La cadena factura 1.200 millones

La guerra de los Font amenaza el futuro de Bon Preu, los supermercados más 'indepes'

La pugna se arrastra desde hace más de tres años, cuando Josep Font, que quiere vender su 50%, se hartó de ser un socio durmiente en una gran empresa pero que rentaba poco

Foto: Bon Preu es una de las cadenas más frecuentadas en Cataluña.
Bon Preu es una de las cadenas más frecuentadas en Cataluña.

La cadena de supermercados Bon Preu es la empresa más independentista. Una empresa grande de verdad. En 2017 facturó 1.200 millones, un 11% más. Su presidente, Joan Font, incluso anima a sus trabajadores a acudir a actos como las manifestaciones de la Diada, que en los últimos años han tenido un claro sesgo secesionista. Sin embargo, el futuro, que podría ser esplendoroso dado el viento político en Cataluña no lo será tanto porque Joan Font no es el único accionista. Su hermano Josep Font lleva casi un año intentando vender su 50% de la compañía. Y no hay manera. Los Font están en guerra y el futuro de la compañía pende de un hilo.

Dice el refrán que un médico cura, dos dudan y tres, muerte segura. No es éste el caso. En lo que se ha prolongado el conflicto, los dos hermanos Font se han visto con todos los abogados y consultores de Barcelona. Y todos les han recomendado lo mismo: que aparquen su enfrentamiento y que lleguen a un acuerdo preservando el futuro de Bon Preu, grupo que tiene sede en Masies de Voltregà (Barcelona) y cuenta con 6.400 empleados, además de cadenas de gasolineras o los hipermercados Esclat. El grupo cuenta con más de 200 puntos de venta.

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Pese a estos consejos de prudencia, el conflicto no ha hecho más que escalar. Ambos hermanos los han desoído. Josep incluso ha demando a su hermano el pasado mes de julio en el juzgado mercantil número 8 de Barcelona, según publicó La Vanguardia. Así que una juez puede ser la que dirima el pulso para poder vender sus acciones.

Fuentes cercanas a la empresa explican que la pugna se arrastra desde hace más de tres años, cuando Josep Font se hartó de ser un socio durmiente en una empresa que rentaba poco. En 2016 el grupo ganaba 36 millones de euros. Josep Font quería un mayor reparto de dividendos. Pero su hermano Joan y presidente de la compañía prefería que cada año Bon Preu invirtiese 100 millones anuales en nuevas aperturas, nuevos centros logísticos, etc. Joan Font tiene una visión y la quiere llevar a cabo. También es quien dedica más tiempo a la gestión del día a día de la empresa. Josep Font, en cambio, mantiene una inversión y pretende que rinda. Los dos puntos de vista se han vuelto irreconciliables y en este momento afecta, incluso, a la relación personal entre ambos, tal y como explican quienes les conocen. Sólo las esposas de los socios siguen manteniendo un buen trato entre las dos ramas de la familia.

Font contra Font

Hace un año Josep Font y sus abogados, viendo que no podían llegar a un acuerdo decidieron filtrar el conflicto a la prensa como un modo de presionar al presidente de Bon Preu. El efecto fue el contrario: Joan Font se creció. Y explica a sus íntimos que si pierde en el embate la mitad de la empresa le da igual. Que empezará de nuevo, no desde cero, pero sí desde un volumen de negocio de 500 millones.

Cada hermano ha conseguido una valoración de la empresa pero la de que pagó el presidente Joan Font es casi la mitad de la que encargó su hermano

Después de que el conflicto se hiciese público se intentó una valoración para llegar a un acuerdo. No hubo manera. La consultora Grant Thornton lo hizo para Josep Font y fijó el valor de Bon Preu en 1.100 millones, en base a lo que es un criterio de cálculo tradicional en el sector de la distribución: un euro pagado por un euro facturado. En cambio, KPMG hizo una valoración a la baja para Joan y fijó el precio en apenas 600 millones, más en la línea de los 200 millones que pagó el grupo chino Brigth Food por otros supermercados catalanes, Miquel Alimentació. El acuerdo era imposible.

Fuentes cercanas a Joan Font explican que el presidente de Bon Preu se niega a endeudar la compañía para pagarle a su hermano. Que prefiere partirla en dos. En realidad ya lo ha hecho. Y de manera unilateral. Ha segregado Bon Preu en dos mitades y le ha dado a su hermano a escoger la que quiera. Josep se niega y su hermano no puede obligarle a aceptar. Josep rechaza esta pretensión, en parte porque ambas mitades siguen compartiendo servicios y mantenimiento con sociedades de Bon Preu: no se han separado, por ejemplo, los hipermercados de los supermercados. Es una división que imposibilita su venta posterior a un inversor o a un grupo extranjero que no esté operando en España y que sería la vía natural de salida de cuna compañía que no cotiza en bolsa.

Las acciones de Bon Preu no están sindicadas y hasta ahora todos los protocolos familiares han fracasado en que los hermanos lleguen a un pacto

Las acciones no están sindicadas, pero Josep Font debe de hacer frente a unas cautelas que debilitan sus exigencias vendedoras. La situación es de bloqueo. Y en la práctica ninguna de las dos partes puede imponerse a la otra.

La maldición de los hermanos

A la espera de que una juez pueda dictar el pacto de Salomón, habrá que ver si Bon Preu puede sobrevivir a sus tensiones internas. Una buena salida, según fuentes financieras consultadas, sería que los hermanos aparcasen sus rencillas a cambio de que Joan Font aceptase incrementar de manera progresiva el dividendo de la compañía durante los próximos años. Esta solución, por ahora, se encuentra lejos, muy lejos.

Bon Preu podría ser la última víctima de lo que en Cataluña ya es un fenómeno corporativo: la maldición de los hermanos, empresas familiares que llegan a su fin porque los hermanos accionistas, y a veces los primos, parten peras. Le ocurrió al Grupo Rubiralta, les aconteció a los hermanos Lao en Cirsa y tal cual hicieron los hermanos Meyer en Desigual, que también separaron sus caminos. Igual que los Serra Farré en Catalana Occidente. También les pasó a los primos Ferrero y Ventura en Nutrexpa. Bon Preu puede ser la próxima víctima de este mal fario familiar.

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