con Rajoy y sin Rajoy, se dirigen a intentar que sólo haya una candidatura, que el PP no está acostumbrado a las guerras civiles como las del PSOE. Pero también admiten que será difícil encajar las aspiraciones de los posibles aspirantes.

Apuntan en la sede Génova que Alberto Núñez Feijóo querrá garantía absoluta de unidad en torno a su persona desde que se abra el proceso, si se decide a dar el paso; que no está nada claro que Soraya Sáenz de Santamaría se conforme y acepte el reto (y el sacrificio) de pasar por las urnas en Madrid (Comunidad o Ayuntamiento) y que María Dolores de Cospedal igual tampoco se limita a frenar a la exvicepresidenta y luego optar a la presidencia de la Junta de Castilla-La Mancha. Rajoy tendrá que conciliar ahora entre el poderoso clan gallego formado a su sombra y las ambiciones de sus dos mujeres de confianza para que su sucesión sea ordenada.

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