Era la antigua BPA

JC Flowers trocea Vall Banc (BPA) para empezar a poner fin a su periplo andorrano

Vall Banc también ha invertido cuatro millones en remodelar su sede central, unas obras que han durado todo este año 2018, lo que indica que la sacará a la venta

Foto: Fachada de BPA en Andorra. (Reuters)
Fachada de BPA en Andorra. (Reuters)

El fondo oportunista JC Flowers está troceando Vall Banc, el banco que heredó los activos buenos de la antigua BPA, y preparando su salida de Andorra. La aventura en el Principado habría sido breve: poco más de tres años. Según adelantan fuentes financieras andorranas, todos los movimiento de JC Flowers apuntan a una salida ordenada del país, tras haber obtenido importantes beneficios en una operación por la que nadie daba un duro pero que ha resultado muy rentable para este inversor estadounidense.

Vall Banc ha fichado como director de operaciones a Mike Saur, un antiguo alto cargo de Morabanc, el banco de la familia andorrana Mora y que está comprando buena parte de los activos troceados por JC Flowers. Así, Morabanc ya adquirió en diciembre de 2017 la cartera de seguros de vida, salud y accidentes de Vall Banc y los créditos vinculados a estos productos. Ahora, fuentes financieras de ese país también ven a Morabanc como el destinatario prioritario de la rama de Banca Privada de Vall Banc.

Vall Banc también ha invertido cuatro millones en remodelar su sede central, unas obras que han durado todo este año 2018, y podría salir a la venta en los próximos meses, al estar en la céntrica avenida Carlemany.

Queda saber el destino de la banca comercial y la ficha bancaria de Andorra, de la que se desconoce qué pasará. Estas noticias coinciden con unos resultados discretos. Vall Banc ha ganado menos de tres millones de euros, cuando cerró 2017 con 11 millones de beneficios.

Sin embargo, no hay que engañarse. JC Flowers ha hecho un negocio redondo en Andorra. Compró un banco por 29 millones limpio de polvo y paja, ya que la antigua BPA guarda todavía unos 500 millones de fondos de dudoso origen que la Justicia andorrana ha de dilucidar si entrega a sus clientes. Además, JC Flowers solo abonó 3,8 millones, al no incluirse en el balance otros activos que estaban previstos y que también son foco de polémica, al haber dejado atrapados otros 500 millones de euros, estos en Credit Suisse, en el país helvético.

Ayuda encubierta

No contento con esto, Vall Banc recibió ayudas públicas encubiertas cuando ya estaba en manos de JC Flowers. Esta ayuda pública se la facilitó la Agencia Estatal de Resolución de Entidades Bancarias (AREB) —el equivalente al FROB andorrano— cuando le vendió unos bonos convertibles contingentes —más conocidos como 'cocos'— por debajo de su valor. El AREB lo cifró en 76 millones, pero luego el valor real de esos bonos, ya en el balance de Vall Banc, se reconoció como 96 millones. Otros 20 millones a la caja de los norteamericanos.

El conjunto de la banca andorrana ha visto cómo sus beneficios caían un 25%, un cambio de tendencia que invita a marcharse al fondo buitre

Por tanto, Vall Banc ha sido una buena oportunidad para JC Flowers, cuyos gestores ahora ven su fase final la aventura en el país de los Pirineos. La banca en Andorra ya no es tanto negocio. En 2018, los bancos andorranos ganaron un 25% menos que en el año anterior. Si esta caída es tendencia, la presencia del fondo carece de sentido a partir de ahora.

Grandes flecos

Más allá de Vall Banc, lo cierto es que la crisis bancaria de BPA sigue teniendo grandes flecos pendientes. Hay más de 1.000 clientes, la mayoría españoles, con activos que debería estar gestionando BPA y que en realidad están depositados en Suiza, en Credit Suisse. Se trata de más de 500 millones que no eran depósitos sino valores, y que ahora están a la espera de que la Justicia helvética aclare a quién debe devolver esos fondos, si a Vall Banc, a la antigua BPA o sus dueños últimos, los clientes. Este conflicto dura más de cuatro años.

Por otra parte, la antigua BPA custodia otros 500 millones —lo que no pasaron a Vall Banc— que están bajo sospecha de haber sido fruto de blanquero o cuyo origen no está claro. En este caso, son los tribunales andorranos, conocidos por su exasperante lentitud, los que han de dilucidar el destino final de ese dinero.

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