conmoción interna y reproches contenidos

La muerte de Barberá desata en el PP la mala conciencia por el papel de 'los nuevos'

Rajoy desvela que mantenía su amistad con la exalcaldesa y que la llamó esta semana cuando estaba citada por el Tribunal Supremo para declarar sobre su donativo de 1.000 euros

Foto: Flores y velas en el patio de la exalcaldesa Rita Barberá. (EFE)
Flores y velas en el patio de la exalcaldesa Rita Barberá. (EFE)

La dirección del Partido Popular encaja el repentino fallecimiento de Rita Barberá con una mezcla de conmoción interna, reproches contenidos hacia la oposición y los medios especializados en el espectáculo político televisado; pero también con mala conciencia por el trato de los vicesecretarios más jóvenes hacia 'su' alcaldesa. Mariano Rajoy, visiblemente compungido, contó que había hablado con ella esta misma semana a raíz de su cita ante el Tribunal Supremo. María Dolores de Cospedal, su penúltima defensora desde 'el aparato', ejerció de secretaria general y amiga desolada.

La muerte de Barberá desata en el PP la mala conciencia por el papel de 'los nuevos'

"Sigo aquí para defender mi inocencia", repetía Barberá en el Senado desde septiembre ante sus antiguos compañeros del Grupo Popular, después de pasarse al Grupo Mixto. Desde Génova la invitaron a dejar el escaño y a darse de baja en la formación hasta que se aclarara su implicación en el caso Taula, una vez que el Tribunal Supremo la citó como investigada por un donativo de 1.000 euros a su partido.

Cercada y perseguida por las cámaras de televisión en la puerta de su casa y hasta en la peluquería, boicoteada por los grupos de izquierda y los nacionalistas en la Cámara Alta, Barberá cayó en una depresión, tanto por ese trato recibido de sus adversarios y el acoso de algunos medios como por 'el fuego amigo'. Así lo cuentan ahora los veteranos del PP en el Senado.

El episodio del tira y afloja entre la dirección del partido y Barberá para que dejara el escaño y/o el partido dejó cicatrices y alguna bronca interna en el PP entre la vieja guardia y los nuevos vicesecretarios. Cospedal defendió a la exalcaldesa hasta el último momento, fue Fernando Martínez-Maillo como vicesecretario de Organización quien tuvo que ejercer de mensajero oficial ante la senadora en última instancia.

En fuentes del 'aparato' dudan que nadie se atreviera entonces, y menos Rajoy, a plantear directamente que tenía que elegir entre su puesto en el Senado o el carné de la formación a la que sirvió durante 40 años. Ella misma se decantó por dejar la militancia para no perjudicar más al PP, pero por seguir en el Senado para defender su inocencia ante el Supremo, no ante cualquier juez.

Pero lo que más le molestó fue el hecho de que los vicesecretarios recién llegados (Javier Maroto, Pablo Casado y Andrea Levy) hicieran declaraciones a favor de su inmediata salida sin tener en cuenta lo mucho que había hecho por el partido y sin respetar, a su juicio, la presunción de su inocencia.

Cuando hasta algún dirigente del PP se prestaba a sumarse a la iniciativas parlamentarias de la izquierda o los nacionalistas para quitar a Barberá su escaño en contra de lo establecido por la Constitución, Cospedal y Maillo tuvieron que frenar los ímpetus de sus subordinados, deseosos de desmarcarse del pasado del partido.

La exalcaldesa procuraba salirse de su papel de 'apestada', pero solo lo conseguía en el Senado, entre los veteranos de su partido y siempre que no hubiera una cámara delante. Pablo Iglesias dijo el día de la apertura solemne de la legislatura que él no iba a hacer cola para saludar al Rey, entre otras cosas porque le daba "asco" estar al lado de Barberá. La senadora se presentó en el Congreso el pasado jueves sin ningún complejo y departió con sus conocidos, ya muy desmejorada de aspecto.

Para que no dijeran que seguía como senadora por el dinero, renunció al complemento que le correspondía como miembro del Grupo Mixto después de abandonar el de los populares. Recibió la llamada de Rajoy esta misma semana, aunque en fuentes del PP no precisan si lo hizo antes o después de que declarara ante el Tribunal Supremo por el episodio de los 1.000 euros entregados al partido que, según aseguró, nadie le había devuelto después.

Sus viejos conocidos del 'aparato' nacional y del Grupo Popular en el Senado se mostraban convencidos de que la alcaldesa no se había llevado un euro de fondos públicos, que la cuestión del donativo era intrascendente en términos penales y que al final el Supremo así lo certificaría. Otra cosa, sostienen ahora en fuentes del PP, es que el partido tuviera que apartarla para evitar más desgaste ante la opinión pública por un problema de corrupción que la izquierda aprovechaba para mantener la parálisis política e impedir la investidura de Rajoy. 

Con Barberá se va la alcaldesa de España que más tiempo estuvo al frente del ayuntamiento de una gran ciudad, pero también el símbolo del poder municipal del PP levantado desde 1991, y de la mano de José María Aznar, al que después se unieron Celia Villalobos en Málaga, Luisa Fernanda Rudi en Zaragoza o Teófila Martínez en Cádiz. El único superviviente de esa época que sigue en primera línea es el propio Rajoy, quien como miembro de la dirección ya participó en el primer paso de los populares hacia la hegemonía municipal en las capitales de provincia de casi toda España. "Estuve en la preparación de su candidatura", recordaba el presidente del Gobierno en el pasillo del Congreso para explicar su dolor.

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