ENFRENTAMIENTOS ENTRE TRABAJADORES

El cierre de Fagor amenaza la ‘paz social’ en el oasis cooperativista de Mondragón

La pérdida paulatina de la mentalidad solidaria ha dado pie a una “lucha de líneas” entre los miembros de las cooperativas de Mondragón

La pérdida paulatina de la mentalidad solidaria ha dado pie a una “lucha de líneas” entre los miembros de las cooperativas de Mondragón en cuanto a la forma de entender el cooperativismo dentro del grupo. El gran pulpo que cubría con sus tentáculos todo el valle de Mondragón, incluso Euskadi entero, ha perdido una de sus extremidades por infección: Fagor Electrodomésticos. Una infección que, según una de las dos líneas en las que se divide ahora el cooperativismo en Arrasate, todavía puede contaminar el resto del cuerpo si no se pone remedio a tiempo, mientras que desde la otra se piensa que este problema particular no tiene por qué ir más allá.

Han acabado con nuestro pasado, presente y futuro”, explica Rocío, en referencia a las tres generaciones afectadas, desde la plataforma Bazkideak, compuesta por cooperativistas del grupo Fagor Electrodomésticos a la espera de reubicación. Su reivindicación principal: “Un futuro para todos”.

Por el momento, el caos que se vive en el resto de cooperativas de MCC después del cierre de Fagor Electrodomésticos, ya hace seis meses, es evidente a consecuencia de unas recolocaciones “inmaduras y coyunturales”, expone Mikel Olabe, jubilado cooperativista y miembro de la plataforma Ahots Kooperatibista.

Cooperativistas que apenas han ejercido como maestros y que, después de treinta años poniendo tornillos, están dando clases en algunas ikastolas; trabajadores que deben desplazarse dos horas en coche -ida y vuelta- para una jornada de tres horas o súbitos certificados sanitarios, donde se exponen a los trabajadores limitaciones físicas para el 30, 50 o el 85% de los puestos de trabajo entre todas las cooperativas del grupo, que nunca se comunican a los trabajadores, son ejemplos de la situación de descontrol que se vive en Arrasate. “No existe un plan B”, expone Rocío refiriéndose a las reubicaciones. “En realidad no existe ni siquiera un plan A”, se corrige, después de hacer una pausa.

'Es mucho el esfuerzo que hemos hecho para dárselo a una cooperativa que sólo creaba deuda', dice Xabi, eventual en TACI ArrasatePero lo que para unos es un desastre que resta dignidad a los cooperativistas de Fagor Electrodomésticos o eventuales de otras cooperativas que se han quedado en la calle por estas reubicaciones, para otros es un gran esfuerzo que se debería de agradecer y no tomar como un castigo.

Xabi, eventual de veintiocho años de TACI Arrasate desde hace cuatro años, ha reducido su sueldo anualmente un 3% para ayudar a paliar la deuda que iba contrayendo Fagor Electrodomésticos. “Es mucho el esfuerzo que hemos hecho para dárselo a una cooperativa que sólo creaba deuda”, explica, “y ahora, además, ayudamos con las reubicaciones a pesar de que no nos favorecen porque ralentizan la producción”.

TACI Arrasate es una de las muchas cooperativas que operan en Mondragón. Recientemente, ha tomado la decisión de cambiar su nombre para no verse afectada por “la mala fama” que se ha generado en torno a Fagor Electrodomésticos. “Nosotros hemos tenido record de ventas en este año. Lo que no puede ser es meter a todos en el mismo saco”, comenta Xabi.

Igor Ortega miembro de LANKI -Instituto de Estudios Cooperativos, adherido a la Universidad de Mondragón-, coincide en esto con el joven cooperativista. “Creo que se ha tratado el tema de forma muy sensacionalista. Pero que Fagor Electrodomésticos caiga no significa nada más que eso. Muchas otras cooperativas cayeron también y no ha pasado nada”, expone. Por su parte, Mikel Olabe de Ahots no ve bien que se haga esa distinción entre buenos y malos. Cree que de alguna manera se le deben de pedir responsabilidades al grupo MCC ya que “una vuelta a la normalidad sin exigencias no puede ser”, comenta.

Solidaridad cooperativista

En Mondragón, el bidegorri sigue repleto de paseantes, ya sea a pie o bicicleta. Las miradas apenas se dirigen hacia las instalaciones cerradas de una de las plantas de Fagor Electrodomésticos que quedan a escasos metros de uno de sus tramos. Pero si se pregunta acerca de lo sucedido, las caras se ensombrecen para certificar la preocupación latente entre los habitantes de Arrasate: “Esto nos afecta a todos de una u otra manera”, comentan algunos vecinos. “Es muy difícil que no haya uno o dos afectados en cada familia del valle”.

