el epílogo político de la "alcaldesa de españa"

Cuarenta años de amor o por qué Mariano Rajoy se ha dejado arrastrar por Barberá

El abandono del PP por parte de Barberá cierra una relación de casi cuatro décadas con el líder popular que está en el origen de la formación hegemónica del centro-derecha en España

Foto: Mariano Rajoy y Rita Barberá. (Foto: Moncloa)
Mariano Rajoy y Rita Barberá. (Foto: Moncloa)

En pocos días, a la ensalada de siglas que conforma el grupo mixto en el Senado se sumará una persona cuya biografía está muy ligada a la configuración de la que hoy es la formación hegémonica del centro-derecha en España. Rita Barberá será compañera de escaño de Compromís, Bildu o la antigua Convergència Democràtica de Catalunya, organizaciones situadas a años luz del armario ideológico conservador de la exalcaldesa de Valencia. 

Cuarenta años de amor o por qué Mariano Rajoy se ha dejado arrastrar por Barberá

La forma en que ella y el Partido Popular han resuelto su salida del partido, tras la decisión del Tribunal Supremo de abrir una causa en su contra por blanqueo de capitales, es el epílogo a una trayectoria de 40 años en política que ha ido en paralelo a la historia de la formación de la gaviota y del propio líder del Partido Popular. 

La senadora fue cofundadora de Alianza Popular en 1976, el partido que dio el primer cargo político a Rajoy cinco años después en Galicia

Cuando Mariano Rajoy fue elegido diputado autonómico en 1981 en las primeras elecciones gallegas, hacía ya cinco años que Barberá había promovido y fundado la pata valenciana de Alianza Popular. Aún conserva el carné con el número tres de AP en Valencia. La organización en la que militaban ella y el actual presidente de España en funciones fue impulsada hace justo ahora cuatro decenios (el 9 de octubre de 1976) por ex altos cargos del Gobierno franquista, entre ellos los bautizados entonces como “siete magníficos”, siete exministros de la dictadura entre los que figuraba Manuel Fraga, gran entusiasta de la figura política de Barberá.

Barberá y Rajoy, en las Fallas de 2011. (EFE)
Barberá y Rajoy, en las Fallas de 2011. (EFE)

Para entender las razones de por qué una joven periodista y licenciada en Ciencias Políticas y Económicas por la Universidad de Valencia se embarcaba en el germen de lo que luego fue el Partido Popular, hay que entender la trayectoria familiar. Su padre, José Barberá, al que admiraba, era un personaje destacado del Movimiento Nacional en Valencia, periodista y político, excorresponsal en Roma, que fue concejal del Ayuntamiento de Valencia y que dirigió el periódico 'Jornada', fundado en 1941 por la organización heredera de la Falange española durante la dictadura.

Un estatus privilegiado

La relación de cuatro décadas con Rajoy en los distintos órganos de AP, primero, y del Partido Popular, después, explica que Barberá haya mantenido su estatus hasta este miércoles, pese al aluvión de titulares, indicios judiciales y batería de reproches internos públicos y privados. Rajoy y Barberá no solamente comparten una trayectoria generacional, es que además han sostenido hasta ahora un vínculo de amistad que trasciende escalafones y jerarquías internas, para desesperación de los nuevos y jóvenes valores como Pablo Casado o Andrea Levy, que nunca han entendido tanto capote.

Barberá apoyó a Rajoy en su momento más crítico: cuando peleó por el control del PP frente Aguirre en el congreso nacional de 2008

Aparentemente, el guion del abandono de Barberá del PP y su decisión de atrincherarse en el Senado como aforada es muy similar al que puso en práctica el pasado mes de enero Pedro Gómez de la Serna (investigado por la Audiencia Nacional) cuando decidió marcharse al grupo mixto del Congreso. Pero hay un detalle muy significativo que marca la diferencia y que obedece a esa protección especial de la que ha gozado Barberá en los últimos meses: su comunicado de dos folios se distribuyó desde los propios servicios de comunicación de Génova y lleva el logo del PP. Todo un síntoma de que, pese a las discrepancias, al final la posición elegida por la ex “alcaldesa de España”, como la llegó a calificar Rajoy, ha tenido que ser asumida por su líder. Barberá se marchará al grupo mixto para desesperación de muchos cuadros populares.

Para comprender mejor por qué Rajoy se ha dejado arrastrar tantos meses por los interes políticos de Barberá hay remontarse también a un acontecimiento clave: el congreso nacional del PP de 2008 que permitió a su actual presidente tomar las riendas orgánicas frente a las intenciones de Esperanza Aguirre que apartarlo y hacerse con el poder. Sin puntales como el de la exalcaldesa de Valencia y su pupilo Francisco Camps, Rajoy sería hoy una sombra en su partido. Esas deudas quedaron marcadas a fuego en uno de los momentos más críticos de la historia del partido conservador.

Rita, eres la mejor

"Rita, eres la mejor", le dijo Rajoy en el último mitin que compartieron en las municipales de mayo de 2015. Avalada por sucesivas victorias electorales desde que en 1991 obtuvo la alcaldía de Valencia gracias a un pacto con la regionalista Unión Valenciana (pese a haber quedado por detrás de la candidata socialista Clementina Ródenas), Barberá ha tenido siempre una enorme influencia en el Partido Popular. Más especialmente en la Comunidad Valenciana. Desde su sillón de alcaldesa, y aprovechando ciertas dotes para el populismo, cultivó durante años una imagen de política cercana y transversal, querida por las masas.

Rajoy, en 2008, con Camps, Barberá y Ricardo Costa, tras las elecciones cuya financiación va a juzgar la AN.
Rajoy, en 2008, con Camps, Barberá y Ricardo Costa, tras las elecciones cuya financiación va a juzgar la AN.

La aparición del caso Gürtel y la caída de uno de sus tantos protegidos, Francisco Camps, marcó el inicio de su declive. Desde entonces, todo ha ido a peor en la Comunidad Valenciana para su partido, manchado por un reguero de casos de corrupción. A sus 68 años, se ha visto salpicada por un escándalo judicial que cuestiona desde los mecanismos de contratación del ayuntamiento que dirigía con mano de hierro hasta la financiación de sus campañas. Una estructura para blanquear presuntamente dinero de comisiones a través de donaciones al partido y un cheque de 1.000 euros la tienen a las puertas de la imputación por el Tribunal Supremo.

Quizás un síntoma más de que la política española está cerrando una etapa, la de la Transición y la consolidación de la democracia, en la que sus protagonistas enfilan la puerta de salida uno a uno con mayor o menor fortuna. Y Rajoy, compañero de viaje de Barberá desde el principio, es como aquel niño que se empeña en ser el último en abandonar la habitación y apagar la luz.

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