TRAS OCHO AÑOS DE CAPACIDAD DE FINANCIACIÓN

La caída del turismo pasa ya una factura de 7.100 M y amenaza el superávit exterior

En solo mes y medio, el coste ha sido de 7.100 millones. Esto es lo que ha supuesto para España el cierre de fronteras. Lo que está en juego, junto al empleo, es el superávit exterior

Foto: El Museo de las Ciencias de Valencia, reabierto este lunes. (EFE)
El Museo de las Ciencias de Valencia, reabierto este lunes. (EFE)
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El cierre de fronteras ha pasado ya una primera factura a la economía en términos turísticos. En concreto, algo más de 7.100 millones de euros, que es lo que habría dejado de ingresar España —en caso de que el turismo se hubiera comportado como el año pasado— entre mediados del mes de marzo, que es cuando se cerraron las fronteras, y el pasado 30 de abril. Algo más de 2.900 millones de euros corresponden a marzo y el resto —unos 4.200 millones— a abril, una vez que el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha confirmado que el gasto de los turistas internacionales fue equivalente a cero durante ese mes.

Esto significa que está en juego el superávit exterior, que ha sido una constante de la economía desde el año 2012, cuando tras una doble recesión España salió adelante empujada por el sector exterior. En particular, además del saldo comercial, por el turismo, que en 2019 llegó a aportar, según acaba de calcular el Banco de España, un 3,7% del PIB.

Fuente: BdE.
Fuente: BdE.

Si se tiene en cuenta que la balanza pagos de España presentó el año pasado una capacidad de financiación del 2,3% en porcentaje del PIB, eso significa que si el cierre del turismo se prolonga o el número de visitantes cae de forma pronunciada durante la temporada alta que acaba de comenzar, peligra el superávit exterior.

Por lo tanto, se rompería un ciclo histórico en el que España ha acumulado ocho años consecutivos con capacidad de financiación con el exterior. Algo que no había sucedido desde la época del desarrollismo. Desde entonces, los frecuentes déficits siempre se han resuelto con devaluaciones o con severos planes de ajuste.

Esto explica que España haya acumulado, al acabar el año 2019, una ingente deuda externa neta —posición de inversión internacional— equivalente a 921.000 millones de euros, lo que representa el 74% del PIB. Es decir, seis puntos porcentuales menos que el año anterior. Esta mejora se debe al saneado sector exterior, que es el que ahora está amenazado por el desplome del saldo turístico, lo cual es un factor de vulnerabilidad ante choques financieros exteriores.

Percepción del riesgo

El propio Banco de España llama la atención sobre este hecho en su informe anual sobre la balanza de pagos y recuerda que la evolución futura del turismo está condicionada por dos factores.

Por un lado, por el “ritmo de eliminación de las restricciones a la movilidad”, y, por otro, por la percepción del riesgo que tenga los turistas sobre la pandemia, lo que podría llevar “a la adopción de medidas de distanciamiento social voluntario por parte de los potenciales turistas”. Es decir, el Banco de España observa incertidumbres sobre la capacidad que tendrá España de recuperar los turistas. Máxime cuando otros países que compiten como España en turismo de sol y playa, como Grecia o Portugal, han ofrecido mejores registros sanitarios.

Hay que tener en cuenta que el año pasado entraron por las fronteras españolas 83,7 millones de turistas, y aunque se observa un cierto estancamiento (aumento del 1,1% respecto del año anterior), los ingresos crecen el triple (3,2%), básicamente por los viajeros procedentes de países extracomunitarios. Tampoco hay que olvidar que 40 millones de los 83 millones de turistas que visitaron el año pasado tienen su origen en Reino Unido (18 millones), Francia y Alemania (11 millones cada uno). Por lo tanto, España es muy dependiente de esos países, que también han sufrido de forma muy intensa la pandemia (menor en el caso alemán).

La sustitución de esos turistas por otros de distintas nacionalidades es, en todo caso, muy limitada, ya que el siguiente bloque lo componen los países nórdicos, que trajeron a España el año pasado, según la encuesta de movimientos turísticos, algo más de 5,5 millones de viajeros.

Eso quiere decir que España se juega la temporada entre junio y septiembre. No en vano, de los casi 84 millones de turistas que llegaron el año pasado, algo más de 38 millones cruzaron la frontera en los meses centrales del año, cuando, desgraciadamente, la pandemia todavía estará muy presente. Algo que puede explicar que el Gobierno haya decidido, consciente de su impacto económico, acelerar las distintas fases de desescalada

No es de extrañar si se tiene en cuenta que el peso del turismo respecto del producto interior bruto (PIB) —incluyendo también el nacional— alcanzó los 147.946 millones de euros en 2018, lo que representa un 12,3% del PIB. En términos de empleo, el turismo arrastra 2,62 millones de puestos de trabajo. Es decir, el 12,7% del empleo total de la economía.

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