RECEPCIÓN EN EL PALACIO REAL POR EL 12-O

Javier Fernández enfría el optimismo de los barones y pone en duda aún la abstención

El presidente de la gestora, preocupado por la división interna y por cómo cala el mensaje de que hay que consultar a las bases. "Tengo la sensación de que me entienden más fuera que dentro", confiesa

Foto: Javier Fernández y Susana Díaz conversan con el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, este 12 de octubre durante el desfile militar, en Madrid. (EFE)
Javier Fernández y Susana Díaz conversan con el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, este 12 de octubre durante el desfile militar, en Madrid. (EFE)

Javier Fernández no se quita ese rictus de gravedad que le acompaña desde que el comité federal del PSOE le encargara presidir la comisión gestora surgida después de la defenestración de Pedro Sánchez. Sus comparecencias quedan teñidas de dramatismo, de consciencia plena de que el partido atraviesa un momento delicadísimo, de que la fractura es honda y de que no puede permitirse el lujo de errar. Lleva sobre sus hombros la responsabilidad de hacer girar al PSOE, y en tiempo récord, del no rotundo y sin matices a Mariano Rajoy a una posible abstención (ya se verá cómo, si llega) mal vista por la militancia y por varios territorios. Una tarea titánica con final próximo pero no seguro al cien por cien que le obliga a mantener una cautela mayor que sus compañeros. 

La recepción en el Palacio Real de Madrid, posterior al desfile militar por el Doce de Octubre, evidenció esa prudencia y desazón del presidente de la gestora. Se le vio inquieto, agobiado y con ganas de irse pronto tras una conversación algo tensa con la presidenta de Baleares, la sanchista Francina Armengol, y con la voluntad de no entretenerse con los periodistas que revoloteaban en torno a él en el comedor de gala, que a esas horas, las dos de la tarde, se había convertido en un embudo de invitados. En una breve conversación informal con los medios se confesó preocupado, sobre todo por el hecho de que en el PSOE haya calado la idea de que hay que someter a consulta de los militantes la decisión de si hay que abstenerse o no para facilitar la investidura de Rajoy y evitar terceras elecciones. 

De hecho, es eso lo que defiende Armengol. La presidenta del archipiélago ya habló hace unos días telefónicamente con Fernández, y este miércoles lo hicieron frente a frente, y a la vista de todos, en una esquina del comedor de gala. Ella sostuvo que luchará "hasta el final" para que no gane la abstención en el comité federal que previsiblemente se celebrará el 23 de octubre, y que no está de acuerdo con que se hable de esa salida cuando "nadie" la ha planteado hasta ahora formalmente en el comité federal.

Fernández y Armengol mantienen una conversación tensa a la vista de todos. La presidenta balear defiende que se consulte a las bases del PSOE

Armengol también se quejó de que, al convocarse el máximo órgano tan tarde, la víspera de la última ronda de contactos del Rey, no habrá margen para consultar a las bases, que es lo que ella cree necesario. La presidenta concluyó que quien controla los tiempos, la gestora, es consciente de que con su decisión está en realidad cerrando puertas a otras opciones. Ella, que desde el 26-J y hasta la caída de Sánchez creía que era posible un Gobierno alternativo, defiende que es mejor enfrentarse a nuevas elecciones antes que dar paso a Rajoy. Por si no había quedado clara su postura, la reflejó en Twitter, en un mensaje contestado por numerosas muestras de apoyo. 

En su pequeño intercambio de impresiones con los informadores, Fernández dejó otra declaración que da muestra de lo difícil que está siéndole reencauzar la crisis del partido tras la dimisión de Sánchez, que las resistencias son muchas: "Tengo la sensación de que me entienden más fuera que dentro". O sea, que su postura es comprendida mejor extramuros del PSOE que dentro. Él está convencido de que conviene abstenerse ahora, porque es "mejor" un Gobierno en minoría del PP que otro que se acerque a la mayoría absoluta tras una nueva llamada a las urnas.

Dirigentes que le conocen bien no se extrañan de su prudencia y hasta pesadumbre. "Él es así. Es muy responsable, y no es para menos. No está tan preocupado por el hecho de que la abstención pueda no salir aprobada en el comité, sino más bien por la agitación de los sanchistas, y porque la situación es envenenada. Por todo", advertía una responsable que recordaba lo que el propio presidente asturiano advirtió en julio: que convenía no ir demasiado lejos en el no porque después sería más difícil rebobinar. Y en ello está ahora, con muy poco tiempo de margen. "La ventaja es que ha entrado como un cañón. Él es excelente en todo", añadía esta misma fuente, que mantiene un continuo contacto con el jefe del Principado. 

