tabacalera lo denunció ante la polícia

Hacienda investigó al dueño de BPA por el paso de tabaco ilegal entre Andorra y España

Antes de presidir el banco andorrano, Higini Cierco fue dueño de Industrias Montanya, una empresa en la que las autoridades pusieron el foco por supuesta venta ilegal de cajetillas de Fortuna y Ducados

Foto: Fachada de una de las sucursales del BPA. (EFE)
Fachada de una de las sucursales del BPA. (EFE)

La familia Cierco, una auténtica desconocida para el gran público, ha saltado a la luz pública por la presunta vinculación de Banca Privada d´Andorra (BPA) con organizaciones criminales para blanquear dinero de actividades fraudulentas. Pero para la Hacienda nacional, los Cierco son unos viejos conocidos, ya que en los años noventa fueron investigados por contrabando masivo de tabaco desde Andorra hacia España.

Según han confirmado fuentes relacionadas con el caso, Higini Cierco, uno de los dos hermanos que actuaban de presidentes de BPA hasta su intervención el pasado jueves, era dueño de Industrias Montanya, una compañía dedicada a la producción y distribución de tabaco para multinacionales como Philip Morris y Tabacalera, que se hizo fuerte en el Principado durante varios años.

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Las autoridades sospechaban que Industrias Montanya podía haber aprovechado el atractivo que suponía para los españoles y franceses del otro lado de la frontera de Andorra cruzar la aduana para comprar ingentes cantidades de tabaco. La empresa, que en teoría tenía unos cupos de producción bajo las marcas Ducados, Fortuna y Marlboro, los estaría superando con creces, según fuentes conocedoras del caso. En aquellos momentos, un cartón de tabaco rubio manufacturado en Andorra costaba entre 1.700 y 2.200 pesetas, y uno de tabaco americano, 2.500. En España, su precio ascendía a 3.650 pesetas.

Higini Cierco (d) y su hermano Ramon. (BPA)
Higini Cierco (d) y su hermano Ramon. (BPA)

Sin embargo, a partir de 1996, la antigua Tabacalera, preocupada por el incremento de la venta de tabaco ilegal, propuso al nuevo Gobierno del PP perseguir el contrabando, ya que, además de perjudicarla a ella, la comercialización ilegal suponía una minoración de los ingresos del Estado. En aquellos momentos, Tabacalera todavía era una empresa pública y España, sin liquidez tras la última etapa de Felipe González, necesitaba aumentar sus ingresos fiscales como el comer.

Con el visto bueno de José María Aznar, la policía empezó a hacer severos controles para atacar el paso de cajetillas de las principales marcas de Tabacalera y de Philips Morris que esquivaban el control de Hacienda. Las investigaciones consiguieron frenar en seco la actividad ilícita. El consumidor, viendo como le inspeccionaban los coches, dejó de cruzar la frontera. Las ventas de tabaco en Andorra cayeron un 60% en pocos meses, mientras que el porcentaje del contrabando pasó del 15 al 4% a nivel nacional.

Una medida "catastrófica"

“Aunque el sector ya advirtió que las consecuencias de determinadas actuaciones podían ser funestas, la situación es mucho más catastrófica e inesperada de lo que el más pesimista podía haber previsto", afirmaba el propio Cierco en 1999, que calificó la coyuntura de “catastrófica”. La situación se volvió tan delicada que el presidente del Principado pidió una reunión urgente con Aznar para suavizar los controles policiales debido al daño que estaba haciendo al turismo, la principal actividad del país vecino.

El ministro de Asuntos Exteriores andorrano, Albert Pintat, recibió a su homólogo español, Abel Matutes, con una declaración contundente: "Hemos analizado la evolución de nuestras relaciones y hemos marcado el ritmo de trabajo en la modernización y adecuación de Andorra en sus relaciones internacionales con garantías de resultados positivos (...)".

La aseveración fue una victoria para España, puesto que Matutes había exigido la necesidad de no utilizar más los privilegios aduaneros para sostener la economía del país vecino. El actual empresario mallorquín reclamó colaboración a las autoridades andorranas para evitar la fuga de dinero negro procedente de negocios ilícitos.

Tabacalera decidió cortar las relaciones con Industrias Montanya y Cierco, que había hecho mucho dinero, optó por pasarse al negocio hotelero y las gasolineras, con los que volvió a hacer mucho dinero. Nunca se demostró oficialmente su implicación en el contrabanado. Hubo un pacto de silencio. Ahora, está siendo perseguido por las autoridades estadounidenses en relación con clanes mafiosos de China, Rusia y Venezuela.

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