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La presidenta, el (ex)CEO y la intervención del hombre de negro de El Corte Inglés
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UNA SALIDA POLÉMICA

La presidenta, el (ex)CEO y la intervención del hombre de negro de El Corte Inglés

La salida de la mano derecha de Marta Álvarez se produjo tras varias reuniones de Cernuda, el guardián de todos los secretos de la familia y exjefe de seguridad del grupo

Foto: La presidenta de El Corte Inglés, Marta Álvarez. (EFE)
La presidenta de El Corte Inglés, Marta Álvarez. (EFE)
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A la misma hora que Pedro Sánchez vendía su nuevo plan de rescate patriótico a una pequeña representación del Ibex 35 en un auditorio de la calle Ortega y Gasset de Madrid, a poco más de un kilómetro de ese edificio, se registraba un terremoto de magnitud nueve en la sede de El Corte Inglés. El mundo de las ilusiones políticas en un lado. El mundo real de la empresa en el otro.

Catalina Polán, jefa de Seguridad de El Corte Inglés, Juan Andrés Pro Dios, director corporativo de Sistemas, y Juan Carlos Fernández-Cernuda, el histórico guardián de los secretos del grupo de grandes almacenes, entraban en el despacho de Víctor del Pozo, quien todavía a esas horas era consejero delegado, para desconectarle todos los aparatos electrónicos —móviles, ordenador, etc.—. Hasta esa mañana, Del Pozo había sido la mano derecha de la presidenta Marta Álvarez-Guil.

La mayor accionista individual de El Corte Inglés, con el 18,40% del capital, y administradora principal de la Fundación Areces, dueña del 40,04% del grupo de distribución, convocó un consejo extraordinario del que Del Pozo se enteró sobre la marcha cuando vio el desembarco del equipo de protección de datos en la planta noble de la calle Hermosilla. El sábado, el consejero delegado había estado en el centro comercial de Paseo de la Castellana, el más grande de la compañía, para revisar el comportamiento de las ventas y, apenas dos días antes, se había reunido con los responsables territoriales para explicar la estrategia comercial ante la incertidumbre económica provocada por la guerra en Ucrania.

Foto: Edificio de El Corte Inglés en Tarragona. (iStock)

Pero su suerte ya estaba echada desde una semana antes. Cernuda, al que El Corte Inglés jubiló en 2020 con un bonus de casi 30 millones de euros, había estado esos días por las instalaciones centrales de la casa. En primer lugar, se reunió con Cristina Álvarez-Guil, la hermana de Marta, miembro también del consejo de administración y vicepresidenta de la Fundación, pero con una responsabilidad más discreta. A continuación, el jueves previo al consejo extraordinario, mantuvo un encuentro con Catalina Polán y con José Ramón de Hoces, el secretario del consejo de administración y abogado de confianza de la familia Álvarez. A los tres se les vio en una cafetería en los aledaños de Hermosilla, lo que activó las alarmas en la zona gourmet. Tanto Cristina como De Hoces forman parte de la Comisión de Nombramientos y Retribuciones, presidida por Marta, de la que también forma parte el representante del inversor catarí.

El lunes, el consejo de administración, por unanimidad, decidió crear una nueva estructura directiva, con dos directores generales fichados de fuera, y sin consejero delegado. Cuando el 19 de julio, Marta Álvarez accedió a la presidencia, para sustituir a Nuño de la Rosa, se arropó de dos CEO (por las siglas en inglés), Víctor del Pozo y el propio De la Rosa, que accedió a dar un paso al lado. Entonces, El Corte Inglés afirmó que esta fórmula respondía a "las mejores prácticas de gobierno corporativo" y distinguía "de forma clara las funciones de la presidenta de las de los consejeros delegados".

Marta agradeció "muy especialmente a Nuño de la Rosa su generosidad por haberse puesto al frente de El Corte Inglés —fue presidente entre agosto de 2018 y julio de 2019— en un momento muy complejo y haber permanecido en el cargo durante este año". El 27 de enero de 2020, la presidenta decidió simplificar la cúpula con un solo CEO, Víctor del Pozo, lo que supuso la salida definitiva de De La Rosa, al que agradeció de nuevo "su entrega, dedicación y lealtad" tras toda una vida en el 'holding'.

