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Celsa recalifica 350 millones en deuda sana en plena guerra con los acreedores
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PROPUESTA DE CANJE DEL 49%

Celsa recalifica 350 millones en deuda sana en plena guerra con los acreedores

La compañía catalana comunica a los fondos oportunistas que reduce en una cuarta parte el préstamo convertible en acciones del grupo de la familia Rubiralta

Foto: Logo de Celsa Group. (Celsa Group)
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La contrarreloj entre Celsa y sus acreedores para alcanzar un acuerdo ante el impago continuado de la deuda antes del próximo 30 de junio tiene un nuevo capítulo. La empresa siderúrgica propiedad de la familia Rubiralta ha comunicado a los fondos tenedores de sus 2.400 millones de euros de préstamos una medida para reducir las posibilidades de sus enemigos de quedarse con una participación significativa de la empresa.

De los 2.900 millones que debe Celsa, 1.500 son en forma de créditos convertibles en capital, es decir, en acciones del grupo catalán. Otros 900 millones (850 más otros 50 de intereses) tienen el formato de préstamo 'jumbo' o gigante, sin posibilidad de que se transforme en títulos con derecho sobre la propiedad de la compañía. Estos primeros 2.400 millones están en manos de fondos oportunistas. Los últimos 500 millones se los tiene que pagar a la banca tradicional española por financiar su circulante.

Foto: Logo de Celsa Group. (Celsa Group)

Según ha confirmado el 'holding' catalán, Celsa ha decidido recalificar 350 de los 1.500 millones que actualmente forman parte del crédito convertible, al considerar que, gracias a los buenos resultados obtenidos el pasado año, la relación entre la deuda total y el beneficio bruto de explotación o ebitda ha bajado de cinco veces. Esta era una cláusula incluida en la última refinanciación firmada por el grupo dedicado a la transformación de la chatarra en 2017, cuando los acreedores le perdonaron 1.000 millones de deuda que se declaró no sostenible.

Como Celsa obtuvo el pasado año 600 millones de ebitda en un ejercicio récord por los aranceles de Rusia y China y su deuda total es de 2.900 millones, la proporción entre el beneficio operativo y el pasivo es inferior a cinco, lo que le permite activar esa medida. Ahora, el préstamo convertible pasa a ser de 1.150 millones, mientras que el 'jumbo' se incrementa hasta una cantidad similar, lo que reduce las posibilidades de los llamados fondos buitre de transformar la deuda en capital. Antes podían exigir canjear 1.500 millones en acciones y ahora la cifra disminuye a los citados 1.150 millones. En consecuencia, disminuye la deuda no sostenible y se eleva a deuda sénior o de más calidad crediticia.

Los acreedores de la compañía han planteado la conversión del crédito en hasta el 49% del capital de la compañía, pese al rechazo de los Rubiralta

La maniobra de Celsa es muy relevante, porque los acreedores, entre los que están bancos mundiales como Goldman Sachs, Bank of America, Citi, Morgan Stanley, Deutsche Bank y Credit Suisse, y fondos del tamaño de CVC y Apollo, han planteado como solución al impago de la compañía siderúrgica transformar el crédito convertible en hasta el 49% del capital, propuesta a la que los Rubiralta se niegan en redondo.

Las diferencias entre el actual propietario y sus acreedores son enormes a falta de menos de dos semanas para que el consejo gestor de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) conceda un rescate de 550 millones a Celsa. Una ayuda exprés que tiene como condición que la familia llegue antes a un acuerdo con los fondos para reducir el pasivo en 1.200 millones.

La compañía les exige que renuncien a esa cantidad, la mitad de lo que les debe actualmente, porque considera que la compraron en el mercado secundario a un valor incluso inferior, a unos 20 céntimos por cada euro, por lo que, aun cediendo esa cifra tan gruesa, ganarían dinero en la operación.

Pero los acreedores se niegan a aceptar lo que califican como una quita y reclaman parte de la empresa, que ya tiene 400 millones impagados desde que en mayo de 2020 el grupo dejó de atender sus obligaciones financieras. Los fondos sí suscriben las condiciones de la SEPI, que exige que se mantenga el control por parte del accionista actual (al menos el 50,01%), pero no la de los Rubiralta.

Sin tiempo

En las conversaciones que han tenido las partes, los fondos internacionales, que compraron la deuda porque la banca española (Santander, CaixaBank, BBVA y Bankia) la vendió a derribo al estimar que nunca la cobraría por las dificultades operativas de Celsa, han expresado que por contrato ya podían haber exigido la conversión del crédito convertible en acciones cuando la ecuación entre el pasivo y el ebitda llegó a ser de más de siete veces. Y que no lo hicieron para alcanzar un acuerdo de buena voluntad con los Rubiralta. Pero Francesc, el presidente y heredero del 'holding', se niega a ceder ni un título a los fondos “por su carácter oportunista, no industrial y especulador”. Anoche volvió a dar un portazo a la propuesta de este fin de semana, formulada a petición de la SEPI.

Dueños y acreedores han concertado una nueva reunión esta semana para tratar de acercar posturas, cuestión indispensable para que la SEPI apruebe el rescate y posteriormente sea firmado por el Consejo de Ministros. La fecha límite es el 30 de junio, pero la última reunión de Moncloa para visar el préstamo de 550 millones se celebrará el día 28. Antes, debe ser validado por el organismo dependiente del Ministerio de Economía, por lo que apenas disponen de un par de semanas reales para firmar un armisticio que evite el concurso de acreedores de una compañía con 7.000 empleados directos.

La contrarreloj entre Celsa y sus acreedores para alcanzar un acuerdo ante el impago continuado de la deuda antes del próximo 30 de junio tiene un nuevo capítulo. La empresa siderúrgica propiedad de la familia Rubiralta ha comunicado a los fondos tenedores de sus 2.400 millones de euros de préstamos una medida para reducir las posibilidades de sus enemigos de quedarse con una participación significativa de la empresa.

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