INQUIETOS POR EL ACUERDO COMERCIAL

Carta de los agricultores a Pedro Sánchez: empieza la campaña contra Mercosur

"En ningún momento hemos percibido que España defienda a los sectores más sensibles" ni los intereses agrícolas o ganaderos patrios, se quejan los sindicatos agrarios en una misiva

Foto: Uno grupo de agricultores habla con el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (secretario general de PSOE en el momento de la foto). (EFE)
Uno grupo de agricultores habla con el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (secretario general de PSOE en el momento de la foto). (EFE)

"Estimado presidente...". Así arranca una carta que los sindicatos agrarios han enviado a Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en funciones, para trasladar su preocupación sobre el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), cerrado a finales de junio tras 20 años de negociaciones.

La misiva no solo advierte del posible impacto de la supresión de aranceles en sectores agroalimentarios como los cítricos o la industria cárnica, sino que va más allá, al recordar al presidente del Gobierno en funciones que "tiene una responsabilidad" con los productores españoles. "A tenor de las negociaciones desarrolladas hasta el momento, nunca hemos percibido la defensa de nuestros sectores más sensibles, a diferencia de otros Estados miembros de la Unión Europea", reprochan los máximos responsables de las organizaciones COAG, ASAJA, UPA y Cooperativas Agroalimentarias de España en una misiva a la que ha tenido acceso este periódico.

En efecto, nuestro país ha sido uno de los más activos con el objetivo de sellar un acuerdo "moderno, equilibrado y estratégico", como lo definió Luis Planas la semana pasada. El ministro de Agricultura ha pedido a la Comisión Europea que evalúe los efectos negativos para los sectores agroalimentarios y esté abierta a medidas correctoras (como cláusulas de salvaguardia) si fuera necesario, sobre todo si tenemos en cuenta que los países del Mercosur son unos grandes exportadores agropecuarios con un potencial de producción inmenso.

¿Cuáles son los sectores más expuestos a los efectos del acuerdo con Mercosur? Los que más sufrirán son la carne de vacuno, porcino y aves, a los que la Comisión Europea cederá un contingente de importación mayor. El sector vacuno es el más preocupado ante la previsión de que entren 99.000 toneladas más de carne al año, lo que puede generar desequilibrios de mercado. Sobre todo ante la incertidumbre del Brexit en Reino Unido -uno de los clientes más importantes para España-, circunstancia que nos obligará a buscar nuevos países a los que exportar.

A eso se suma un consumo interno cada vez más débil, una tendencia que el director técnico de COAG atribuye a la "demonización de la carne" y al envejecimiento de la población. José Luis Miguel expresa a este periódico su inquietud en torno al sector avícola, pues las producciones de Latinoamérica son "mucho más competitivas en precio" y pueden poner en riesgo los 300.000 puestos de trabajo que esta industria genera en Europa.

La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) incluso habla de "futura crisis avícola" ante la entrada de 180.000 toneladas adicionales sin ningún tipo de arancel desde Mercosur. Eso sin contar con las 500.000 toneladas que Brasil ya venía introduciendo en la Unión Europea, detalla esta organización en un informe interno. Y aprovecha para recordar un mal precedente como es la Operación Carne Débil, una investigación policial que destapó una red de sobornos entre 19 empresas brasileñas y decenas de inspectores que certificaron carne no apta para el consumo humano a cambio de dinero.

Mención aparte merecen los cítricos, sumidos en una crisis de precios por el repunte de las importaciones desde Sudáfrica (entre otros factores). Brasil exportó 1,35 millones de toneladas a la UE en 2018, es el segundo productor mundial y cuenta con un modelo de producción basado en grandes explotaciones orientadas a alimentar su potente industria del zumo. Sus concentrados de jugo -que se congelan y se envían a Europa en grandes barcos- compiten con nuestros zumos recién exprimidos, explica UPA. Los productores de arroz, miel, azúcar, ajo, maíz, lácteos o vino tampoco ven el acuerdo comercial con buenos ojos, pues este último sector teme la entrada descontrolada de caldos a granel.

