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El plan de Alemania para independizarse del gas ruso no cuadra con el de Bruselas
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MUCHO MENOS AMBICIOSO

El plan de Alemania para independizarse del gas ruso no cuadra con el de Bruselas

La locomotora aspira a reducir sus importaciones del Kremlin entre un 25 y un 45% antes de final de año, frente al 65% que plantea la Comisión para el conjunto de los socios

Foto: El canciller alemán, Olaf Scholz, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters/Henry Nicholls)
El canciller alemán, Olaf Scholz, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters/Henry Nicholls)
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Alemania anunció este viernes que se independizará del gas ruso en 2024. Tras una gira por numerosos países para asegurarse alternativas de suministro, el ministro 'verde' de Protección Climática, Economía y Energía, Robert Habeck, compareció en una rueda de prensa para presentar un plan que enmienda por completo la política energética del país desde comienzos de siglo. Se acabaron las componendas con el Kremlin, que impulsó el excanciller Gerhard Schröder —le valió un puesto en el consejo de administración del gigante paraestatal Gazprom— y mantuvo su sucesora Angela Merkel para aplacar al presidente ruso, Vladímir Putin. Pero no es suficiente: la letra pequeña de la estrategia alemana esconde un detalle que no agradará nada en los despachos de Bruselas.

A primera vista, la propuesta germana es incluso más ambiciosa que la del Ejecutivo de Ursula von der Leyen. Mientras las autoridades comunitarias abogan por reducir a cero las importaciones de gas ruso para 2030, la hoja de ruta de Berlín adelanta ese escenario seis años. Según el documento 'Energy security progress report', el objetivo "se puede lograr en gran medida" para el verano de 2024, con una dependencia de apenas el 10%. Parece mucho comparado con España —nuestro país importó un 10,4% de gas de Rusia en 2020 y un 8,9% en 2021, según la operadora del sistema Enagás—, pero constituye una reducción espectacular: hasta que Putin puso el mercado patas arriba, el 55% del suministro alemán estaba subordinado al Kremlin, como reconoce el informe del Ministerio de Economía.

La locomotora comunitaria ha sacado pecho de una estrategia que se queda muy lejos de los objetivos marcados por la Comisión

Precisamente por esa dependencia, 15 puntos superior a la media europea, la autonomía se antoja mucho más difícil de conseguir en el corto plazo. Tanto, que la locomotora comunitaria ha sacado pecho de una estrategia que se queda muy lejos de los objetivos marcados por Bruselas. Seguro que les suena la cifra: en una comunicación del 8 de marzo, la Comisión instaba a los Estados a reducir en dos tercios su dependencia del gas ruso de aquí a diciembre. En concreto, el Ejecutivo comunitario estimaba que, de los 155.000 millones de metros cúbicos (155 bcm, en la jerga del sector) que los Veintisiete importan de Rusia cada año, 101.500 pueden suplirse antes de que acabe 2022. Esto supondría una disminución del 65,5%. "No podemos confiar en un proveedor que nos está amenazando explícitamente. Tenemos que actuar ahora", dijo entonces la presidenta de la Comisión.

Alemania comparte el objetivo, pero prefiere no ir tan rápido. O, simplemente, no se lo puede permitir. Mientras la Unión Europa pretende acabar el año con solo un 13% de dependencia de gas ruso —en el caso de España, por ejemplo, sería un ridículo 3%, si se aplica el coeficiente de reducción establecido por Bruselas—, la primera economía del euro se conforma con alcanzar un 30%. ¿Qué recorte supondría esto? Las cifras bailan entre un 25 y un 45% en función de dónde se establezca el punto de referencia, pero en cualquiera de los dos escenarios se queda muy lejos de los dos tercios que contempla el Ejecutivo comunitario. E incluso por debajo de lo que la patronal energética BDEW considera posible (un 50%).

Foto: Foto: Reuters/Maxim Shemetov.

Según la hoja de ruta del Ministerio de Economía, Alemania ha rebajado en 15 puntos su dependencia del Kremlin durante el primer trimestre, ya que Gazprom cerró el grifo del mercado 'spot' durante el invierno —siguió bombeando para cumplir los contratos a plazo— y obligó a hacer uso de las reservas, como contaba este viernes El Confidencial. Al mismo tiempo, "la compra de gas de Noruega y los Países Bajos se ha intensificado, y las importaciones de gas natural licuado (GNL) se han incrementado significativamente", destaca el informe. El proceso de sustitución habría comenzado por la fuerza de los acontecimientos, y sitúa la dependencia actual en un 40%. Con esa referencia, alcanzar un 30% cuando acabe 2022 supondría reducir en una cuarta parte las compras a Putin. Si se parte del 55% de los últimos años, estaríamos hablando de una disminución del 45%.