El tren de vida al que se estaba acostumbrado en Mondragón -sueldos entre los 1.100 y los 6.000 euros mensuales- y la idea de que era la cooperativa la que debía cuidar de los trabajadores y no al contrario han llevado a muchos cooperativistas a cierto acomodamiento, a una funcionarización del cooperativismo. Lo que ha provocado también un problema de expectativas a la hora de buscar soluciones.

Fábrica de Fagor.
Fábrica de Fagor.
Bazkideak siente que el respaldo que tienen por parte del resto de MCC es mínimo y puntual. “No se nos puede responsabilizar de todo, cuando todos formamos parte de un mismo grupo”, argumenta Rocío, basándose en la existencia de mecanismos democráticos dentro del grupo para que desde otras cooperativas se hubiese ayudado a parar a tiempo la “sangría”. 

La solidaridad dentro de los movimientos cooperativistas es la base o el pilar fundamental, “pero no el único”, advierte Igor Ortega. “La solidaridad debe operar entre los miembros, pero cuidando también la rentabilidad a largo plazo”, explica Igor. Ese “pero” es al que ahora se agarran los trabajadores de Fagor Electrodomésticos para argumentar el cambio de la mentalidad cooperativista original a una capitalista, muy similar a la de cualquier otro tipo de empresa preocupada únicamente por obtener beneficios. “En MCC no hay cooperativistas. No existen líderes que se crean el modelo”, explica Mikel Olabe, de Ahots, “El principio de solidaridad debe estar fundamentado en la práctica, no en papeles”.

No solo es a los “líderes” a los que se les ha “caído la careta” que ocultaba un individualismo muy alejado de lo que se espera de una organización cuyos principios fundamentales son “la persona” y “la solidaridad”. Lo que ha ocurrido, “este sálvese quien pueda, es consecuencia de una semilla que se plantó hace tiempo desde arriba”, comentan desde Bazkideak.

Según miembros de la plataforma Bazkideak, la entrada de capital externo traería consigo cambios: probables puestos de trabajo, en forma de reubicaciones, pero en condiciones “no cooperativistas”Lucha de líneas

Las últimas noticias acerca de la venta de las plantas en quiebra no tranquilizan a los extrabajadores de Fagor Electrodomésticos. Una cincuentena de ellos sigue con las manifestaciones semanales, los martes, en la plaza de Sebero Altube de Mondragón, rodeados de una aparente indiferencia por parte de otros vecinos que descansan sentados en los bancos repartidos alrededor. Según miembros de Bazkideak, la entrada de capital externo traería consigo nuevos cambios. Probables puestos de trabajo, en forma de reubicaciones, pero en condiciones “no cooperativistas”, con la consiguiente pérdida de los derechos ganados durante años dentro de MCC y la inquietud en los cooperativistas de más edad por la competencia a la que se vería abocada con los trabajadores más jóvenes y preparados que podrían dejarlos en la calle. Algo impensable dentro del refugio que ofrecería la cooperativa.

Esta ausencia de igualdad y protección en el seno de la Corporación Mondragón “podría acabar por crear una sociedad de clases en el valle, después de que todos hayamos sido iguales”, comenta Rocío, de Bazkideak, “Y eso es muy peligroso. No ahora, porque no va a pasar nada; pero dentro de un par de años, cuando acaben los subsidios y el paro ya veremos. Puede que acabemos todos a palos si no se ha buscado una buena solución”.

Igor Ortega, desde Lanki, resta importancia a estas declaraciones: “Hay un malestar muy grande en Mondragón, pero no un ambiente belicoso a pesar de que el palo haya sido muy gordo y las atenciones que se están haciendo sean con brocha gorda en lugar de con pincel”, manifiesta.

La clave de la solución que se plantea desde Ahots y Bazkideak es el reparto del trabajo: una reducción del salario en un 1% o pasar de 40 a 39 horas semanales por parte de todos los cooperativistas del grupo. Para Lanki, el procedimiento -más a largo plazo- pasa por un replanteamiento del modelo cooperativista “de acuerdo al escenario social al que vamos” donde el trabajo es un bien preciado. El reto: “Encontrar cooperativistas para ese nuevo modelo, con vocación de desarrollo social comunitario”, indica Igor Ortega, que está seguro de que, hoy más que nunca, el cooperativismo tiene futuro.

En medio de ese campo de batalla ideológico yace el acuerdo entre las dos líneas cooperativistas existentes hoy en Mondragón. Al tiempo que continúa esta “guerra de desgaste”, también permanece la incertidumbre entre los trabajadores y un ánimo desencantado con el modelo cooperativista por el que se ha inclinado en los últimos años MCC.

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