se convierte en asesor del presidente del ior

El ex-CEO del Santander expía los pecados fiscales del Banco Vaticano

Javier Marín, el que fuera hombre de confianza de Emilio Botín, ha accedido a ayudar al nuevo presidente del IOR para corregir las irregularidades fiscales de la Santa Sede

Foto: Javier Marín en una imagen de 2013. (EFE)
Javier Marín en una imagen de 2013. (EFE)

La relación del Banco Santander con la curia romana siempre fue cercana. Y no solo por las creencias religiosas de la familia Botín, sino porque varios de sus directivos de primer nivel siempre estuvieron al servicio de los principales órganos de gobierno de la Santa Sede y de la Iglesia católica. El último en poner sus conocimientos financieros en favor del Vaticano es Javier Marín, que se ha convertido en asesor del presidente del Instituto de las Obras Religiosas (IOR), más conocido como Banco Vaticano.

Según distintas fuentes, Marín, de 50 años, prejubilado por Ana Patricia Botín, que lo relevó de su puesto de consejero delegado a los pocos meses de hacerse con la presidencia del Santander, ha mantenido varias reuniones con Jean-Baptiste Dounville, nombrado presidente del IOR por el papa Francisco en julio de 2014. A Marín le une una buena amistad con Dounville, curtida en las relaciones profesionales. Porque el nuevo administrador de las cuentas del Vaticano era anteriormente consejero delegado de Invesco, una de las mayores gestoras de fondos del mundo, con cerca de 800.000 millones de dólares bajo gestión, y accionista relevante del Santander.

El papa Francisco en la Ciudad del Vaticano. (EFE)
El papa Francisco en la Ciudad del Vaticano. (EFE)

El sumo pontífice argentino, que antes le había nombrado también miembro del Consejo de Economía para las estructuras y actividades administrativas y financieras de los dicasterios de la curia romana y las instituciones vaticanas, confió en Dounville para poner en orden las finanzas de la Santa Sede, sobre las que pesaba la alargada sombra de la corrupción, el blanqueo de capitales y sus relaciones con organizaciones poco cristianas del sur de Italia. Pecados que, si no fuera por su peculiar estatus jurídico de país ajeno a las normas internacionales, hubiera dado con más de un prelado entre rejas.

Para este arduo trabajo, el nuevo presidente del IOR, buen conocedor del uso de los paraísos fiscales para exprimir el dinero de sus clientes, pidió a Javier Marín que se incorporara al consejo de administración para que el Banco del Vaticano tuviera una representación de habla hispana. El entonces consejero delegado del Santander rechazó el ofrecimiento porque aún estaba ejerciendo sus funciones como número dos del primer grupo financiero de España. Pero le aconsejó que nombrase para este cometido a Mauricio Larraín, expresidente del Santander Chile y asesor externo de la familia Botín para Latinoamérica. En su designación intervino el cardenal español Santos Abril, con el que Marín mantiene una relación muy próxima.

Marín se ha convertido en un asesor áulico del hombre de confianza del papa Francisco en materia financiera, un ejecutivo conocedor de estructuras fiscales opacas

Pero Jean-Baptiste, como se conoce familiarmente, insistió al ex-CEO del Santander en que colaborase con él en la medida de lo posible. Con esta misión, Marín, con mucho tiempo libre tras su salida de la entidad financiera española, dedicado en gran parte a recuperar el tiempo perdido con sus tres hijos, se ve ahora con frecuencia con el superintendente del IOR. La última vez fue recientemente en el Hotel Villamagna, donde mantuvieron una reunión entre lo personal y lo profesional. Marín ha declinado hacer ningún comentario sobre esta información, pero es conocida su voluntad de ayudar a la Iglesia Católica.

De hecho, es miembro del Patronato de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir, regida por Antonio Cañizares, el polémico arzobispo cardenal de la ciudad del Turia. Cañizares, que en sus últimas homilías pidió a sus feligreses que desobedecieran las leyes injustas basadas en la ideología de género, tiene una buena amistad con personalidades de las finanzas, como el propio Marín, al que invitó a sumarse a la UCV, y Manuel Pizarro, expresidente de Endesa y consejero de El Corte Inglés, que entró en la fundación el pasado mes de mayo.

El que fuera hombre de confianza de Emilio Botín tiene mucho trabajo por hacer en el Banco Vaticano, sobre el que el Santander siempre tuvo mucha influencia. Cabe recordar que el que fuera presidente de la filial italiana del banco español, Ettore Gotti Tedeschi, fue presidente de la institución creada por Pío XII en 1942 hasta que en mayo de 2012 fue destituido por unanimidad. Le acusaron de una supuesta violación de las normas sobre la prevención del blanqueo de dinero, pero en febrero de 2014 la Fiscalía de Roma archivó su caso. Posteriormente, el economista al que Benedicto XVI puso al frente del IOR en 2009 dejó caer en varias entrevistas que su salida se debió a una caza de brujas derivada de su pretensión de airear las cerca de 24.000 cuentas opacas que estaban depositadas en la Santa Sede. Se llegó a decir que redactó un expediente con documentación relevante y se le entregó a dos personas de confianza, a las que les advirtió: “Si me asesinan, aquí está la razón de mi muerte”.

El que fuera hombre de confianza de Botín tiene mucho trabajo por hacer en el Banco Vaticano, sobre el que el Santander siempre tuvo mucha influencia

Palabras gruesas que recordaban como Juan Pablo II tuvo que esconder en San Pedro a monseñor Paul Marcinkus, el banquero de Dios, acusado de la quiebra del Banco Ambrosiano. Un caso que terminó con su director general, Roberto Calvi, colgado en un puente de Londres, y con el abogado de la mafia Michelle Sindona, amigo del arzobispo, asesinado con cianuro en la cárcel. La Fiscalía determinó que Calvi fue obligado a reunirse con el Altísimo contra su voluntad porque se había quedado con parte del dinero que la organización criminal le había dado para blanquear a través de la citada entidad y para evitar que pudiera chantajear a políticos y religiosos involucrados en el escándalo.

Marín, que también ocupa su tiempo y su dinero con inversiones tan dispares como una plantación de nogales en Asturias y una 'fintech' -Fintonic- para competir con la banca, es conocedor de las necesidades de transparencia en el IOR. Pero también de las peleas intestinales de la curia, implicada en filtraciones y cazas de brujas, algo que él mismo conoce bien.

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