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La AIE da alas a Macron en el H2Med: ahora toca contar las emisiones del hidrógeno, no su origen
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AL CONTRARIO DE LO QUE DEFIENDE ESPAÑA

La AIE da alas a Macron en el H2Med: ahora toca contar las emisiones del hidrógeno, no su origen

El organismo pide relegar como criterio de inversión la forma es que se obtuvo la energía, lo que favorece al hidrógeno nuclear francés. Lo importante es que el proceso no contamine

Foto: Los presidentes de Francia, Emmanuel Macron, y España, Pedro Sánchez. (EFE/Andreu Dalmau)
Los presidentes de Francia, Emmanuel Macron, y España, Pedro Sánchez. (EFE/Andreu Dalmau)
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Durante los últimos meses, se ha hablado mucho de una peculiar paleta de colores para designar el origen del hidrógeno (H2). Marrón, para el que se obtiene a partir de carbón; gris y azul, que utilizan el gas natural como materia prima —con o sin captura de carbono, respectivamente—; verde, que emplea energías renovables para separarlo del oxígeno a través del proceso de electrólisis del agua... y, finalmente, rosa, que hace lo mismo, pero con la electricidad generada en centrales nucleares. Este último se ha convertido en la madre de todas las batallas entre ambos lados de los Pirineos, con el futuro del conducto H2Med como telón de fondo.

Francia ya se anotó un punto el pasado febrero, cuando la Comisión Europea aprobó un acto delegado que abría la puerta a que el hidrógeno de origen atómico fuese considerado verde, con la frontal oposición de España. La presión de París, al frente de una coalición de países pronucleares, también se acabó imponiendo en junio, durante las negociaciones de la nueva directiva europea RED III, para la que ya hay un principio de acuerdo que tendrá que ser ratificado en septiembre por el Parlamento y el Consejo. En las bambalinas de estos movimientos se halla la legitimación comunitaria del modelo francés, en un momento de cambio —la primera y gran victoria fue incluir la nuclear como energía de transición en la taxonomía europea—, pero también una cuestión de dinero: si el hidrógeno rosa cuenta para los objetivos de energías renovables, los proyectos podrán obtener financiación de Bruselas, y también captar mayores inversiones privadas.

Foto: La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. (Reuters/Santos Moura)

Ahora, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) irrumpe en el debate con una propuesta que da alas a las pretensiones del presidente francés, Emmanuel Macron. Y, de alguna manera, desautoriza a la ministra de Transición Ecológica española, Teresa Ribera, quien llegó a amenazar con dejar de exportar electricidad al país vecino si este la usa para sustituir el déficit dejado por la de origen nuclear empleada para producir hidrógeno rosa. La organización creada por la OCDE para coordinar las políticas energéticas de sus socios aboga por olvidarse de esa paleta de colores y, de momento, pintar un único dato en la ecuación: las emisiones de dióxido de carbono que generan las diferentes formas de producir hidrógeno.

En un informe titulado Hacia definiciones de hidrógeno basadas en la intensidad de sus emisiones, el organismo con sede en París propone establecer una clasificación internacional de esta fuente de energía, llamada a jugar un papel clave en el proceso de descarbonización, de manera que todos los agentes —tanto los Estados como el sector privado— empleen los mismos criterios a la hora de decidir sus inversiones, y los consumidores puedan obtener una información más transparente sobre su impacto ambiental.

Da igual que se emplee la energía nuclear o las renovables para obtenerlo: lo importante es que las emisiones de CO₂ sean bajas

"En la actualidad, se emplean varias terminologías diferentes para categorizar el hidrógeno en función de cómo se produce, incluyendo sostenible o limpio. Aún más común es el uso de colores, como el hidrógeno gris, azul, rosa o verde. Sin embargo, no hay definiciones acordadas para estos términos, y pueden oscurecer muchos niveles diferentes de emisiones potenciales", denuncia el documento. Y, aunque no niega que esto pueda ser útil para los grupos menos familiarizados con la cuestión, defiende complementar estos sistemas con un estándar "más preciso" que recoja cuánto contamina realmente cada uno de los procesos para la obtención del hidrógeno. Se trata de un argumento muy similar al que emplea Macron, según el cual da igual que se emplee la energía nuclear o las renovables: lo importante es que las emisiones de CO₂ sean bajas.

