IMPUTACIÓN DEL BANCO

BBVA-Villarejo: manual de cómo no gestionar una crisis reputacional

Tras más de un año de investigación, la crisis de Villarejo está en su peor momento para el banco tras su imputación en la Audiencia y el cese de su director de Control Interno

Foto: Carlos Torres, presidente de BBVA (d), junto al CEO, Onur Genç. (EFE)
Carlos Torres, presidente de BBVA (d), junto al CEO, Onur Genç. (EFE)

La Audiencia Nacional imputó a BBVA el pasado lunes. Aunque esperada, esta noticia se convirtió en portada de los principales diarios nacionales y económicos. El presidente del banco reaccionó con unas declaraciones oficiales recordando que su prioridad es colaborar con la justicia. Un día más tarde, su predecesor en el cargo, Francisco González (FG), defendió al banco pero apuntó a posibles irregularidades de algunas 'malas hierbas' de su antiguo equipo. Y minutos después el banco anunció el cese de su director de Control Interno, y exresponsable de Cumplimiento durante los años de las contrataciones a Villarejo, Eduardo Arbizu.

Estos tres hechos conectados alimentan la teoría de que Arbizu era una de las malas hierbas a las que apuntaba FG. El banco ha decidido no explicar la salida de Arbizu, ni siquiera ante insistentes preguntas de periodistas en la rueda de prensa de resultados del pasado miércoles. Sin embargo, numerosas fuentes consultadas por este medio, próximas a Arbizu, descartan cualquier tipo de irregularidad por parte de este abogado del Estado, y atribuyen a un error de 'timing' y/o estrategia del banco el desconcierto generado en los últimos días. Aun en el hipotético caso de que el exdirectivo hubiera sido el cerebro y máximo responsable de la contratación de Villarejo, no dar ninguna explicación invita a pensar que quedan más 'arbizus' por salir.

Este no sería el único error de cálculo de BBVA con la crisis de Villarejo, que inició una investigación interna en junio de 2018 —tras una noticia de 'Público'— y que, tras 14 meses, no ha sido capaz de controlar el terremoto.

Así lo reconocía esta semana el expresidente de la CNMV, Manuel Conthe, en un artículo en 'Expansión': "La dirección de BBVA está gestionando esta crisis de forma incomprensible y alimentando con sus decisiones la película más desfavorable, al seguir sin dar explicaciones detalladas de lo que ocurrió y cesar a su director de cumplimiento normativo".

A favor de Carlos Torres está que, como ha señalado varias veces, no quiere prejuzgar ni precipitarse en las decisiones, con las consecuencias que podría tener para personas y la organización. Pero en su estrategia se atisban varios errores, según fuentes financieras y jurídicas, que habrían tenido efectos secundarios tanto para directivos como para el banco.

1. No romper con el pasado

Si hay algo por lo que se critica al banco, dentro y fuera, es por no haberse desligado más clara y rápidamente de FG. Los indicios del escándalo saltaron en mayo de 2018 y desde entonces se puso en marcha la investigación liderada por los equipos internos y Garrigues. Fuentes próximas a la entidad ligan este proceso al hecho de que González adelantara su salida a finales de 2018. Coincidiendo con ella, FG dio una entrevista a 'El País' en la que afirmaba que "ese tema [Villarejo] para mí no tiene relevancia" y "se han hecho las cosas como hay que hacerlas". Unos días después El Confidencial y 'Moncloa.com' publicaban que Villarejo había pinchado 4.000 teléfonos para el banco.

Es a raíz de ello cuando Torres tuvo una oportunidad para desligarse de FG. Pero optó por intentar una transición ordenada defendiendo a su predecesor en febrero y nombrándole presidente de honor. La presión fue aumentando hasta que González renunció a su presidencia de honor un día antes de la junta de accionistas de marzo.

Carlos Torres y Francisco González. (BBVA)
Carlos Torres y Francisco González. (BBVA)

El hecho de que la salida de FG fuera a trompicones y sin iniciativa por parte de Torres dificultan que el banquero salmantino se aleje de su predecesor y de lo que le ocurra a este. A eso se suma que el consejo de administración sigue siendo el mismo que dejó González, como buena parte del comité de dirección, y que FG mantuvo despacho, chófer y sigue con otros gastos pagados por parte del banco.

Aunque no son situaciones comparables, en una situación parecida, José Ignacio Goirigolzarri tardó un mes en cesar a todos los consejeros y directivos de la etapa de Rodrigo Rato, y poder hacer borrón y cuenta nueva en su presidencia en Bankia.

2. Velocidad

En el sector financiero hay consenso de que esta crisis se podría haber resuelto en unos pocos meses, con una investigación a fondo liderada por los independientes del consejo, el consejero delegado y las firmas externas —Garrigues (bufete de cabecera del banco), PwC y Uría Menéndez—. El trabajo lo pilotaron inicialmente Arbizu; el ex jefe de gabinete de FG, Joaquín Gortari; y la directora de los servicios jurídicos, María Jesús Arribas.

El nuevo CEO del banco, Onur Genç, señaló el pasado miércoles que la investigación se ha hecho "en un tiempo récord", lo que dejó perplejo a más de uno. Aunque es difícil predecir qué hubiera pasado en otras circunstancias, en el mundo jurídico se repite que BBVA ha perdido la iniciativa al no hacer el trabajo antes de que se abriera el caso judicial, lo que podría haberle permitido personarse como perjudicado en el caso en lugar de como imputado.

3. Falta de alineación con los supervisores

Esta falta de agilidad es algo que le ha costado al banco reproches por parte del Banco Central Europeo (BCE), el Gobierno y la CNMV, en más de una ocasión. La primera, cuando la entidad no se había todavía desligado de FG a comienzos de año, y la segunda, más recientemente, tras seis meses de investigación interna de la mano de decenas de profesionales. Genç intentó contextualizar este punto, dado lo complicado que es mirar miles de correos electrónicos, mensajes, llamadas y documentos durante los últimos 14 años. Y, como ha recordado en innumerables ocasiones Torres, su prioridad número uno ha sido colaborar con la justicia.

Sea como sea, las entidades tienen que ir siempre de la mano de los reguladores en este tipo de crisis, sin reproches, para no arrojar dudas al mercado.

La falta de agilidad le ha costado al banco reproches por parte del Banco Central Europeo (BCE), el Gobierno y la CNMV

4. No manejar el relato

Un posible cuarto error es haberse puesto de perfil durante los últimos meses, amparándose en el respeto a la investigación interna y judicial. La máxima del banco es no comentar la mayor parte de las informaciones que se publican, con lo que se pierde una oportunidad de controlar el mensaje. La entidad y el BCE están tranquilos dado que, más allá del reconocido impacto reputacional, este caso no ha impactado en el negocio, aunque hay una delgada línea entre que una crisis esté manejada y se descontrole.

De momento, al día siguiente de que el CEO dijera que no hay impacto en negocio, Moody's dijo en un informe que podría afectar a la solvencia. Y lo peor, a nivel de reputación, podría llegar después de verano cuando se levante el secreto de sumario y empiecen a airearse los detalles que han llevado a la Audiencia a imputar a ocho directivos del banco y a la propia entidad. Torres tendrá que 'tirar de manual' para capear este temporal.

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