hacia la reconversión del sector

La banca afronta despidos, cierre de oficinas y fusiones por el desplome del negocio

El pistoletazo de salida ya ha sonado. Lo ha disparado Banco Santander, con un anuncio de cierre de oficinas y reducción de plantilla que marca el camino al resto del sector

Foto:  La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. (EFE)
La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. (EFE)

Los bancos prometieron hacer propósito de enmienda. Dejarían atrás las aventuras, que tanto contribuyeron a los excesos previos a la crisis y al malestar de los clientes, y volverían a hacer la banca de siempre; a lo de toda la vida. 'Back to basics', en la jerga. Pero se han encontrado con un serio problema: el camino de vuelta ya no es lo que era. Lo básico ya no es tan rentable, por influencia de unos tipos de interés en el 0% y la falta de demanda de crédito solvente; ya no es tan sencillo, por la mayor presión regulatoria heredada de la intención de proteger mejor a las economías de los desmanes financieros; ya no seduce tanto, por el enfado de los usuarios; ya no está donde estaba, por los usos y las comodidades que ofrecen las nuevas tecnologías, y ya no es exclusivo, por la llegada de competidores tecnológicos –los denominados 'fintech'– y de otros jugadores o plataformas financieras, la llamada 'banca en la sombra' –'shadow banking'–. 

[Lea aquí: 'Banco Popular hace una ampliación de urgencia de 2.500M para sanear su balance']

Con todos estos condicionantes complicando la generación de ingresos y estrechando los márgenes de beneficios de las entidades, el sector estaba condenado a defenderse por la única vía que prácticamente tiene a su alcance: la de los costes. Sólo faltaba que alguien diera el pistoletazo de salida. Y justo eso es lo que ha hecho el mayor de todos, Banco Santander, que en la tarde del jueves anunció a los sindicatos un plan para cerrar 425 oficinas en España y reducir su plantilla en un número de empleados aún no precisado.

[En directo: Todas las claves del Banco Popular en bolsa

La rentabilidad perdida

La entidad presidida por Ana Botín prende así la mecha de un proceso inevitable: la auténtica reconversión de la banca española. Tras la primera consolidación forzada por la crisis, saldada con una reducción del número de bancos y cajas de ahorro de 60 a 18 entidades entre 2008 y 2015, ahora aguarda otra exigida por las dificultades para ganar dinero. De hecho, la primera réplica al movimiento del Santander no se ha hecho esperar: Banco Ceiss, perteniente a Unicaja, anunció este viernes que ha convocado a los sindicatos para emprender una reestructuración laboral.   

Los problemas para generar ingresos y ser rentables dejan pocas alternativas; el sector asume que habrá recortes de plantilla, cierre de oficinas y más fusiones

Esta realidad se deriva fundamentalmente de los problemas de rentabilidad que arrastran las entidades. De media, los siete grandes de la banca española, los que están presentes en el Ibex 35 -Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Sabadell, Bankinter y Popular-, obtuvieron una rentabilidad sobre el capital (ROE) del 6,1% en 2015. Aunque esta cifra mejoró el 5,4% de 2014, todavía queda lejos del 12,1% registrado en promedio entre 2000 y 2008, según los datos calculados por los expertos de Analistas Financieros Internacionales (AFI) y, sobre todo, se encuentra por debajo del coste de capital (COE), situado entre el 8% y el 10%. O lo que es lo mismo, de media, la banca española está destruyendo valor

En su último Informe de Estabilidad Financiera (IEF), el Banco de España ofrecía un claro diagnóstico de este panorama. "El mantenimiento de unos niveles de ROE en el tiempo por debajo del coste del capital supone un reto para las entidades españolas, como lo es también para el conjunto del sistema bancario europeo", exponía. Y emitía un aviso que, una vez conocidos los planes del Santander y los que ya se atisban en otras entidades, resultaba premonitorio: "En estas condiciones, las entidades deberán ajustar su modelo de negocio y, cuando sea preciso, su estrategia corporativa, con objeto de adecuar su organización y estructura a un entorno económico y regulatorio muy exigente". 