Javier Fernández enfría el optimismo de los barones y pone en duda aún la abstención

"Indulgencia para todo"

Fernández se marchó enseguida del Palacio Real. No conversó ni con Rajoy ni con el Rey —sí le estrechó la mano, y también a doña Letizia en la línea de saludos en el contiguo Salón del Trono—, pero otros compañeros suyos sí se quedaron más rezagados y departieron con los periodistas, y disculparon sus prisas. "Después de lo que está pasando, tiene indulgencia para todo", le excusó la presidenta andaluza. Susana Díaz y Emiliano García-Page sí se mostraron convencidos de que la propuesta que formule la gestora —teóricamente la abstención, aunque el término sigue siendo tabú y no se explicita— saldrá vencedor en el comité federal. Así, la jefa de la Junta recalcó que habrá una "mayoría sólida" que respalde el planteamiento de la dirección interina, que así quedará "reforzada", que el comité del día 23 (ya se da por segura esa fecha, aunque no esté confirmada) "será corto y no se convertirá en un 'show'". Es decir, que no se repetirá el traumático espectáculo del pasado 1 de octubre. "Ya no hay clima bélico", el partido está entrando en la "serenidad" y la "tranquilidad" e incluso el clima en las agrupaciones no es el mismo que una semana atrás. Por esa razón está segura de que en una semana se llegará a un acuerdo. +

Díaz, Page y Vara se muestran convencidos de que no habrá nuevas elecciones y creen que saldrá avalada con holgura la postura que esgrima la gestora

Ya lo expresaban gráficamente fuentes próximas a la presidenta de la Junta: el PSOE pasó de "estar en la locura de un 'after'", el local en el que los fiesteros prosiguen la juerga, "a un spa", al relax. Una visión más optimista que choca con la expresada por Fernández.

Javier Fernández enfría el optimismo de los barones y pone en duda aún la abstención

Díaz rechazó en todo momento adelantar a los periodistas qué postura defenderá en el comité. No pronunció la palabra abstención, pese a que esa es la salida que en su entorno más directo patrocinan. "Ahora hay que dejar trabajar a Javier y yo lo único que puedo hacer es ayudarle. "Ya os cansaréis de escucharme. Cuando toque, hablaré", alegó ante los periodistas presentes en el cóctel. La baronesa andaluza mide mucho sus tiempos y sus pasos, y no quiere ser estigmatizada con la abstención. Pretende que sea Fernández quien enarbole el viraje dentro del PSOE. 

"No va a haber terceras elecciones", vaticinó con completo convencimiento García-Page. Él tampoco quiso contar cuál será su postura, sí augurar que el comité aprobará por "mayoría holgada" la fórmula para evitar esa nueva llamada a las urnas. ¿Cómo? El presidente manchego apuntó alternativas como la abstención o ausencia de los 11 diputados socialistas que le harían falta a Rajoy para resultar reelegido. O bien que PP y PNV lleguen a algún tipo de entente que haga a los cinco parlamentarios nacionalistas vascos apoyar a los conservadores o abstenerse. Page quiere implicar al PNV en la investidura, para corresponsabilizar a otro partido de que el jefe del PP siga en La Moncloa. Aseguró además que su partido "está hablando con el PNV" para arrancarle un cambio de postura. Fuentes de su entorno más directo precisaron después que estaba expresando más un deseo, una voluntad. "Ahora está todo el mundo hablando, pero no está hablando de negociar nada", indicaron estas fuentes. Desde el círculo más estrecho de Fernández negaron conversaciones con los nacionalistas vascos, y estos también lo hicieron y refrendaron su no a Rajoy. 

Que el PSC se cuide

El presidente manchego, no obstante, no ocultó que el PSOE está lejos aún de la recuperación. Puso un símil: el partido es un enfermo aún muy débil, con el pulso muy bajo, que ha sufrido una "operación de trasplante" —el costoso derribo de Sánchez— que no ha culminado aún (porque no hay nuevo secretario general), y que está todavía en un posoperatorio complicado, "con riesgo de hemorragia". No por ello se arrepiente. En modo alguno. Cree que desalojar a Sánchez era necesario porque era necesario frenar una "declaración de intenciones" prevista para finales de mes, según la cual "permitiría a las formaciones independentistas" facilitarle el Gobierno, auténtica línea roja para los barones críticos, convencidos de que su red de alianzas estaba más avanzada de lo que parecía. Aún le esperan "informaciones peligrosas" al ex secretario general en pocas semanas, que no concretó. 