El documento de la AIE, que se repartió en abril entre los participantes de la última cumbre ministerial del G7 sobre medioambiente, certifica que el hidrógeno rosa apenas contamina: solo emite entre 0,1 y 0,3 kilogramos de dióxido de carbono por cada kilo de H2 producido. Esto es debido a que, pese a no generar emisiones, la energía atómica emplea uranio, y durante su proceso de minado y enriquecimiento sí se emite CO₂.

En cualquier caso, se trata de una contaminación anecdótica, como demuestra el esbozo de clasificación que componen los expertos de la Agencia. De los nueve grupos que proponen establecer en función del impacto medioambiental del proceso, el hidrógeno nuclear se sitúa en el segundo menos nocivo, que es el que emite entre nada y medio kilo de dióxido de carbono. Comparte tramo con el hidrógeno verde, que, si bien no genera emisiones, tampoco las captura. El obtenido a partir de biomasa con captura de carbono es el único que forma parte del primer grupo, ya que logra reducir el CO₂ presente en la atmósfera a lo largo del proceso.

Las diferencia entre el hidrógeno nuclear y el verde resultan, por tanto, mínimas en lo que se refiere a las emisiones, que es el criterio propuesto por los técnicos de la AIE. Sin embargo, también reconocen que se pueden tener en cuenta otros factores para establecer nuevas clasificaciones, atendiendo a criterios medioambientales o incluso socioeconómicos, como ya estudian Canadá, Chile o Colombia, en aras a preservar la forma de vida de los indígenas. Como es lógico, entre los primeros incluyen el origen del hidrógeno, aunque reconocen que no es el objetivo del informe estudiar esa cuestión.

Un hidroducto en juego

La AIE no está diciendo en ningún caso que la forma en que se produce el hidrógeno sea un detalle irrelevante, pero sí establece unas prioridades muy claras, que es lo que Francia siempre ha defendido en las discusiones comunitarias sobre la transición energética. En ese contexto, el organismo dicta sentencia sobre qué es lo que urge en estos momentos: "Comenzar con un marco de contabilidad de emisiones acordado internacionalmente para la producción de hidrógeno puede proporcionar claridad regulatoria y ayudar a los actores a desbloquear la inversión, escalar sus proyectos y permitir que el mercado madure. La experiencia adquirida mientras esto sucede puede ayudar con la subsiguiente incorporación de elementos adicionales de sostenibilidad. Un acuerdo marco contable internacional es un primer paso centrado exclusivamente en las emisiones de gases de efecto invernadero, pero no impide la adopción de criterios de sostenibilidad adicionales en el futuro".

Foto: Los presidentes de Francia y España, Emmanuel Macron y Pedro Sánchez. (EFE/Andreu Dalmau)

"En el futuro", ahí reside la clave de la cuestión. En el presente, vale todo lo que reduzca las emisiones, así para la Unión Europea como para la Agencia Internacional de la Energía. Y eso deja la estrategia purista de España —solo lo renovable es verde— en una posición comprometida. El hidroducto H2Med, una obra de 2.500 millones de euros que deberá unir Barcelona con Marsella y ya ha pasado el primer filtro de la Comisión, se juega este otoño la financiación comunitaria. Hasta ahora, nuestro país tenía la baza de la financiación para frenar las pretensiones de Francia, que reclama un conducto bidireccional, de tal forma que pueda bombear hidrógeno rosa de norte a sur, y no solo hidrógeno verde de sur a norte, como recogía el espíritu inicial del proyecto. Las últimas victorias diplomáticas en Bruselas han reforzado a París, que ahora ve cómo la AIE comparte su estrategia.

Son las emisiones, no el origen. Eso es lo que cuenta en esta fase de la película. Está por ver si en los próximos pases España acaba cediendo —si hay un cambio de Gobierno en las elecciones del 23 de julio, es lo más seguro— o se agarra a una posición maximalista que pondría en riesgo la viabilidad del proyecto. Una vez más.

Durante los últimos meses, se ha hablado mucho de una peculiar paleta de colores para designar el origen del hidrógeno (H2). Marrón, para el que se obtiene a partir de carbón; gris y azul, que utilizan el gas natural como materia prima —con o sin captura de carbono, respectivamente—; verde, que emplea energías renovables para separarlo del oxígeno a través del proceso de electrólisis del agua... y, finalmente, rosa, que hace lo mismo, pero con la electricidad generada en centrales nucleares. Este último se ha convertido en la madre de todas las batallas entre ambos lados de los Pirineos, con el futuro del conducto H2Med como telón de fondo.

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