värde PIDE más de los 815 millones que le costó

Popular negocia recomprar la inmobiliaria Aliseda para incluirla en su 'banco malo'

Popular pretende recuperar el control de su inmobiliaria Aliseda, vendida en 2013 al fondo Värde Partners, para incluirla en el banco malo junto con 4.000 millones en ladrillo

Foto: Ángel Ron, presidente del Banco Popular. (EFE)
Ángel Ron, presidente del Banco Popular. (EFE)

Las urgencias del Banco Popular para reducir sus activos improductivos (inmobiliarios) para cumplir las promesas realizadas en la ampliación de capital de junio lo han llevado a conceder prioridad absoluta al llamado 'proyecto Sunrise', el 'banco malo' con el que pretende desconsolidar 4.000 millones de estos activos de su balance. Para hacerlo más atractivo, Ángel Ron pretende incluir dentro de esta unidad a su antigua plataforma inmobiliaria Aliseda, cuyo 51% vendió en diciembre de 2013 a los fondos especializados Värde Partners y Kennedy Wilson, para lo cual está negociando su recompra, según fuentes conocedoras de la situación.

El banco entiende que la inclusión de una plataforma (lo que se denomina un 'servicer') para vender estos activos hará más atractivo su 'banco malo' para los inversores, ya que facilitará su negocio; en caso contrario, tendría que alcanzar acuerdos de venta con terceros, pagar las correspondientes comisiones, etc. Porque el objetivo número uno es colocar lo antes posible esta unidad, cuya creación adelantó El Confidencial en octubre del año pasado, para reducir de golpe sus activos inmobiliarios en 4.000 millones.

'Stand' de Aliseda en el Salón Inmobiliario de Madrid. (El Confidencial)
'Stand' de Aliseda en el Salón Inmobiliario de Madrid. (El Confidencial)

La razón es que Ron considera que así será más factible cumplir la promesa (reducir esta carga en 15.000 millones hasta 2018) que hizo a los inversores que acudieron a la citada ampliación y que muchos participantes en el mercado ponen en duda. Un portavoz del Popular no quiso hacer comentarios a esta información.

Las fuentes consultadas añaden que la operación dependerá de que finalmente se llegue a un acuerdo de recompra con Värde -que es quien gestiona ahora Aliseda- y Kennedy Wilson. De lo contrario, el banco exploraría otras alternativas, aunque otras fuentes señalan que la recompra es imprescindible para poder lanzar el banco malo: de lo contrario, los fondos pueden oponerse a la segregación de los activos porque Aliseda tiene el mandato exclusivo de comercialización de todos los del Popular y no quieren negociar otras condiciones con los nuevos dueños de Sunrise.

Värde y Kennedy piden más de lo que pagaron

Ahí reside la principal dificultad de la operación: como es lógico, Värde y Kennedy Wilson quieren sacar tajada de su inversión y, en consecuencia, piden un precio superior a los 815 millones que pagaron en 2013, tal como informó entonces el Popular. Lo cual obligará al banco a asumir un fortísimo coste que incrementará todavía más las pérdidas previstas para este año (y quizás el próximo, según como se estructure la operación).

Algo que tiene que sopesarse en función del coste/rentabilidad y que puede ser cuestionado por algunos accionistas muy descontentos -y endeudados- por la evolución del banco en bolsa y sus reiteradas ampliaciones de capital. En esta ecuación también hay que incluir el incremento de provisiones para el ladrillo que exigirá la nueva circular contable del Banco de España y el consumo de capital, que la entidad se ahorrará con la segregación de estos 4.000 millones. Por otro lado, la negociación recaerá en manos del nuevo consejero delegado del banco, Pedro Larena, que tomará posesión de su cargo el 1 de septiembre en sustitución de Francisco Gómez.

El presidente de Sareb, Jaime Echegoyen, en la Comisión de Economía del Congreso. (EFE)
El presidente de Sareb, Jaime Echegoyen, en la Comisión de Economía del Congreso. (EFE)

Cupón y gestor de campanillas para atraer dinero

La necesidad de atraer inversores para colocar como sea el 'proyecto Sunrise' también ha llevado al Popular a buscar fórmulas de remuneración más allá del hipotético dividendo si esta unidad tiene beneficios en el futuro. Para ello, estudia un sistema parecido al de Sareb (el banco malo semipúblico incluido en el rescate de las cajas de ahorros): que los inversores pongan una pequeña parte en capital (acciones) y que el grueso de su inversión se haga mediante deuda subordinada, para que genere un cupón anual con una rentabilidad atractiva sea cual sea la evolución de la empresa.

En el citado caso de Sareb, esta fórmula no ha funcionado demasiado bien: las fuertes pérdidas sufridas en los primeros años han consumido todo su capital -que los inversores han perdido- y ha obligado a convertir la deuda subordinada en acciones, que asumirán las pérdidas futuras si se producen. El Popular tiene a su favor la mejoría que experimenta en estos momentos el mercado inmobiliario y el hecho de que puede traspasar sus activos a esta unidad a un precio más bajo del que se fijó para la cesión del ladrillo de las cajas rescatadas a Sareb.

Finalmente, Ron lleva meses buscando un profesional de campanillas para liderar el proyecto, también con el fin de incrementar su 'sex appeal' para los inversores. De momento no lo ha encontrado, porque estos perfiles escasean y, además, requieren unas remuneraciones muy elevadas, cuando el Popular no es precisamente el banco con mayores sueldos del mercado. En consecuencia, tendrá que hacer otro esfuerzo en este capítulo.

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