Se puede argumentar que pedir una reducción general sin especificar qué parte le toca a cada socio es injusto, ya que Alemania tiene un mercado potencial inmensamente superior al de la mayoría de los Estados miembros y depende mucho más de Rusia. En ese contexto, reducir en dos tercios sus importaciones le supone a la locomotora europea un esfuerzo mucho mayor que, por ejemplo, a España. Es cierto: la nación liderada por el socialdemócrata Olaf Scholz importó en 2021 46 bcm de gas ruso, según el documento del Ministerio de Economía, lo que representa un 30% de todo lo que compra la Unión. Berlín no planea cumplir y, por mucho que otros países hagan un sacrificio adicional por desligarse del Kremlin, la escasa ambición —o el realismo— de la potencia centroeuropea deja heridos de muerte los planes del Ejecutivo comunitario.

El paso atrás del Gobierno alemán hace prever una revisión de las metas europeas

El escenario está abierto. La propuesta legislativa emitida por la Comisión el pasado miércoles solo contemplaba la obligación de llegar al 31 de octubre con las reservas de gas al 80% de su capacidad, pero no estipulaba cómo conseguirlo. En cambio, la comunicación del 8 de marzo no es más que una declaración de intenciones sin ningún impacto legislativo. De hecho, el propio Ejecutivo comunitario reconoce que el cuadro donde explica de dónde sacar el gas que se le deje de comprar a Rusia cuenta con cifras aproximadas. En este contexto, el paso atrás de Alemania hace prever una revisión de los objetivos comunitarios durante los próximos meses: o Berlín se adapta a Bruselas o Bruselas se adapta a Berlín, como es patrón común en los últimos años.

Todo depende del GNL

De momento, el Ejecutivo de Von der Leyen ha dado un golpe encima de la mesa gracias al acuerdo firmado este viernes con Estados Unidos. El socio norteamericano aportará 15 bcm adicionales al año a través de los barcos de gas natural licuado que llegan a los puertos europeos. Esto permitirá sustituir todo el GNL procedente de Rusia, pero apenas representa el 10% del total de las compras al régimen de Putin. Para reducir en dos tercios la dependencia, es necesario importar otros 35 bcm de GNL y 10 bcm de gas convencional a través de diferentes países, además de implantar nuevas medidas de ahorro energético y cubrir parte del consumo actual con renovables. Sin desmerecer los grandes esfuerzos de la comisaria de Energía, Kadri Simon, para cerrar nuevos suministradores, cada país está viendo cómo se las arregla por su cuenta. Y Alemania se halla en el centro de todos los movimientos. No le queda otra opción.

Foto: Cartel del gasoducto Nord Stream 2. (EFE/Clemens Bilan)

El plan de Habeck llega después de una intensa gira en la que no solo ha logrado el compromiso de algunos de los proveedores tradicionales, como Noruega, para bombear más, sino también la apertura de nuevos mercados, como el catarí. Todas las posibilidades de futuro pasan por el GNL: cuantos más barcos lleguen, más rápido y contundente será la consecución de la autonomía frente a Rusia. Aunque sea a costa de incrementar la factura.

Pero Alemania tiene un potencial regasificador muy limitado, y por eso el plan contempla arrendar tres plataformas flotantes que permitan disponer de 7,5 bcm adicionales de GNL para el próximo invierno, que irán creciendo en los años sucesivos hasta los 27 bcm, y poner en marcha una nueva con capacidad para 8 bcm que no estará lista hasta 2026. La inversión en infraestructuras lleva su tiempo, de ahí que el objetivo a largo plazo sea mucho más ambicioso que el de este año.

Los acuerdos alcanzados por Habeck sirven de poco si después no hay manera de que el gas que llega licuado a los puertos entre en el sistema en su estado original. Y por eso Berlín mira de reojo a España, que posee un tercio de la capacidad regasificadora del continente. Aunque no forma parte del plan oficial, el propio Scholz reconoció esta semana el interés por echar mano de las plataformas del oeste de Europa para abastecerse, pero un portavoz del Ministerio de Economía aclaró que eso no significa construir nuevos ductos para importar gas procedente de la península. Bruselas tampoco contempla, por ahora, pagar la mejora de las interconexiones a través de los Pirineos, como pide Moncloa. Todos quieren independizarse de Rusia, pero nadie quiere poner el dinero. Quizá el plan alemán sea el más pragmático (una vez más), y haya que esperar a 2024 para asegurar una verdadera autonomía del Kremlin.

Alemania anunció este viernes que se independizará del gas ruso en 2024. Tras una gira por numerosos países para asegurarse alternativas de suministro, el ministro 'verde' de Protección Climática, Economía y Energía, Robert Habeck, compareció en una rueda de prensa para presentar un plan que enmienda por completo la política energética del país desde comienzos de siglo. Se acabaron las componendas con el Kremlin, que impulsó el excanciller Gerhard Schröder —le valió un puesto en el consejo de administración del gigante paraestatal Gazprom— y mantuvo su sucesora Angela Merkel para aplacar al presidente ruso, Vladímir Putin. Pero no es suficiente: la letra pequeña de la estrategia alemana esconde un detalle que no agradará nada en los despachos de Bruselas.

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