Una oficina del banco Santander. (EFE)
Una oficina del banco Santander. (EFE)

Una estructura de otro tiempo

Sólo faltaba poner fecha a ese "cuando sea preciso". Y esta semana ha quedado de manifiesto que ese momento ha llegado. "En ausencia de consolidación (por el momento), recortar los costes en España es una de las pocas palancas que les quedan para mantener o incrementar los beneficios", expone Citi para valorar la decisión del Santander y sugerir que el proceso no ha hecho más que empezar. 

Conscientes de que las fusiones son más complejas y de que consumen más tiempo, las entidades han comenzado por donde se esperaba: las oficinas. Es el recurso más socorrido en un país donde siguen abundando las sucursales pese al 'tijeretazo' que ya han aplicado las entidades durante la crisis. 

El número de oficinas se ha reducido en un tercio durante la crisis, pero las más de 30.000 sucursales aún existentes convierten a España en un caso único

Según los datos del BdE, a finales de 2015 había 31.087 oficinas en España, la cifra más baja desde 1983 y un tercio menos que las más de 46.000 que se llegaron a contar en septiembre de 2008. Pero todavía son muchas, con lo que habrá más recortes, como ya ha anunciado el Santander. "Aunque los bancos españoles figuran entre los más eficientes de Europa, con una ratio de costes sobre ingresos comprendida entre el 40% y el 45%, frente al 55-60% de Europa, también posee 70 oficinas por cada 100.000 habitantes, con lo que las entidades españolas poseen la mayor densidad de sucursales de ningún país europeo y, de hecho, del mundo", precisa Citi. 

El sector tampoco tiene dudas al respecto. Más bien, lo tiene muy claro: es muy consciente de que sobran oficinas. "No nos podemos permitir el nivel de servicio que estamos dando en las oficinas al coste que tiene y con el retorno que genera", asegura uno de los responsables de la transformación digital de una entidad española. 

Sin embargo, no bastará. El sector da por descontado que la cuenta atrás hacia las fusiones se encuentra igualmente en marcha. Primero, por los problemas de rentabilidad, que evidencian que no hay negocio para todos los que hay. Segundo, por los ahorros de costes que pueden propiciar. Y tercero, y fundamental, porque así lo desean tanto el Banco de España como el Banco Central Europeo (BCE), que a su vez está muy interesado en que la Unión Bancaria se complete con fusiones europeas. "Lo que nuestra economía necesita son bancos europeos operando en un mercado europeo", proclamó Benoit Couré, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, a principios de marzo

(EFE)
(EFE)

A su vez, menos oficinas y menos entidades se traducirán en menos empleados. Los últimos datos del BdE, de finales de 2014, recogían que las entidades de crédito empleaban a 208.291 personas, el dato más bajo de la serie histórica –comienza en 1995– y 70.000 menos que en 2008. Es decir, durante la crisis las plantillas han mermado un 25%. 

O digital o nada 

Pero ni siquiera así será suficiente. Menos empleados, menos oficinas y menos entidades no garantizarán el éxito en el nuevo entorno tecnológico que también ha llegado a la banca. Es más, desde el sector reconocen que este el principal motivo por el que se habla abiertamente de reconversión, y no sólo de reestructuración. Lo que ya está en marcha va más allá de la estructura; atañe a la redefinición de la propia filosofía y estrategia del negocio. "La banca debe cambiar sí o sí. Con la rentabilidad cayendo, o es digital o no será. Ya no tiene elección. No subsistirá si no cambia su modelo de distribución", advierte un consultor dedicado al sector financiero. 

Este desafío no pasa únicamente por proporcionar nuevos soportes o canales digitales, sino por atender de forma distinta a los clientes. No basta con volcar los productos de siempre al móvil o las aplicaciones, se reconoce desde el sector, sino que la clave residirá en la experiencia ofrecida a los clientes, cuyas expectativas también difieren de las tradicionales. Y aunque esta necesidad proporcionará una contundente 'excusa' para acelerar el cierre de oficinas y la reducción de plantillas, también contiene una doble amenaza: la de no tener garantizado el éxito -el componente de ensayo y error sigue siendo alto- y la de adentrarse en un mundo, el tecnológico, en el que los competidores son distintos, algunos de ellos nativos digitales y, por tanto, más expertos. Un reto, otro más, que aguarda al sector.

Empresas

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
20 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios