LOS ERTE QUE VIENEN

Las primeras víctimas laborales del Covid-19: cuidados y turismo son solo el principio

La sensación en muchos sectores es de una calma inquietud en espera de que se tomen medidas. En otros, sin embargo, los ERTE y la paralización son ya una realidad

Foto: Un turista pasa frente a la Casa Batlló en Barcelona. (EFE)
Un turista pasa frente a la Casa Batlló en Barcelona. (EFE)
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Un infectado. Otro. Cientos, y miles. Más tarde, las decisiones políticas y sus consecuencias económicas. Unidos a ellas, los puestos de trabajo de millones de españoles, a la expectativa de qué puede ocurrir en las próximas semanas en materia laboral. Varias sombras sobrevuelan la coyuntura: la de los ERTE (expedientes de regulación temporales de empleo) parece la más visible, pero también lo son los contratos que no llegarán a ser firmados o los que serán rescindidos. Temporalidad, parcialidad o externalizaciones son algunos de los pecados del mercado laboral español que pueden pasar factura en un contexto donde se impone controlar gastos.

Primera pica: el sector turístico. “La actividad turística está paralizada, los primeros sectores donde se está notando son transporte aéreo, hostelería y hoteles”, explica Álvaro Vicioso, secretario federal adjunto de Acción Sindical de FeSMC-UTG. “Las grandes compañías hoteleras ya están estimando planes de contingencia, porque este enfriamiento se va a solapar con la temporada alta de primavera y la de verano”.

La consigna es no incurrir en nuevos gastos, por lo que todas las contrataciones del sector turístico están paralizadas

Es un sector en el que predominan los contratos eventuales y fijos discontinuos, así como los autónomos. Tradicionalmente, marzo ha sido el mes en que comienzan a realizarse las contrataciones de cara a la temporada alta. Pero no solo el proceso de contratación se ha paralizado, sino que los recortes amenazan. Como explican desde los sindicatos, todas esas cosas no se van a hacer por el momento, “para no incurrir en nuevos gastos”.

“Algunas empresas nos decían que en otros momentos de crisis se han visto cuesta abajo, pero que en esta ocasión han caído en picado en cuestión de una semana”, prosigue Vicioso. “Hay que valorar, antes de un ERTE, otro tipo de medidas, como incentivar que se cojan vacaciones o reubicar la plantilla en otros establecimientos, algo que las grandes cadenas sí están en condiciones de hacer”.

“La caída en las reservas de Semana Santa también perjudica especialmente a los autónomos, y no solo a quienes tienen un pequeño comercio o establecimiento hostelero, también a los pequeños autónomos que tienen empresas de servicios de animación, guías turísticos, transportistas, etc.”, añade Lorenzo Amor, presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA).

Los cuidados, segundas víctimas

El cierre primero de los centros de día y residencias y más tarde de los centros educativos ha significado el segundo gran golpe en España, agravado porque un gran número de estos servicios era gestionado a través de subcontratas por la Comunidad de Madrid. Dinamizadores en residencias de ancianos, encargados de comedores escolares, profesores de extraescolares o los animadores socioculturales, en definitiva, todo el personal “no indispensable” dedicado al cuidado de niños o ancianos, han sido los primeros en salir por la puerta. En principio, temporalmente.

El colegio público Rufino Blanco, cerrado desde el miércoles. (EFE)
El colegio público Rufino Blanco, cerrado desde el miércoles. (EFE)

Como explica Amor, “el cierre de guarderías y colegios en Madrid está afectando directamente a los autónomos, por ejemplo, a los conductores de autobuses o los trabajadores de servicios auxiliares”.

“Trabajo en una residencia de ancianos de Torrelaguna y mi empresa está subcontratada por la comunidad”, explica Isabel, dinamizadora. “Desde la semana pasada, recibimos una suspensión de contrato, un ERTE, en principio por un mes, pero puede ser prorrogable”. Eso significa que, aunque la Dirección General de Trabajo les ha avisado de que en principio cobrarán el paro, el dinero puede tardar en llegar alrededor de dos o tres meses. Su mayor preocupación es la falta de información para saber qué será de su futuro inmediato. “Nos dicen que esperemos a ver qué dice la autoridad laboral”.

Hay muchos más sectores en su situación, por lo que ni siquiera les han dicho que se inscriban en el Servicio Público de Empleo Estatal. En el caso de algunos acompañantes de ancianos, la eliminación de las citas ha provocado que sus contratos por obra y servicio hayan sido rescindidos.

Entendemos las causas de fuerza mayor, pero nosotros necesitamos comer, porque en nuestro caso es un mes entero sin cobrar

El gran problema se encuentra en las palabras 'fuerza mayor', que son en las que se amparan algunas de estas empresas para sacar adelante los ERTE, y cuyo significado en muchas ocasiones no termina de estar claro. “Entendemos las causas de fuerza mayor, pero nosotros también necesitamos comer, porque en nuestro caso es un mes entero sin cobrar”, lamenta Isabel. La palabra 'prorrogable' junto al plazo de 15 días (en centros educativos) y 30 (en residencias) tampoco resulta particularmente reconfortante.

