La economía se adapta a vivir con el virus
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Resiste a las nuevas restricciones

La economía se adapta a vivir con el virus

Las restricciones a la movilidad aprobadas desde mediados de noviembre han cortado la recuperación económica, pero los registros no son tan malos como cabría esperar

placeholder Foto: Inicio de las rebajas de enero en Ourense. (EFE)
Inicio de las rebajas de enero en Ourense. (EFE)

Los datos del PIB del cuarto trimestre del año publicados en los últimos días han sorprendido a la mayoría de analistas. Aunque las cifras no están siendo buenas, porque la recuperación se ha frenado en seco, la economía está resistiendo a las restricciones y a la caída de la movilidad forzada por la coyuntura sanitaria. Las cifras del cierre del año 2020 y el inicio de 2021 muestran que la economía se está acostumbrando a convivir con el virus, con la excepción del turismo que no se recuperará mientras sigan cerradas las fronteras, y no solo las nacionales, también las de las comunidades autónomas.

Uno de los datos más sorprendentes ha sido el de Francia, ya que el país introdujo en noviembre restricciones a la movilidad muy severas para frenar la segunda ola. Los datos de movilidad de Google, que mide la afluencia de gente a diferentes zonas a través de la localización de los móviles, muestran que realmente el país se paralizó. Durante el mes de noviembre, la asistencia a tiendas y locales de hostelería y ocio se mantuvo por debajo de la mitad de lo que se registraba antes de la pandemia. Esos datos de movilidad solo son comparables a los del inicio de la desescalada, en mayo, lo que hizo presagiar un nuevo desplome económico.

Foto: Una tienda turística cerrada en el centro de Paris. (Reuters)

Para comprender la magnitud de los datos, si a lo largo del segundo trimestre del año (el del Gran Confinamiento), Francia registró una caída interanual de la movilidad a locales comerciales del 55%, en el cuarto trimestre del año el descenso fue del 34%. Una cifra algo mejor, pero igualmente espeluznante. Ante estos datos, los analistas anticiparon una contracción del PIB francés del 4% trimestral (el 7,6% interanual), con algunas entidades anticipando un desplome superior al 5%, entre ellas HSBC, Nomura o Unicredit. Finalmente, el dato publicado por el INSEE (instituto de estadística francés) fue del 1,3%, una caída que fue apenas una cuarta parte de la anticipada por los expertos.

Algo no cuadra. Si en el segundo trimestre del año el PIB se desplomó un 19% interanual con un descenso de la movilidad comercial del 55%, con una caída de la movilidad del 34% el desplome debería ser superior al 10%, pero realmente fue del 7,6%. Este dato del cuarto trimestre es extensible a otros países europeos. En España, por ejemplo, la afluencia a locales comerciales y de hostelería durante el verano fue en torno a un 20% inferior a los niveles precrisis, mientras que en el cuarto trimestre del año, se hundió nuevamente hasta el -32%. Sin embargo, en esos dos periodos, los datos de PIB fueron casi idénticos.

La contabilidad nacional del cierre de año de los diferentes países desarrollados muestran cómo la economía se está adaptando a convivir con el virus. En una situación normal, previa a la pandemia, las restricciones actuales estarían provocando un fuerte desplome de la actividad, sin embargo, los datos reales muestran una resistencia a la caída de la movilidad que está sorprendiendo a los expertos.

Esto no significa que sea posible volver a los niveles normales de actividad antes de conseguir la normalidad sanitaria, ya que hay un sector que no puede convivir con el virus: el turístico. Para que la hostelería pueda recuperarse, es imprescindible conseguir elevados niveles de movilidad de las personas.

Sin embargo, el resto de sectores sí se están adaptando a esta nueva situación. Uno de los casos más sorprendentes es el del comercio. En diciembre, los datos de afluencia a locales comerciales de Google mostraron una caída cercana al 30% en España respecto a los niveles precrisis. Sin embargo, las ventas del comercio minorista fueron iguales a las de la campaña navideña de 2019.

Las cifras de retiradas de efectivo en los cajeros y de compras presenciales con tarjetas de crédito confirman la caída de la movilidad. Por ejemplo, según los registros de CaixaBank, a lo largo de diciembre las retiradas de efectivo se hundieron un 17% y el gasto con tarjetas en tiendas minoristas (excluyendo alimentación) sufrió un desplome del 11%. Sin embargo, el comercio online compensó este descenso con un crecimiento interanual del 20%.

Estos datos confirman que tanto la oferta como la demanda se han adaptado rápidamente a esta nueva situación sustituyendo el consumo presencial por las compras por internet. El resultado fue que la campaña de ventas navideñas en España fue tan buena como la del año pasado y dio el impulso suficiente para que el PIB registrara una leve expansión del 0,4% y evitara la contracción.

Foto: La playa de Benidorm cerrada durante el confinamiento. (EFE)

Los comercios se han adaptado a esta situación, pero no son los únicos. Los diferentes sectores han adaptado sus cadenas de producción y distribución a las nuevas circunstancias de la pandemia. La industria es otro buen ejemplo, en este caso analizado a través de los datos de ERTE. En octubre, cuando la economía española alcanzó el pico de la recuperación, la industria manufacturera tenía casi 73.000 trabajadores en ERTE. Desde entonces, aunque las restricciones han aumentado, las empresas han reincorporado a casi el 40% de estos trabajadores, unas 28.000 personas. Esto significa que las fábricas han adaptado sus cadenas de producción para que los trabajadores vuelvan a su puesto y están consiguiendo colocar su oferta en el mercado a pesar de las dificultades. Como la industria, el resto de sectores se ha reactivado adaptándose a las restricciones y reincorporando a sus trabajadores, de modo que el 75% de los que quedan en ERTE (unos 556.000 afiliados) pertenecen a los sectores de la hostelería, el ocio, el transporte y el comercio.

Las empresas de servicios de alto valor añadido se han adaptado a convivir con el virus de dos formas diferentes: utilizando el teletrabajo y adaptando los centros de trabajo para minimizar riesgos de contagio. En el caso del teletrabajo, los datos se aprecian en la afluencia de personas a los lugares de trabajo (principalmente oficinas), que está todavía un 25% por debajo de los niveles de hace un año. Este dato es un poco ‘tramposo’, ya que una parte de los trabajadores han sido despedidos, pero el grueso de este descenso es consecuencia del teletrabajo, que se ha implantado exitosamente.

Esta supervivencia de la economía al virus no es más que otra muestra de la capacidad de adaptación del ser humano a las condiciones cambiantes. Una noticia positiva de cara al impacto que tendrán las restricciones actuales, que están siendo más severas que las de la segunda ola. Eso no significa que la contracción esté descartada, al contrario, es un riesgo muy evidente. Sin embargo, lo que puede rechazarse de plano es una caída como la de la primera mitad de 2020, ni siquiera aunque las restricciones duren hasta el verano.

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Los datos del PIB del cuarto trimestre del año publicados en los últimos días han sorprendido a la mayoría de analistas. Aunque las cifras no están siendo buenas, porque la recuperación se ha frenado en seco, la economía está resistiendo a las restricciones y a la caída de la movilidad forzada por la coyuntura sanitaria. Las cifras del cierre del año 2020 y el inicio de 2021 muestran que la economía se está acostumbrando a convivir con el virus, con la excepción del turismo que no se recuperará mientras sigan cerradas las fronteras, y no solo las nacionales, también las de las comunidades autónomas.

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