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Por qué no debe preocupar tanto la inflación (según la banquera central alemana)
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ISABEL SCHNABEL SE DESMARCA DE LA ORTODOXIA

Por qué no debe preocupar tanto la inflación (según la banquera central alemana)

La ortodoxia alemana en el BCE flaquea. Su representante en el consejo ejecutivo se alinea claramente con los menos partidarios de un endurecimiento de la política monetaria

Foto: Escultura del euro en Fráncfort. (EFE/Armando Babani)
Escultura del euro en Fráncfort. (EFE/Armando Babani)
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Los halcones ahora son palomas. Al menos, en el Banco Central Europeo. Incluso los más conspicuos. No es fácil encontrar a un miembro alemán en el comité ejecutivo del BCE quitándole hierro a la inflación cuando en su país el IPC (índice de precios de consumo) ha escalado hasta el 4,6%, la tasa más elevada desde 1993. Incluso por encima del 4,1% en el conjunto de la zona del euro.

Estos niveles, según Isabel Schnabel, la influyente economista alemana, son perfectamente asumibles, y ni siquiera preocupa que este mes de noviembre —aún no hay datos— la inflación vaya a alcanzar el nivel máximo desde la introducción del euro, en 1999. ¿Por qué? En su opinión, porque el repunte de la inflación responde a cuestiones muy concretas: aumento de los precios de la energía, escasez de bienes por los cuellos de botella que existen en las cadenas de aprovisionamiento (lo que afecta al coste de los bienes y a los salarios) y, por último, por un efecto base en términos estadísticos (el IPC se hundió el año 2020).

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El despertar de la inflación: calcula cuánto te cuesta la subida de precios
Javier Jorrín Laura Martín Rocío Márquez Luis Rodríguez Fernando Anido

Su conclusión no deja lugar a dudas. Pese a la gran incertidumbre que genera el alza de los precios, lo cierto es que la inflación disminuirá “visiblemente” durante el próximo año y volverá a caer “gradualmente” por debajo del 2% autoimpuesto por el BCE como objetivo de política monetaria a medio plazo tras su última revisión. Esto hace, sostiene Schnabel, que sea “muy poco probable que se cumplan las condiciones para aumentar los tipos de interés”. O lo que es lo mismo, sostiene la economista alemana, “esto significa evitar el error de un endurecimiento prematuro de la política monetaria en respuesta a un pico de inflación temporal”, aunque, eso sí, más largo de lo previsto inicialmente.

Ortodoxia monetaria

La economista Isabel Schnabel (Dortmund, 1971), hay que recordarlo una vez más, es alemana, y representa una cierta heterodoxia respecto de lo que han sido tradicionalmente los representantes germanos en el BCE. El último, Jens Weidmann, el miembro más antiguo del Consejo de Gobierno del banco central, quien apura sus últimas semanas en el Bundesbank tras haber dimitido hace un mes “por motivos personales”, y que siempre ha defendido las posiciones más ortodoxas, y más en un contexto inflacionista como el actual, lo que significa lisa y llanamente ir empezando a retirar estímulos. Una posición en la que no solo está Weidmann, además de los gobernadores de Austria o de Finlandia, sino también el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, según fuentes solventes.

Foto: bancos-centrales-mercados-tipos-interes-bra

Esa posición 'ortodoxa' es la que descartó Schnabel en un conferencia 'online' organizada el pasado miércoles desde Fráncfort por Goldman Sachs, y para ello se apoya, precisamente, en lo que piensan los mercados financieros, que esperan “una disminución considerable y duradera de la inflación en 2022”. Dicho de otro modo, descarta que se vuelva a las inflaciones galopantes de los años setenta. Entre otras razones, y aquí está la paradoja, porque al contrario que en aquella época el entorno macroeconómico se caracteriza por problemas de oferta, y no de demanda, lo que atempera los precios. O dicho de otra manera, los cuellos de botella moderan el choque de demanda que se ha producido tras el levantamiento de las restricciones a la movilidad. Los agentes económicos gastan más porque han podido ahorrar durante la pandemia.

Un mensaje claramente positivo que, según Schnabel, avalan los datos. Cuando estalló la primera crisis del petróleo, en septiembre de 1973, la economía necesitaba un barril de petróleo (159 litros) para generar aproximadamente 1.000 dólares de PIB a precios de 2015, pero hoy se necesita menos de la mitad para generar ese nivel de producción.

Baja el petróleo

Esto se debe, en su opinión, tanto a las preferencias de los consumidores como a las mejoras de eficiencia energética, principalmente en las industrias de consumo intensivo. Es por eso por lo que el aumento de los precios del petróleo —ayer, el barril se situó por primera vez en mes y medio por debajo de los 80 dólares— implica que “el crecimiento de los precios del crudo daña mucho menos a la economía” que hace casi medio siglo. El BCE, de hecho, tiene evidencias de que el impacto de una crisis de suministro de petróleo en la producción mundial “puede ser aproximadamente la mitad de lo que fue en las décadas de los ochenta y los noventa”.

Foto: Foto: Pixabay/Steve Buissinne. Opinión

Hay más. Las presiones salariales, por la mayor debilidad sindical, son muy inferiores, como recordó recientemente el Fondo Monetario Internacional para quitar también hierro al aumento de los precios. Como recuerda Schnabel, en 1972, antes del 'shock' derivado de la guerra del Yom Kippur, la inflación en lo que hoy es la zona del euro se situaba en el 6,3%, pero en 1974 ya era del 13,2%. El crecimiento de los salarios, en correspondencia con ese incremento, se situaba en el 12% en 1972, pero aumentó hasta alrededor del 18% en 1974. Ahí comenzó la espiral inflacionista.

¿Cuál fue la respuesta de la política monetaria a ese fuerte aumento de los precios? Schnabel ofrece la respuesta: el tipo de interés a corto plazo cayó en territorio negativo en 1974 para alimentar la demanda interna y evitar el incremento del desempleo, y así permaneció durante los siguientes cuatro años pese a que la inflación se mantuvo en tasas de dos dígitos, lo que unido a que la mayoría de los bancos centrales no eran independientes del poder político solo alimentó la inflación. Y es que Schnabel no es del todo heterodoxa. La clave, según ella, es que los bancos centrales sean independientes y no se dejen arrastrar por los gobiernos. Mensaje para navegantes.

Los halcones ahora son palomas. Al menos, en el Banco Central Europeo. Incluso los más conspicuos. No es fácil encontrar a un miembro alemán en el comité ejecutivo del BCE quitándole hierro a la inflación cuando en su país el IPC (índice de precios de consumo) ha escalado hasta el 4,6%, la tasa más elevada desde 1993. Incluso por encima del 4,1% en el conjunto de la zona del euro.

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