el ceo más efímero del santander

Sorpresa en el sector bancario por la versión del fichaje frustrado de Orcel

La entidad ha justificado el frustrado fichaje de Orcel por su elevado sueldo tras haber pagado 330 millones en compensaciones a los últimos jefes del Banco Santander

Foto: Andrea Orcel. (EFE)
Andrea Orcel. (EFE)

A principios de 2018, Banco Santander abonó 48 millones de euros al vicepresidente, Matías Rodríguez Inciarte, después de que Ana Botín aprobase la salida de uno de los últimos hombres de máxima confianza de su padre, Emilio Botín. A Javier Marín, el consejero delegado que destituyó nada más hacerse con la presidencia en septiembre de 2014, se le pagaron casi 20 millones por los apenas 15 meses que estuvo en el cargo tras relevar a Alfredo Sáenz en abril de 2013.

Precisamente Sáenz, mano derecha de Botín padre, cobró una pensión de 88 millones al dejar la entidad financiera tras ser condenado por acusación falsa después de 11 años al frente del primer grupo financiero de la eurozona. Pocos meses antes, el Santander había ingresado 66 millones en la cuenta corriente de Francisco Luzón, el número tres del banco, al que se le invitó a marcharse después de descubrir movimientos para hacerse con la vicepresidencia. Años atrás, en 2002, los Botín desembolsaron 108 millones a favor de Ángel Corcóstegui para que dejase de ser vicepresidente y consejero delegado de la entidad resultante de la fusión con el Banco Central Hispano.

En total, 330 millones de euros abonados en forma de compensaciones a los últimos primeros espadas de una institución que este martes justificó la renuncia a fichar a Andrea Orcel, el hombre al que Ana Botín había confiado la resurrección de la cotización, por ser "inaceptable hacer frente al coste de contratar a una persona, aunque sea de este nivel y esta trayectoria, a la luz de los valores de la entidad".

Se refería el Santander al eventual abono de los 50 millones que le corresponderían a Orcel por dejar su alto cargo en UBS para tomar las riendas del primer banco español. Su incorporación, anunciada el pasado mes de septiembre a bombo y platillo, se ha frustrado porque, oficialmente, se han modificado las bases sobre las cuales el consejo de administración le contrató. Es decir, que el banco asegura no poder asumir el coste de la contratación porque el banquero de inversión exige que le compensen por lo que deja de percibir por abandonar UBS, con el que tenía derechos de cobro en forma de 'stock options'.

El banco se reafirma en su argumentación, pero la tesis oficial ha generado sorpresa e incredulidad en el sector. Al margen de que Santander está habituado a compensar generosamente a sus primeros ejecutivos, el movimiento anunciado ayer no casa con el celo con el que se tejen este tipo de contratos, que suelen ser perfilados hasta el más mínimo detalle, con abogados de prestigio por cada una de las partes y previa aprobación del consejo de administración.

Banqueros de inversión españoles que cambiaron de entidad y que, a la hora de incorporarse a un rival, pactaron su liquidación en la salida y nuevo sueldo.con su empleador, dudan de que el frustrado fichaje de Orcel se deba a "una cuestión de dinero". "El 99% de los humanos no se va a otra empresa sin cobrar su bonus y sin negociar hasta el último céntimo su nueva remuneración", argumenta un ejecutivo nacional que dirigió un banco estadounidense en Madrid y Londres.

La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. (EFE)
La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. (EFE)

"Un banquero como Orcel no se presta a la foto con Ana Botín si previamente no ha cerrado un acuerdo económico con su entidad anterior y con la nueva", subraya otro banquero que tiempo atrás trabajó con él y que recibió una indemnización de más de 50 millones por cambiar de trabajo.

Santander había confiado en llegar a un pacto de caballeros con UBS, el asesor de cabecera del banco español en la mayoría de sus grandes operaciones corporativas, para "revisar a la baja" el dinero a pagar a Orcel. O lo que es lo mismo, "compartir la compensación por la naturaleza de la relación entre ambos bancos". Pero la entidad suiza se plantó desde el primer momento y bloqueó la incorporación, prevista para el 1 de enero, hasta al menos el próximo mes de abril. Ahora, Orcel se ha convertido en el consejero delegado más efímero del Santander, que tendrá que buscar otro CEO dada la interinidad de José Antonio Álvarez, que, como si fuera un empleado fiel de un club de fútbol que releva al primer entrenador, vuelve al cargo después de haber sido sustituido hace apenas cuatro meses.

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