El problema es que las pymes no crecen

La OCDE desmonta el mito de que España es un infierno burocrático para las pymes

El organismo sitúa España como el país que menos trabas impone para abrir una empresa. Por el contrario, sitúa las pymes españolas a la cola de la OCDE en inversión e innovación

Foto: Foto: iStock.
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En los últimos años, han sido comunes las críticas al ‘infierno burocrático’ al que se enfrentan las pymes en España. El propio presidente del Partido Popular, Pablo Casado, llevó el tema a la campaña electoral al prometer su “autopista administrativa” para que “no sea la sociedad quien se adapte al Estado, sino que el Estado debe adaptarse a la sociedad”. También el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, anunció un plan de simplificación regulatoria para atraer pymes internacionales a España.

Sin embargo, la realidad que muestra la OCDE es muy diferente. El organismo asegura que España es uno de los países con una regulación más propicia al emprendimiento y el establecimiento de nuevas empresas. En un informe publicado el lunes, aplaude las medidas adoptadas en los últimos años para reducir la burocracia exigida a las pymes y los autónomos. El país se sitúa a la cabeza del mundo gracias a su regulación flexible y sencilla, que fomenta el emprendimiento. “Las pymes españolas se benefician de un entorno administrativo y regulatorio favorable comparado con la OCDE”, señala el organismo en un informe publicado el lunes.

El emprendimiento se ‘puso de moda’ en España tras el estallido de la crisis económica. Cuando la tasa de paro llegó hasta el 27%, el Gobierno de Mariano Rajoy puso en marcha una batería de medidas encaminadas a simplificar los trámites administrativos de las empresas. Y han dado resultados. Según la OCDE, España es el país que tiene los procedimientos regulatorios menos complejos para las pymes y los emprendedores. Además, también se sitúa en los primeros puestos en cuanto a trabas administrativas para las 'startups'.

El organismo ha analizado meticulosamente la situación que viven las pymes en todos los países desarrollados. Un estudio que ha servido para desmontar todos los prejuicios existentes en España sobre el exceso de regulación y las trabas al emprendimiento. La conclusión a la que ha llegado la OCDE es que España tiene un marco regulatorio propicio al establecimiento de las empresas.

Las pymes españolas se benefician de un entorno administrativo y regulatorio favorable comparado con la OCDE

Entre las medidas más aplaudidas por la OCDE está la herramienta ‘Autodiagnóstico de salud empresarial’, lanzada en 2017. Se trata de una web del Ministerio de Industria que permite a los pequeños empresarios realizar una evaluación del negocio y planificar los recursos que necesita, además de ofrecer asesoramiento legal. También valora la aprobación del Marco Estratégico de la pyme aprobado por el Gobierno de Pedro Sánchez el pasado 12 de abril, “concebido como un instrumento para mejorar la competitividad y las posibilidades de crecimiento de las pymes”, explica el organismo.

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España también tiene una regulación que favorece la inversión extranjera directa (IED) en empresas españolas. El país ha realizado un gran esfuerzo para romper barreras a la llegada de capitales del exterior y el resultado ha sido un significativo avance en este indicador hasta los puestos cabeceros entre los países desarrollados.

El principal punto negro al que se enfrentan las pymes españolas, en cuanto a regulación, es la fragmentación del mercado por comunidades autónomas. El exministro de Economía Luis de Guindos trató de impulsar la Ley de Unidad de Mercado, pero las trabas de las autonomías y la sentencia del Tribunal Constitucional contra la licencia única tumbaron su proyecto. A día de hoy, las “diferencias regulatorias regionales” siguen siendo el gran pero en la normativa española.

La OCDE pone negro sobre blanco que el pobre desempeño de las pymes españolas en términos de productividad y crecimiento no responde al marco regulatorio sino a la baja inversión y a la falta de profesionalización de sus gestores. España ha sido un país de empresas familiares que han pasado décadas funcionando de la misma forma, sin avances en la gestión y sin crecimiento, lo que ha supuesto un lastre para el crecimiento del país. "Las pymes españolas invierten en equipamiento de información y comunicación menos que sus comparables europeas", advierte la OCDE, "e invierten menos en actividades de innovación".

Las pymes españolas no solo son más numerosas, también invierten menos que sus comparables europeas, lo que condena la I+D+i

El único indicador de todos los analizados en el que España se sitúa en última posición es en el de inversión en equipo y 'software'. Sin inversión en nuevas tecnologías, las probabilidades de que las pymes nacionales puedan competir en un mundo globalizado se ven muy reducidas. Además, España se sitúa entre los cinco peores países de la OCDE en inversión en innovación de las pequeñas empresas. En otras palabras, no es solo que en España haya muchas pymes y condenen al país a tener niveles de inversión muy bajos, es que, además, las pymes que hay invierten menos que sus comparables europeas.

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Una de las causas de la baja inversión es que estas pymes se concentran en sectores poco productivos. Por ejemplo, el 97% del sector inmobiliario está ocupado por pymes, 10 puntos más que la media de la OCDE. Por el contrario, en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), las pymes apenas representan el 54%, ocho puntos menos que en la OCDE.

Un país de pymes

La ministra de Industria, Reyes Maroto, calificó España como “un país de pymes”, y no le falta razón. El 39% del empleo está creado por micropymes (menos de 10 trabajadores), mientras que la media de la OCDE es de apenas el 30%, nueve puntos menos. Por el contrario, las empresas grandes (más de 250 trabajadores) apenas emplean al 28% de los asalariados.

El problema de las pymes es el de siempre: generan mucho empleo pero poco valor añadido. Las micropymes de España tienen el 39% del empleo y aportan el 24% del valor añadido. Por el contrario, las grandes generan el 39% del valor añadido con el 28% del empleo. En otras palabras, el valor añadido por cada trabajador en una gran empresa duplica al de una microempresa.

Es por este motivo que España tiene pocos motivos para celebrar que es 'un país de pymes'. Al contrario, las autoridades deberían explorar las medidas encaminadas a hacer que las empresas crezcan, lo que mejorará la productividad y la calidad en el empleo. La ecuación es sencilla: cuando un trabajador emplea más capital (humano y material) es más productivo, lo que mejora la calidad de su contrato y también su salario.

El problema de las pymes es el de siempre: generan mucho empleo pero poco valor añadido

Según el análisis de la OCDE, el salario medio en las grandes empresas es algo más del doble (un 103%) que el de una pyme. No solo eso, además, la diferencia se ha ampliado desde el año 2010, lo que muestra una brecha creciente entre las grandes empresas y las pequeñas. España puede seguir lamentándose eternamente por las trabas para el emprendimiento o puede realizar una verdadera política de apoyo al crecimiento de las empresas. La opción que elija determinará el crecimiento del país, la calidad del empleo y, en definitiva, el bienestar.

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