La intervención del exjefe de seguridad y del guardián de los secretos pone de relieve la ruptura presidenta-hombre de confianza

Del Pozo, con todo el apoyo de Marta, se encontró primero con la pandemia, que se tradujo en las mayores pérdidas de la historia de El Corte Inglés (3.000 millones), lo que le obligó a acelerar un plan de transformación que había tenido sus resistencias internas. Aun así, sacó adelante el cierre de varios centros comerciales, como el de Linares, Eibar y Murcia, decisión contra natura en un grupo solo acostumbrado a crecer; y la transformación en 'outlet' de otros como el de Arapiles (Madrid), Sevilla Este, Mijas (Málaga), La Coruña o Guadalajara. Y consiguió implantar un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) para 3.000 personas que le dolió en el corazón a la presidenta, pero que era necesario para bajar los costes de una plantilla que en los buenos tiempos superaba los 100.000 empleados.

Los números, dentro de la dificultad de una pandemia sin parangón en un siglo, sin turistas, y con unos costes de la electricidad sin igual en 30 años, iban saliendo. Con un 8% menos de ventas, el grupo ganaba lo mismo, al tiempo que se permitía comprar los Supermercados Sánchez Romero y potenciar el negocio de viajes, el segundo más importante del 'holding' en época normal, con la fusión de Logitravel. El otro gran proyecto operativo era crear una gran filial 'retail', de moda, con la adquisición o fusión con Tendam, el dueño de Cortefiel, con el fin de sumar músculo comercial y reducir costes mediante sinergias.

En medio de este de proceso transformador, un inversor largoplacista como Mutua se decidió, tras un año de negociaciones, a comprar un 8% del capital y convertirse en el nuevo socio financiero de El Corte Inglés en la división de seguros y administración de activos. Una entrada con el objetivo de cambiar el perfil del 'holding', lograr la calificación crediticia de grado de inversión y coger músculo financiero para acometer la segunda fase de la transformación.

Pero el nuevo modelo ya no prioriza la separación de funciones ejecutivas del rol de la presidenta. Ahora se apuesta por una presidencia ejecutiva con dos directores generales fichados de Parfois (José María Folache) y Goldman Sachs (Santiago Bau). Un cambio que sorprendió no solo por el fondo, sino también por el hecho de que se produce apenas dos meses después de la renovación Del Pozo, por unanimidad del consejo, hasta 2027.

"Aquí se trabaja solo para El Corte Inglés, no para nadie", sostiene la patrona, que asegura tener motivos para prescindir de su mano derecha

Su salida inesperada y la participación de Cernuda, que está jubilado, pero sigue como asesor, ha fomentado toda una serie de teorías en busca de una justificación entendible. Del Pozo, que el pasado año se instaló su propio sistema de seguridad y ordenó la revisión de su coche oficial para saber si estaba limpio de cualquier aparato de seguimiento, pensaba que el 'hombre de negro' había pasado a un discreto segundo plano cuando el propio El Corte Inglés le compró su empresa de seguridad (Sicor) por unos 35 millones de euros.

El comunicado del pasado lunes sobre la nueva estructura directiva no incluía ninguna palabra de agradecimiento, como suele ser habitual en estos casos para un ejecutivo con 30 años en la empresa. Un detalle que sí se tuvo con Nuño de la Rosa, que revela que algo se ha roto en los últimos dos meses entre la presidenta y su mano derecha.

Marta Álvarez lo ha simplificado a su círculo más cercano con una frase de su padre, Isidoro Álvarez: "Aquí se trabaja para El Corte Inglés, no para nadie en particular, solo para El Corte Inglés". La patrona de la casa ha explicado que "aquí estamos sometidos al escrutinio todos los días, da igual que te hayan renovado o no". Y, ha concluido que "motivos hay" para argumentar el relevo de Del Pozo, que el lunes de marras accedió a firmar una renuncia presuntamente voluntaria a cambio de una remuneración de más de 20 millones, mucho más silencio y dos años sin poder trabajar en ninguna empresa que compita con ECI.

A la misma hora que Pedro Sánchez vendía su nuevo plan de rescate patriótico a una pequeña representación del Ibex 35 en un auditorio de la calle Ortega y Gasset de Madrid, a poco más de un kilómetro de ese edificio, se registraba un terremoto de magnitud nueve en la sede de El Corte Inglés. El mundo de las ilusiones políticas en un lado. El mundo real de la empresa en el otro.

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