El presidente manchego compara al PSOE con un enfermo "con riesgo de hemorragia" y lanza como salidas abstención parcial del grupo o implicar al PNV

El "trasplante", siguiendo con su imagen, tendrá que completarse en el siguiente congreso, que se celebrará "dentro de varios meses" (o sea, de forma nada inminente). No cree que Sánchez pueda volver a optar al liderazgo del PSOE porque sus bases se están deshilachando. Y el PSC, su principal bastión orgánico, "no puede amenazar" ahora con que romperá la disciplina de voto en la investidura, porque entonces los socialistas podrían replantearse su protocolo de relaciones con el partido hermano y este quedarse fuera del congreso federal del PSOE. Así, Díaz, la apuesta de Page y de los demás presidentes críticos, lo tendría más fácil para conquistar Ferraz, advirtió. 

Javier Fernández enfría el optimismo de los barones y pone en duda aún la abstención

El extremeño Guillermo Fernández Vara, que se había reunido por la mañana con Fernández, también admitió que el PSOE atraviesa un momento complicado que aconseja la prudencia. Él tambien se mostró confiado en que no habrá terceras elecciones, pero no quiso siquiera reafirmarse en su posición inicial, la que dejó clara tras el 26-J, la abstención. Es momento de escuchar, defendió. Por eso él reunió el pasado 5 de octubre en Mérida a dirigentes y diferentes cargos públicos del partido para debatir sobre la investidura y para que él les explicase lo ocurrido en los últimos meses y su postura. Page no tiene prevista una asamblea similar. 

En los corrillos con periodistas faltó el presidente de Aragón, Javier Lambán, que sí acudió al desfile militar en la capital, con epicentro en la plaza de Cánovas del Castillo (Neptuno), pero que no se dejó ver en el Palacio Real, porque volvió a Zaragoza a las Fiestas del Pilar. El valenciano Ximo Puig se ausentó a los dos actos porque viajó el martes a Cuba con empresarios y no regresará hasta el sábado. 

Sintonía de los dos portavoces

El siguiente escalón en la representación socialista lo conformaba el presidente-portavoz del grupo en el Congreso, Antonio Hernando. Reconoció que le será "complicado" explicar a su partido y a los militantes por qué ha decidido continuar ejerciendo sus funciones a petición de la gestora, pero confió en salir airoso, informa Europa Press. Hernando, que conversó largamente durante la mañana con su homólogo del PP, Rafa Hernando, tampoco quiso aclarar qué sería mejor para el PSOE en caso de optar por la abstención, si votar en bloque o bien facilitar a Rajoy los votos precisos.

Javier Fernández enfría el optimismo de los barones y pone en duda aún la abstención

Diez días quedan para el comité federal (si no se mueve del 23), y 18 para la disolución automática de las Cortes en caso de que no haya investidura. El PSOE sigue deshojando su margarita. La gestora, con Javier Fernández al frente, empuja hacia la abstención, igual que los principales barones, pero los pasos no son fáciles ni saldrán gratis. El PSOE sigue en la UCI. Enfermo a la vista de todos y demasiado débil como para afrontar con garantías otra convulsión. 

Toda la expectación para el PSOE

El foco informativo del 12 de Octubre de este año estaba situado en los socialistas, tanto en la parada militar como en la recepción posterior en el comedor de gala del Palacio Real. La sensación que reinaba, no solo en los corrillos de dirigentes del PSOE, sino también en los del PP o en el que protagonizó Albert Rivera -estrella en el cóctel de 2015 pero esta vez más desdibujado-, era que se lograrán evitar las terceras elecciones, aunque la prudencia impera. "Lo mejor que puedo hacer es estar callado", sentenció el presidente en funciones, Mariano Rajoy. Los responsables del PP se congratulaban de que al menos hubiera diálogo con Ferraz, cosa que antes no ocurría con Pedro Sánchez, recordaban. 

"He visto amor. Hoy aquí había amor", describía el presidente de Cantabria, el regionalista Miguel Ángel Revilla. Y eso que los periodistas no pudieron ver quizá el corrillo más lucido: el que protagonizaron el Gobierno en funciones y los presidentes autonómicos en un espacio más pequeño y contiguo al Salón del Trono, donde se dispuso el besamanos con los reyes Felipe VI y Letizia. 

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