La pasada semana, la guía de actuación para empresas en caso de coronavirus publicada por el Ministerio de Trabajo recordaba que “si la empresa se viese en la necesidad de suspender su actividad de manera total o parcial, ya sea por decisión de las autoridades sanitarias o bien de manera indirecta por los efectos del coronavirus en el desempeño normal de su actividad, podrá hacerlo conforme a los mecanismos previstos en la normativa laboral vigente y por las causas contempladas en la misma”. Entre ellas, esa 'fuerza mayor' que debe ser constatada por las autoridades, algo que dará no poco trabajo al ministerio para evitar ERTE encubiertos.

Incertidumbre en la precariedad

¿Qué ocurre con otras empresas del sector servicios, como limpiadores o empleados del hogar, que se han visto influidas de forma directa por el teletrabajo? Desde el sector de Construcción y Servicios de Comisiones Obreras, señalan que aún no tienen constancia de que esté afectando a sectores como el de la limpieza de oficinas. Lo que no quita para que la sensación sea de una calma tensa y que es solo cuestión de tiempo que empiecen a producirse despidos, especialmente en lo que se refiere al sector de eventos, barrido por una ola de cancelaciones.

La reordenación de la vida diaria, impuesta por el cierre de colegios, institutos y universidades, y el teletrabajo han obligado a replantearse ciertas dinámicas personales y, por extensión, laborales. No tanto en la limpieza de oficinas o en los servicios de edificios. “Que se suspendan las clases no quiere decir que se acabe la actividad intramuros”, recuerda Vicioso. “Los limpiadores siguen yendo a los lugares de trabajo, con la diferencia de que a lo mejor su carga es otra, pero siguen estando”.

Entrada de la Fundación Jiménez Díaz, en Madrid. (EFE)
Entrada de la Fundación Jiménez Díaz, en Madrid. (EFE)

En algunos casos, de hecho, se abre la posibilidad de nuevas contrataciones. “El caso paradigmático es el del Consorcio de Transportes de la Comunidad de Madrid, que va a desinfectar a diario el metro y los trenes, por lo que, con los recursos tan escasos que hay, va a obligar a realizar contrataciones”, añade el sindicalista. “Es posible que lo que se pierda por un lado, se gane por otro”.

Esa paradoja llega a otros sectores como el de las empleadas del hogar, que, como explica Carolina Elías, presidenta de la Asociación Servicio Doméstico (Sedoac), en algunas ocasiones tienen que enfrentarse al problema opuesto: “Las primeras noticias que tenemos es que están pidiendo, incluso obligando, a las internas que no salgan de la casa donde sirven durante el fin de semana por miedo al contagio”, explica. “En algunos casos, ni siquiera les han dicho que les vayan a pagar, son horas extra no remuneradas”.

Algunas internas están siendo obligadas a no salir de la casa donde sirven para evitar el contagio, y en ocasiones no las van a pagar

Este punto resume, a juicio de Elías, las dinámicas de clase que se ponen en juego en un contexto de crisis como el actual. “En las clases bajas, son las familias las que están soportando todo el peso de los cuidados, porque no nos podemos olvidar de que esto se trata de una crisis de cuidados, pero entre las clases medias y altas, son las trabajadoras del hogar las que están haciéndolo”. El gran problema, en esos casos, es la conciliación, porque “muchas compañeras directamente no saben qué hacer”. Aún es más grave para las trabajadoras migrantes, que son un amplio porcentaje y carecen de redes de apoyo.

Como ocurre en otros sectores, aún consideran que es pronto para saber el nivel de despidos ante la posibilidad de que las familias que teletrabajen hayan enviado a sus cuidadoras a casa. “No puedo decirlo pero no me extrañaría, porque es fácil que a las trabajadoras por horas les digan que la próxima semana, por ejemplo, no vayan a casa”, añade.

Más allá del corto plazo, las sombras del ERTE y otros ajustes planean sobre un gran número de sectores, no únicamente turísticos o de cuidados, que amenazan con producir un efecto en cadena. Este miércoles, Sepla y USO revelaron un ERTE inminente en Air Europa a causa de la prohibición de viajar a Italia y las cancelaciones. En los aeropuertos, el runrún de posibles intervenciones de personal auxiliar hace cada vez más ruido.

En otros casos, son los problemas de abastecimiento los que han provocado los paros. Volkswagen Navarra se encuentra en pleno proceso de negociación con las organizaciones sindicales para abordar un expediente temporal ante la posibilidad de un corte de suministro. Por su parte, Seat estudia un ERTE por si tiene que parar la producción a causa del coronavirus. Mientras tanto, Mercedes Benz en Vitoria, la mayor de Euskadi, permitía la flexibilidad de horarios a sus trabajadores. Apenas han pasado unos días y el baile no ha hecho más que empezar.

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