La pandemia certifica la muerte del pequeño comercio y consolida a las grandes cadenas
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La pandemia certifica la muerte del pequeño comercio y consolida a las grandes cadenas

Las grandes cadenas de distribución cierran el año con un incremento de las ventas del 3%, mientras que las tiendas unilocalizadas han sufrido un desplome del 8,5% y las pequeñas cadenas del 17%

placeholder Foto: Temporada de rebajas en una tienda del centro de Barcelona. (EFE)
Temporada de rebajas en una tienda del centro de Barcelona. (EFE)

El pequeño comercio lleva años de agonía por la presencia creciente de las grandes cadenas de distribución. Las tendencias de los consumidores, que eligen en masa las marcas de distribución más conocidas, ya sean supermercados, ropa, droguería, deportes, perfumería y un largo etcétera, han forzado el cierre de muchos pequeños comercios. Esta tendencia se ha acelerado como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Muchas tiendas de barrio no podrán superar una crisis tan profunda y duradera, que va camino ya de cumplir un año.

Los datos de ventas minoristas que publica mensualmente el INE certifican la muerte del pequeño comercio en España, que está cediendo su espacio a las grandes cadenas. Las cifras del mes de diciembre, publicadas este viernes, son el mejor ejemplo, ya que las ventas minoristas fueron casi las mismas que en el mismo mes del año anterior. En otras palabras: con la misma tarta, veamos cómo se han distribuido las porciones.

Foto: Imagen del centro de Madrid durante la temporada de compras navideñas. (EFE)

Las grandes cadenas de distribución facturaron un 6% más que en diciembre de 2019 (datos corregidos de inflación), lo que significó una campaña de Navidad muy positiva en mitad de la grave crisis económica que vive España. Por el contrario, las pequeñas cadenas (empresas locales que tienen pocas tiendas) vendieron en diciembre un 9,1% menos que el año anterior, un gran desplome que hace que sigan muy lejos de salir de la crisis. Las tiendas unilocalizadas se han recuperado algo mejor y cerraron diciembre con una caída de sus ventas del 1%.

Estos datos muestran claramente que la brecha existente entre el gran comercio y las tiendas de barrio se ha agrandado durante la pandemia. Si se amplía el foco y se compara la facturación del conjunto del año, las diferencias son incluso superiores. Las grandes empresas de distribución han facturado casi un 3% más que en 2019. En el año de la gran crisis, sus ingresos siguieron creciendo.

Por el contrario, las empresas unilocalizadas han sufrido un desplome del 8,5% y en las pequeñas empresas la caída de la facturación ha superado el 17%. Para estas pequeñas tiendas ha sido imposible competir con los gigantes de la distribución, y el problema para ellas es que su supervivencia todavía no está asegurada. Los rebrotes están alargando la crisis y, si todo va bien, se extenderá hasta el verano, cuando el proceso de vacunación ya esté muy avanzado.

Hay varios motivos que explican esta diferencia en las ventas entre las grandes y las pequeñas empresas durante esta crisis. La primera, y más importante, es el auge del comercio ‘online’, canal que ha sustituido a las compras presenciales en los últimos meses por las limitaciones que ha impuesto la pandemia. Y no solo porque los comercios no esenciales tuvieran que cerrar durante el Gran Confinamiento, también porque muchos consumidores han optado por las compras digitales por miedo a los contagios.

Foto: Comercios del centro de Madrid cerrados todavía el martes. (EFE)

Según los datos del INE, las ventas físicas (con envío a domicilio del producto) por internet llegaron a registrar un crecimiento del 70% durante el Gran Confinamiento. En noviembre, durante la segunda ola, el aumento fue del 52%. Este dato es muy importante porque el mes de noviembre es el del 'Black Friday' y realmente las ventas por internet en 2020 fueron históricas.

Las grandes cadenas son las que tienen la capacidad tecnológica y logística para exprimir este 'boom' del comercio por internet. Pero no solo eso: también tienen la popularidad para que los consumidores busquen estas cadenas en lugar de las tiendas de barrio. El problema para estas pequeñas empresas es que el fuerte crecimiento de las compras 'online' ha venido para quedarse. En gran medida, porque con la pandemia se ha ampliado este tipo de consumo a muchas personas que hasta ahora lo habían evitado por miedo a posibles fraudes y que, después de probarlo y garantizar su fiabilidad, lo repetirán en el futuro.

Esto explica que la crisis del coronavirus no haya sido tal para las grandes cadenas de distribución. Estas empresas solo registraron dos meses de caída interanual de las ventas (abril y mayo), el resto de los meses todos fueron mejores a los de 2019. Por el contrario, las pequeñas cadenas y las tiendas unilocalizadas todavía no han conseguido recuperar los niveles de ventas previos a la pandemia y tardarán mucho en conseguirlo.

Hay otro motivo importante que explica esta gran diferencia: las tiendas de alimentación han sido declaradas sector esencial durante toda la crisis y, además, sus ventas se han disparado. Es comprensible que así sea, ya que muchos ciudadanos han sustituido los restaurantes por la comida casera. Este sector de la alimentación está claramente dominado por las grandes cadenas de supermercados, que se encuentran entre los grandes ganadores de la crisis.

Por último, la capacidad de las grandes empresas para adaptarse a una situación de crisis es muy superior a la de las pequeñas. Sus fortalezas van desde el músculo financiero para soportar unos meses de pérdidas, su diversificación territorial o el margen de maniobra de sus amplias plantillas. Esta mayor capacidad financiera también ha permitido que, poco a poco, se hayan quedado con los principales locales comerciales de las ciudades, de modo que ocupan los mejores espacios.

Todos estos factores de oferta son importantes, ya que permiten a las grandes cadenas mejorar su competitividad frente a las pequeñas. Sin embargo, la clave está en las preferencias de los consumidores. En las últimas tres décadas los ciudadanos han cambiado paulatinamente sus hábitos de consumo desde las tiendas de barrio hacia las grandes cadenas. Hay muchos motivos para este cambio, desde los mejores precios y la adecuación de los productos a las nuevas tendencias hasta la influencia de las marcas. Todo ello se ha visto multiplicado en la crisis del coronavirus y marca el camino a seguir durante los próximos años. Las tiendas de barrio están heridas de muerte en aquellos sectores en los que hay grandes cadenas de distribución.

Desde el punto de vista de la teoría económica, esta transición desde la pequeña tienda tradicional de barrio hacia las grandes cadenas es razonable, ya que cuenta con el respaldo de la eficiencia. Las grandes empresas son más productivas, más innovadoras y mucho más resistentes ante una situación de crisis. Y esto ocurre en el comercio y también en el resto de sectores.

El pequeño comercio lleva años de agonía por la presencia creciente de las grandes cadenas de distribución. Las tendencias de los consumidores, que eligen en masa las marcas de distribución más conocidas, ya sean supermercados, ropa, droguería, deportes, perfumería y un largo etcétera, han forzado el cierre de muchos pequeños comercios. Esta tendencia se ha acelerado como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Muchas tiendas de barrio no podrán superar una crisis tan profunda y duradera, que va camino ya de cumplir un año.

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