perfil de la exalcadesa de valencia

Rita Barberá, el último animal político de la derecha española

Atrás ha quedado una trayectoria vital marcada por su asociación permanente a Valencia, la ciudad a la que dedicó el 90% de sus esfuerzos

Foto: Rita Barberá, senadora y exalcaldesa de Valencia.
Rita Barberá, senadora y exalcaldesa de Valencia.

Rita Barberá vivía para la política. Su vida no puede entenderse sin su trayectoria como política. Soltera, sin hijos, y con un cerrado círculo familiar, en los últimos meses había perdido peso, se la veía cabizbaja y deprimida en los encuentros fortuitos por las calles de Valencia pese a sus forzadas apariciones sonrientes antes las cámaras de televisión que se apostaban en su domicilio. Marginada en el Partido Popular, la formación en cuya fundación participó y llegó a tener una enorme influencia, y apartada de la alcaldía de la ciudad tras casi un cuarto de siglo, era un fantasma del personaje que ella mismo creó.

Atrás ha quedado una trayectoria vital marcada por su asociación permanente a Valencia, la ciudad a la que dedicó el 90% de sus esfuerzos. Tuvo la oportunidad de ocupar un ministerio, de encabezar listas al Congreso de los Diputados y hasta de tratar de asaltar la Generalitat cuando parecía inevitable la pérdida para la formación de la gaviota. Nunca quiso. Decidió que tenía suficiente con el bastón de mando de la tercera ciudad de España y su capacidad de influencia. 

Barberá ha muerto víctima de un ataque al corazón, en la soledad de una habitación de hotel en Madrid, la urbe a la que se escapaba a menudo para disfrutar del anonimato del que carecía en Valencia. La casa famiiar en Jávea, frente al Mediterráneo, era otro de sus refugios, principalmente compartido con sus hermanas. Dos días antes había ocurrido lo inevitable, su paseillo ante el Tribunal Supremo, su fotografía declarando como investigada en un caso de corrupción, el peor epílogo posible a una carrera de tres décadas en la vida pública. Esta fue siempre su peor pesadilla. No aguantó. Se encontró mal de madrugada y llamó a su familia. La reanimación no funcionó. En las últimas semanas había envejecido de golpe. Sus 68 años pesaban como 80.

Con Mariano Rajoy y Francisco Camps, en el congreso del PP de 2008, su cumbre en cuanto a influencia política en la derecha española. (Efe)
Con Mariano Rajoy y Francisco Camps, en el congreso del PP de 2008, su cumbre en cuanto a influencia política en la derecha española. (Efe)

Nacida 16 de julio de 1948 en la capital del Turia, fue una buena estudiante desde pequeña. Tuvo mención de honor en el colegio Domus en el que estudio primaria. Se licenció en Periodismo y en Ciencias Políticas y Empresariales. Hija de periodista y político vinculado al régimen franquista, su admirado José Barberá, se inició muy joven como parlamentaria en las Cortes Valencianas en 1983 tras pasar por el periodismo en el diario Levante. Fue fundadora de Alianza Popular en 1976 (tiene el carnet numero tres del partido en Valencia) y ha estado vinculada a los populares hasta que tuvo que darse de baja de militancia el pasado 27 de septiembre tras su imputación por el Tribunal Supremo. Pasó a ocupar un escaño del grupo mixto del Senado, una tierra de nadie para el último animal político de la derecha española (cuya figura es comparable a la de su maestro Manuel Fraga), pese a que su amigo Mariano Rajoy trató de sostenerla hasta el final.

Barberá pertenece a la generación de políticos de la Transición, autodidactas, sin agencias de marketing detrás. Su fórmula funcionó; coleccionaba mayorías

Barberá pertenece a esa generación de políticos fraguada durante la Transición Española. La que aprendió a ganarse el respaldo popular de forma autodidacta, sin grandes gurús ni agencias de comunicación y marketing político a sus espaldas, como ahora. Su fórmula funcionó. Coleccionaba mayorías absolutas, fabricaba cuadros para el partido, era garantia de éxito cuando respaldaba a alguno de sus compañeros en las campañas. Su aspecto y su carácter aparentemente cercano y abierto al saludo popular o populista, como se dice ahora, lo compaginaba también con una personalidad temperamental, implacable con sus adversarios políticos y de mano de hierro en la gestión de sus equipos. Nadie tosía a Rita.

Mención de honor a Rita Barberá en la Revista del Colegio Domus de Valencia, en 1958, cuando tenía diez años.
Mención de honor a Rita Barberá en la Revista del Colegio Domus de Valencia, en 1958, cuando tenía diez años.

Barberá puso a Valencia en el mapa, como tanto le gustaba decir, para lo bueno y para lo malo. Para lo bueno en los años en que la ciudad vibraba al ritmo de grandes eventos como la Copa del América o la Fórmula 1, con la flamante Ciudad de las Artes y las Ciencias de Calatrava como gran trasera del escenario. Su declive acelerado en lo personal comenzó, por tanto, el mismo día en que perdió la alcaldía de Valencia a la que accedió en 1991 tras un pacto con los regionalistas de Unión Valenciana. Ese 25 de mayo de 2015 se cerraba un capítulo, un ciclo completo, en la historia de la ciudad, de la Comunidad Valenciana y del Partido Popular. Pero el desgaste en lo político venía de lejos.

Pero tras ese mismo escaparte de éxito y modernidad había muchas alcantarillas. Los casos de corrupción y la percepción de que detrás de cada gran acontecimiento existía un saqueo a la caja pública comenzaron a marcar la agenda política. Barberá parecía escapar de los escándalos. No cayó en la red de Gürtel y tuvo que sacrificar un alfil, su brazo derecho Alfonso Grau, tras su imputación en el caso Noos y los contratos millonarios con Iñaki Urdangarín del ayuntamiento que ella gobernaba. La Operación Taula y un caso aparentemente menor de blanqueo de fondos y financiación irregular de su campaña con donaciones de 1.000 euros fueron su tumba política. La "alcaldesa de España" tocaba fondo cuando el Tribunal Supremo decidía citarla a declarar. Ahí empezó a fallarle el corazón.

 

 

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