"Los estándares de calidad de Mercosur son menos exigentes que los europeos", prosigue UPA. En este sentido, los firmantes de la carta reclaman a la Unión Europea que controle el cumplimiento de las regulaciones fitosanitarias, medioambientales, de seguridad alimentaria y de bienestar animal en esos países, un compromiso que Bruselas ya ha asumido. "Las normas no son negociables y se aplicarán a todos los productos que se vendan o se consuman en la UE", o así lo garantiza la Comisión Europea en un documento titulado 'Mercosur: crear oportunidades respetando al mismo tiempo los intereses de los agricultores europeos'.

La otra cara del acuerdo

Bruselas defiende que el pacto de libre comercio entre la UE y Mercosur genera nuevas oportunidades para los productores europeos, al tiempo que reduce la posible presión del mercado. Las empresas alimentarias tendrán un acceso sin precedentes a un mercado de 260 millones de personas, algo que se logrará eliminando progresivamente los elevados aranceles a las exportaciones y simplificando los procedimientos de seguridad alimentaria, de manera que sean menos engorrosos para los exportadores comunitarios.

Por ejemplo, los melocotones en conserva hoy se enfrentan a unos aranceles del 55%, así como el vino (27%), los lácteos (28%), el chocolate (20%) o el aceite de oliva (10%). Lo mismo ocurre con las bebidas espirituosas (20%-35%), uno de los sectores más beneficiados tras la firma del acuerdo. Los impuestos restan competitividad a los productos agroalimentarios europeos o incluso impiden su exportación a los países del Mercosur, lo que hace que los flujos de comercio estén muy por debajo de su potencial, destaca la Comisión Europea.

El problema es que las concesiones de Europa "no solo ponen en peligro el tejido económico de nuestras zonas productoras -ya muy castigadas-, sino que ponen en duda el modelo productivo que quiere defender la UE, más respetuoso con el medio ambiente" y con mayores costes de producción, zanjan los sindicatos agrarios en la carta a Pedro Sánchez. Por eso, exigen un acuerdo justo, equitativo, equilibrado y ajustado a los estándares europeos, aun a sabiendas de que la firma del tratado apenas mejorará un 0,1% el PIB europeo. El aumento será del 10% para Paraguay, 2,1% para Uruguay, 1,5% para Brasil y 0,5% para Argentina, según un estudio de la Universidad de Manchester citado por el Real Instituto Elcano.

Según Bruselas, el acuerdo con Mercosur tiene muy en cuenta los intereses y sensibilidades de los agricultores europeos

La respuesta de la Comisión Europea es clara. "El acuerdo tiene plenamente en cuenta las sensibilidades de los agricultores europeos y respeta sus intereses. Al igual que con otros acuerdos comerciales, la UE no abrirá completamente su mercado a las importaciones de alimentos sino de forma limitada y estrictamente controlada en el caso de los productos sensibles", matiza. Además, ha habilitado un paquete de ayuda financiera para los agricultores de hasta 1.000 millones de euros en caso de distorsiones de mercado (al margen de la PAC).

Los países del Mercosur exportan sobre todo materias primas, combustible, alimentación y pienso para animales, hasta el punto de que ese bloque es ya el principal proveedor de productos agrícolas y alimentos que consumen los pollos, vacas o cerdos de nuestro continente. En el otro lado de la balanza, el tratado comercial permitirá que los europeos envíen productos manufacturados, maquinaria, automóviles, calzado, textil, químicos y fármacos, entre otros. Todos ellos están sometidos a aranceles superiores al 14% en la actualidad, alcanzando el 35% en ropa o coches.

En cualquier caso, habrá que esperar al menos dos años para que el acuerdo se materialice. Ahora toca revisar jurídicamente los términos del tratado, debatir los pormenores, traducirlo a todas las lenguas oficiales comunitarias y presentarlo al Parlamento Europeo para su ratificación, algo que no llegará hasta principios de 2021. Los productores insisten en que no es oro todo lo que reluce y abogan por negociar un acuerdo justo para no tener que compensar más tarde a los afectados.

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