INFORME DEL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL

Dos gráficos que demuestran quién paga más impuestos

La presión fiscal de las empresas y de las personas físicas transcurre por caminos opuestos. El IRPF ha subido desde la crisis, mientras que las empresas pagan cada vez menos

Foto: Imagen: EC.
Imagen: EC.

Rescata el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su último comentario macroeconómico la vieja (y conocida) reflexión de Benjamin Franklin sobre lo inevitable que es la carga fiscal: "Lo único seguro en la vida son la muerte y los impuestos", decía el inventor del pararrayos.

Pero a la luz de lo que sostiene el trabajo analítico -realizado por el departamento de asuntos fiscales- es más que probable que el polifacético Franklin -político, científico, editor de periódicos, inventor...- tuviera que matizar sus palabras. Como sostiene el propio FMI, poco sospechoso de promover el incremento de la presión fiscal de forma generalizada, se pagan impuestos “a menos de que se trate de una gran corporación internacional, en cuyo caso, tal vez no”.

Su principal argumento se nutre a partir de lo que acredita un gráfico en el que se refleja una realidad incuestionable. “En los últimos 30 años”, asegura el Fondo, “los tipos impositivos corporativos en todos los países han caído a niveles muy bajos”. En concreto, se ha pasado de un 38% en 1990, como media, en el caso de los países avanzados, a algo menos del 23% en 2018. Y lo que no es menos significativo, la tendencia descendente, lejos de frenarse, continúa.

Se trata de un fenómeno de carácter global que afecta a todo el planeta, pero, principalmente, a los países europeos, como España, que forman parte de la OCDE, mientras que, por el contrario, el descenso [ver gráfico] ha sido mucho más suave en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico no europeos, en los que el tipo medio se sitúa en torno al 28%, cinco puntos más que en los europeos.

¿Qué ha pasado con los impuestos sobre la renta que gravan los ingresos personales? Pues algo muy diferente. El último informe de la OCDE sobre presión fiscal revela dos tendencias perfectamente identificables. Desde el año 2000, y hasta el estallido de la burbuja de crédito, en la mayoría de los países de la organización la presión fiscal del impuesto sobre la renta no ha dejado de caer, con un caso muy significativo como es el de Hungría, donde ha pasado del 40% al 15%.

Desde el año 2007, sin embargo, ha sucedido todo lo contrario. Como recuerda la propia organización, en 23 países (más de la mitad) los tipos impositivos de carácter personal no han dejado de crecer. El resultado es que en 2018 el tipo marginal medio se situaba en el 42,5%, lo que supone apenas tres puntos menos que en el año 2000, pero por encima de los niveles de 2007. La horquilla se mueve entre el 55% de Suecia, Japón y Dinamarca, y niveles inferiores al 25% en la República Checa, Hungría y Lituania. España se sitúa muy cerca de la media de la OCDE en cuanto a tipos impositivos en el IRPF.

Un nuevo enfoque

Es decir, hay una distancia de cerca de 20 puntos entre lo que pagan las empresas y lo que abonan las personas físicas en su impuesto sobre la renta, lo que explica que el FMI aproveche la ocasión para reclamar un “nuevo enfoque” fiscal.

Exactamente, el mismo mensaje que lanzó recientemente la propia directora gerente del Fondo Monetario, Christine Lagarde, que en un discurso pronunciado en el Instituto Peterson reconoció que “el pueblo tiene la percepción” de que las grandes empresas multinacionales “pagan pocos impuestos”, lo que explica que desde distintas posiciones se hayan pedido acciones por parte de los gobiernos. “Quizá sea difícil”, dijo Lagarde, “pero es posible crear un sistema de tributación empresarial que refleje mejor los cambios en la economía mundial”, en clara alusión a las compañías tecnológicas que erosionan la capacidad de recaudación del impuesto de sociedades.

Es en esta línea en la que la comunicación del FMI recuerda “la facilidad con que las multinacionales parecen ser capaces de evitar impuestos”, lo que se acredita a la luz de las estadísticas oficiales. “La disminución durante tres décadas en los tipos impositivos de las corporaciones socava tanto los ingresos fiscales como la fe en la imparcialidad del sistema fiscal general”, se dice de forma meridiana.

Medidas coercitivas

El Fondo lo achaca, en parte, a la competencia fiscal entre países ante la ausencia de una ‘Organización Mundial de Impuestos’, como sostiene de forma ilustrativa el FMI, Su receta no deja lugar a dudas: “Como la competencia tributaria deja tanto ganadores como perdedores”, sostiene, “pueden ser necesarios incentivos indirectos (o medidas coercitivas) para propiciar la adopción de medidas coordinadas en beneficio de todos”. Es decir, frenar la carrera hacia la desfiscalización del impuesto de sociedades.

Es más, según los economistas del Fondo, la situación actual es "especialmente perjudicial" para los países de bajos ingresos, “privándolos de ingresos muy necesarios para ayudarlos a lograr un mayor crecimiento económico, reducir la pobreza y cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030”.

El análisis del FMI muestra, por ejemplo, que los países que no pertenecen a la OCDE pierden alrededor de 200.000 millones de dólares (unos 178.000 millones de euros) en ingresos por año. O, aproximadamente, el 1,3% de su PIB debido a que las compañías cambian las ganancias a lugares con impuestos bajos. Por ejemplo, deslocalizando ingresos en países de la OCDE (algunos europeos) con impuestos ultrabajos.

La tributación de las empresas, como se sabe, ha obligado también a las naciones avanzadas a actuar, y, como recuerda el FMI, el proyecto BEPS del G-20 y la OCDE, puesto en marcha en 2013, tiene por objetivo corregir las deficiencias de la normativa tributaria internacional, que permitían erosionar las bases imponibles de las empresas o desplazarlas de forma artificial a jurisdicciones con impuestos bajos o inexistente.

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