CAE A UN RITMO DEL 3%

¿Por qué comemos menos carne? El consumo se desploma por sexto año

Los expertos apuntan a la "demonización de la carne" y a los falsos mitos, así como a las nuevas tendencias de consumo. Los españoles comen menos filetes que sus vecinos europeos

Foto: La situación es aún más preocupante en vacuno, que no cesa de caer desde 2007. (Corbis)
La situación es aún más preocupante en vacuno, que no cesa de caer desde 2007. (Corbis)

Ya van seis años consecutivos de caída para la carne en España, una tendencia que la recuperación económica no ha conseguido revertir. El consumo anual per cápita se desplomó hasta los 46,19 kilos de media el año pasado (-2,9%), y es especialmente bajo en parejas con hijos pequeños (apenas 33 kilos) o jóvenes independizados.

Los españoles destinaron el 20,6% de su presupuesto para alimentación y bebidas a la compra de carne, con un gasto anual de 309 euros por persona (-0,8%). La carne congelada (-9,6% de ventas en volumen) y la carne fresca (-3,8%) son las principales responsables de esa contracción, aunque esta última categoría sigue siendo la más consumida. Las que más han sufrido son la carne de conejo (-16,4%) y ovino/caprino (-8,5%), seguidas de vacuno (-5,2%), despojos (-3,3%), pollo (-2,9%) y cerdo (-2%).

Pero ¿por qué comemos menos carne? La Interprofesional del Vacuno (Provacuno) apunta a la "dieta más completa y equilibrada que tenemos en nuestro país", con una variedad más amplia de alimentos entre los que elegir. Eso hace que el consumo de ternera, toro o buey en España esté por debajo de la media europea, en niveles inferiores a Francia, Alemania, Holanda, Dinamarca o los países nórdicos, y sin cesar de caer desde 2007.

El Ministerio de Agricultura ofrece una fotografía muy precisa de la evolución por tipos de carne, regiones y edades de los clientes, pero no detalla los motivos de la caída en su Informe del Consumo Alimentario correspondiente a 2018. "En el caso de vacuno, los hogares han seguido la misma tendencia que con el resto de las carnes", indican a este periódico desde Provacuno. Sí destacan el repunte en restauración, donde la ternera es uno de los platos estrella. Sobre todo, desde que aumentó la frecuencia de comidas fuera de casa, a raíz de la recuperación económica.

Las nuevas tendencias de consumo también influyen en el declive de la carne, añade el director de la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca (Interporc). No obstante, Alberto Herranz ofrece unos datos distintos a los aportados por Agricultura en cuanto a la ingesta de cerdo, con un ligero crecimiento tanto en volumen (+0,14%) como en valor (+0,82%) en 2018. Destacan los productos curados (+3%), que además han estado en el foco de las campañas de promoción dirigidas a los consumidores.

Interporc aboga por mejorar la percepción de la carne y trasladar al público sus propiedades nutritivas, "desterrando algunos mitos totalmente falsos como que el cerdo engorda". Herranz pone como ejemplo las pocas calorías del solomillo o el lomo, "que no deben faltar dentro de una dieta equilibrada". En la misma línea se pronuncia el director técnico de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), José Luis Miguel, cuando habla de "demonización".

Los más carnívoros son los habitantes de las dos Castillas, Galicia y Aragón, en contraste con los extremeños o canarios

Los productores confían en que las exportaciones puedan compensar la debilidad del consumo interno —como ya ocurre con el cerdo y su 'boom' de ventas hacia China—, si bien el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur no ayuda. La futura entrada de 99.000 toneladas más de carne a Europa a un precio más competitivo preocupa sobremanera a los ganaderos, inquietos también ante la caída de la demanda en España.

La peor parte en consumo interno se la lleva el conejo, con un desplome del 16,4% en volumen y del 9,7% en valor pese a ser una de las carnes más baratas. Los españoles apenas tomaron 0,97 kilos por persona y año en 2018, y los jóvenes prácticamente ni lo prueban. "No encaja en su estilo de vida", explicaba la directora de la Interprofesional Cunícola (Intercun), Mari Luz Santos, en una entrevista con El Confidencial.

Si abrimos el foco a todos los tipos, los más carnívoros son los castellanoleoneses, castellanomanchegos, gallegos y aragoneses, al contrario que los extremeños, canarios o asturianos. Los hogares de clase media o alta son los que más carne consumen, sobre todo si son mayores de 50 años. Por canales de compra, destacan los supermercados y las tiendas de autoservicio. La venta online apenas tiene una cuota del 0,8%, aunque crece a un ritmo del 19,4%.

El pescado no levanta cabeza

Sería lógico pensar que los españoles que ya no comen tanta carne se han pasado al pescado, pero no ha sido así. El consumo per cápita descendió un 2,8% en 2018, hasta los 23 kilos por persona y año, con un gasto anual de 194 euros por cabeza (-1,3% respecto al año anterior, un 13% del presupuesto). El consumo doméstico total se resintió un 2,4%, propiciado por la contracción de los frescos, mariscos, moluscos y crustáceos.

Si en carne la caída es de seis años consecutivos, en pescado es de nueve años. El consumo de esta categoría se ha desplomado un 15,8% desde 2010, con la excepción de las conservas. ¿Tendrá algo que ver el poco tiempo que tenemos para cocinar? Así lo cree el Consejo de Productos del Mar de Noruega, sin contar con los escasos o nulos conocimientos de los jóvenes a la hora de preparar un buen plato de merluza o salmón.

Los españoles gastan 194 euros al año en pescado
Los españoles gastan 194 euros al año en pescado

De hecho, las parejas jóvenes con hijos pequeños o sin hijos son quienes menos pescado consumen, con una ingesta un 53% inferior a la media española. En el otro lado de la balanza se sitúan los jubilados y los matrimonios adultos sin niños, todos ellos con más de 50 años. La falta de tiempo para hacer la compra y los mayores precios respecto a la carne son algunos de los motivos que están detrás del declive, como apuntó el secretario general de Cepesca, Javier Garat.

La patronal de la pesca reivindica una reducción del IVA del 10% actual al 4% para incentivar el consumo. De esta manera, el pescado estaría en la misma liga fiscal que otros alimentos básicos como el pan o la leche. La categoría de frescos, que abarca a merluza, pescadilla, sardina, boquerón, atún, bonito, trucha, lenguado, bacalao, caballa, salmón, lubina, dorada, rodaballo o rape, es la sufrió una mayor caída en volumen (-4,1%) en 2018.

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