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Una Eurocámara dividida respalda dar la etiqueta verde a las inversiones en gas y nuclear
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Debate sobre las energías verdes

Una Eurocámara dividida respalda dar la etiqueta verde a las inversiones en gas y nuclear

Los eurodiputados contrarios a la propuesta de la Comisión Europea se han quedado cortos y no han podido bloquear la inclusión del gas y la nuclear en la taxonomía europea

Foto: Sesión de la Eurocámara. (EFE/Patrick Seeger)
Sesión de la Eurocámara. (EFE/Patrick Seeger)

Se ha tratado de una votación ajustada en la que los eurodiputados han seguido más las consignas nacionales que lo que marcaba su familia política europea. La propia propuesta de la Comisión Europea era un ejercicio de equilibrismo. En ella, Francia lideró un grupo de Estados miembros, entre los que se encontraban Hungría o República Checa, que pedían la inclusión de la energía nuclear. A esta se oponía frontalmente el Gobierno alemán, que, sin embargo, defendía la inclusión del gas. El resultado fue una especie de compromiso que dejó contentos a muy pocos. Y dejó la pelota en el tejado del Parlamento Europeo.

Esto no significa que a partir de ahora se vaya a invertir en gas y en energía nuclear. La taxonomía es una especie de “etiquetado” ecológico con el que se busca que las inversiones vayan dirigidas a energías limpias y a proyectos que estén alineados con los objetivos climáticos de la Unión Europea. Se trata, explican desde el Ejecutivo comunitario, de una especie de mal menor, energías que no son tan contaminantes y que pueden ayudar a la transición hacia unas energías limpias. Mairead McGuinness, comisaria de Servicios Financieros, pidió este martes “ser realistas”. “Nuestra taxonomía apunta a las renovables como prioridad”, señaló la irlandesa, aunque sostuvo que “hay que aceptar que vamos a tener que invertir en gas y nuclear en una fase transitoria”.

Foto: Central de carbón en Alemania. (iStock) Opinión
Por un no a la taxonomía que solo beneficiaría a Francia y Alemania
Sara Bourehiyi Bouraiji Nuria Blázquez Sánchez

El poder en la Eurocámara

El Parlamento Europeo es seguramente la institución más conocida fuera de Bruselas, pero es también la que en muchas ocasiones tiene menos oportunidades para ejercer un rol destacado. Sí, tienen su asiento en las negociaciones para sacar adelante la legislación europea, y sí, su poder se ha ido expandiendo en los últimos años. Pero pocas veces puede dar un golpe sobre la mesa y hacer girar la agenda y marcar el ritmo. Este miércoles fue una de esas pocas veces.

La Comisión, aprovechando que los Estados miembros le habían otorgado un amplio poder en este asunto, había aprobado la inclusión del gas y la nuclear dentro de la taxonomía. Para ello, Bruselas utilizó el acto delegado, que complica, y mucho, las mayorías de bloqueo. Por ejemplo, en el Consejo, donde se sientan los ministros de los distintos países europeos, era necesario que al menos 20 Estados miembros representando al 65% de la población europea se opusieran. Los números no salen. Pero el Parlamento Europeo tenía una oportunidad de oro: requería solamente una mayoría absoluta para bloquearlo, como solicitaban muchas organizaciones, activistas, partidos ecologistas y también gobiernos de distintos Estados miembros.

Foto: Central nuclear. (EFE/EPA/Ronald Wittek) Opinión

El debate no ha sido sencillo. Se han mezclado agendas, intereses e instrucciones llegadas desde los gobiernos nacionales a sus eurodiputados para evitar que nadie rompa filas. Bas Eickhout, eurodiputado alemán de Los Verdes, criticó durante el debate que la actual taxonomía es “un puro juego político jugado por Francia, con criterios escritos por Francia, que beneficia solo a Francia”, lo que provocó una fuerte reacción por parte de miembros de Renew Europe, el partido liberal dominado por la formación de Emmanuel Macron, presidente francés.

Se ha tratado de una votación ajustada en la que los eurodiputados han seguido más las consignas nacionales que lo que marcaba su familia política europea. La propia propuesta de la Comisión Europea era un ejercicio de equilibrismo. En ella, Francia lideró un grupo de Estados miembros, entre los que se encontraban Hungría o República Checa, que pedían la inclusión de la energía nuclear. A esta se oponía frontalmente el Gobierno alemán, que, sin embargo, defendía la inclusión del gas. El resultado fue una especie de compromiso que dejó contentos a muy pocos. Y dejó la pelota en el tejado del Parlamento Europeo.

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