Las insolvencias aumentan un 14% en 2019

Las empresas ya sienten la crisis: la morosidad y las quiebras vuelven a subir

El escenario económico para las empresas españolas se ha deteriorado significativamente en los últimos meses, lo que se traduce en un retraso en los periodos de pago y un repunte de los concursos

Foto: Oficina de empleo en Madrid. (Reuters)
Oficina de empleo en Madrid. (Reuters)
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Por primera vez desde el inicio de la recuperación en España, hace seis años, la confianza empresarial está cayendo en todos los sectores de actividad sin excepción. Y, además, lo está haciendo al ritmo más rápido desde 2013, cuando España todavía estaba saliendo de la crisis. El deterioro de la coyuntura nacional e internacional ha terminado por convertir el optimismo empresarial en pesimismo, una situación que se está viendo reflejada en la ralentización del empleo o de la inversión.

La empresa española ha superado con éxito las fases de inestabilidad política interna de los últimos años, pero el deterioro del escenario económico ya está haciendo mella. En 2019 está repuntando la morosidad y también el número de quiebras, lo que muestra cómo muchas empresas están sufriendo ya una crisis en sus propias cuentas de resultados.

El número de insolvencias empresariales está subiendo este año nada menos que un 14%, según los datos facilitados por Axesor. En los diez primeros meses del año han solicitado el concurso de acreedores 3.890 empresas, el dato más elevado desde 2015. Y lo que es más importante, rompe de forma brusca la tendencia que se inició con la recuperación y que marcaba un descenso paulatino en el número de quiebras empresariales.

Aunque el nivel de insolvencias está todavía lejos de los niveles de la crisis, es indudable que el entorno se ha deteriorado para las empresas. No solo se ha frenado el volumen de negocio, sino que también ha aumentado la morosidad, lo que complica la gestión de los flujos de caja.

En España hay ya 85.000 empresas que reconocen que tienen en riesgo su futuro por la morosidad

Según los datos de Crédito y Caución, el número de empresas que han sufrido algún impago significativo en el último año ha subido hasta el 32% este año, cinco puntos más que en 2018. Esto significa que una de cada tres empresas ha tenido que sobrevivir a un nivel elevado de morosidad.

En total, un 5% de las empresas afirma que esta morosidad pone en riesgo su supervivencia, lo que explica cómo el aumento de los impagos también se refleja en los datos de insolvencias. Según los datos de Crédito y Caución, en España hay nada menos que 85.000 empresas que reconocen que están en riesgo de ‘bajar la persiana’ por la morosidad. Y eso a pesar de que el flujo de crédito y los tipos de interés han mejorado significativamente en los últimos años gracias a la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo. Sin la financiación barata y abundante del BCE, muchas más empresas españolas estarían con el agua al cuello.

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La morosidad no solo ha crecido en el sector privado, también las administraciones públicas están dilatando los periodos de pago, complicando así la supervivencia financiera de muchas pymes. Los peores datos se concentran en las instituciones autonómicas y locales, que reaccionaron a la congelación de las entregas a cuenta retrasando el pago de sus facturas. Las comunidades están pagando con un retraso de 41,9 días y las corporaciones locales a más de 70 días, datos que no se veían desde la crisis.

Industria, construcción y hostelería

Como reflejaban los datos de confianza empresarial del INE correspondientes a la encuesta del último trimestre del año, el deterioro del optimismo es generalizado. Todos los sectores han cambiado su tendencia a negativo, lo que muestra que el impacto de la desaceleración es ya generalizado. Los datos de Axesor también reflejan esta misma coyuntura con un aumento de las insolvencias en todos los sectores.

Especialmente preocupantes son los datos de la industria donde el número de concursos en los diez primeros meses del año se ha disparado un 25% respecto al mismo periodo del año anterior. Las manufacturas españolas están atravesando unos meses especialmente complicados como consecuencia del deterioro del comercio mundial. Esto hace que se esté tambaleando uno de los sectores más productivos y que genera un empleo de mayor calidad. Sin duda, la peor noticia para el débil tejido empresarial español.

El turismo español tampoco está viviendo un año dorado, en contraste con lo que había ocurrido en los ejercicios anteriores. La recuperación de otros destinos competidores del Mediterráneo y el deterioro de las economías de los países emisores de turistas, principalmente Alemania y Reino Unido, están golpeando a las estadísticas de viajeros y pernoctaciones. La peor parte se la llevan los dos archipiélagos, Canarias y Baleares, que están sufriendo ahora la cara negativa de todo el turismo ‘prestado’ de los últimos años.

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El resultado del deterioro del sector es que las insolvencias en empresas de hostelería han aumentado un 20% en lo que va de año. También están repuntando las insolvencias en el sector de la construcción. Como siempre, las actividades inmobiliarias fueron las últimas en incorporarse a la recuperación y también han sido las últimas en sentir el deterioro de la economía.

Los datos ya son incuestionables: al inicio de año el valor añadido de la construcción crecía a ritmos superiores al 1,5% trimestral, pero durante los meses del verano destruyó producción a ritmos del 1,3%. Se trata del primer descenso en el valor añadido de la construcción desde el año 2014, lo que explica por qué muchas empresas del sector están atravesando problemas financieros. En total, el número de insolvencias en la construcción está aumentando un 9% en lo que va de año.

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El deterioro del negocio y de las expectativas de futuro en el sector empresarial se está traduciendo ya en una ralentización de las contrataciones. Si al inicio del año el empleo en el sector privado crecía a tasas superiores al 3,5%, en verano se frenó hasta el 2,2%. La ralentización del empleo pone en riesgo también la demanda interna, el principal motor de la economía española.

Esto explica cómo el parón del comercio mundial contagió a la industria española y finalmente ha terminado por afectar a los servicios. Y este deterioro ha traído consigo un aumento del 12% de las insolvencias en el sector servicios (excluida la hostelería y el comercio). Y así es como se cierra el círculo vicioso de la desaceleración que está por ver hasta dónde llega.

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