El mercado laboral no volverá a ser el mismo

La gran mutación del empleo: 130.000 vacantes en un país con 3 M de parados

Tradicionalmente, el número de vacantes aumentaba cuando escaseaban los parados, pero ahora está creciendo a pesar de que la tasa de desempleo supera el 14%. ¿Qué ha pasado?

Foto: Foto de archivo de una oficina de empleo en Madrid. (EFE)
Foto de archivo de una oficina de empleo en Madrid. (EFE)

"La compañía dejó 800 puestos abiertos que no logramos cubrir por falta de perfiles". Quien dice esta frase es Fernando Abril-Martorell, presidente de Indra, ante un foro abarrotado de empresarios, inversores y políticos. A su lado, Francisco Riberas, presidente de Gestamp, asiente con la cabeza. Ambos están dibujando, sin saberlo, uno de los problemas más graves del mercado laboral español: el desajuste entre oferta y demanda de mano de obra. En España se está produciendo la paradoja de que hay tres millones de desempleados y, al mismo tiempo, 130.000 vacantes en el mercado laboral que las empresas no consiguen cubrir.

Históricamente, la relación ha sido inversa: a mayor tasa de paro, menor número de vacantes y viceversa. Es lógico que así sea. Si hay mucho exceso de mano de obra, los empleadores tienen más sencillo encontrar todos los trabajadores que necesiten. Y cuando hay poca oferta de mano de obra, las empresas encuentran dificultades para cubrir los puestos libres. Sin embargo, en los últimos años la correlación se ha quebrado, hasta tal punto que el número de vacantes se mantiene muy alto a pesar de que la tasa de paro todavía está en el 14,5%.

Esto significa que coexisten en España muchos desempleados a la espera de un empleo y muchas empresas buscando cómo cubrir sus vacantes. Esta relación se ha deteriorado en la última década. Por ejemplo, en 2008 con una tasa de paro similar había una tasa de vacantes un 20% inferior a la actual. O lo que es lo mismo, históricamente cuando la tasa de vacantes superaba el 0,8% era porque el paro se situaba por debajo del 10%. Este dato muestra claramente el desajuste entre oferta y demanda de trabajo, lo que genera un mercado laboral muy ineficiente que afecta a todo el país.

En España hay un millón de parados de larga duración, esto es, que llevan más de dos años buscando un empleo sin encontrarlo. Ni siquiera un empleo temporal por unas horas. Esto demuestra hasta qué punto tienen complicado acceder al mercado laboral. La causa principal es su bajo nivel de formación. Las cifras son preocupantes: el 58% de ellos ni siquiera consiguió acabar la educación secundaria. Esto es, no tienen ningún tipo de habilidad para aspirar a cualquiera de esos 130.000 empleos vacantes. El número de vacantes puede seguir creciendo, que esta bolsa de parados seguirá intacta.

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Al mismo tiempo, las empresas tienen que entrevistar a decenas de candidatos para corroborar que, efectivamente, no pueden cubrir ese puesto de trabajo. Y si quieren hacerlo tienen que competir con una gran inflación de salarios en los sectores en los que hay una baja oferta de mano de obra. Una espiral de costes que provoca que, finalmente, muchas compañías opten por dejar el puesto vacante. En casos concretos puede ser un problema de salarios, que las empresas no quieran 'rascarse el bolsillo'. Pero si las vacantes se multiplican deja de ser un caso aislado para convertirse en un problema de todo el mercado laboral. Es como si en un mercado, los vendedores ofrezcan manzanas y los compradores solo quieran adquirir plátanos.

La tasa de paro entre los activos que tienen estudios superiores es inferior al 9%. Esto es, los universitarios están casi en pleno empleo. Sin embargo, entre los activos que solo tienen la primaria, la tasa de paro asciende al 25% y en el caso de los analfabetos supera el 42%. En total, en España hay algo más de 1,8 millones de desempleados que ni siquiera tienen la educación secundaria. Esto condena al país a tener una bolsa de parados muy cuantiosa a pesar de que se disparen las vacantes. De hecho, puede llegar a producirse un fenómeno excepcional que sucede cuando el desajuste es máximo: que aumenten al mismo tiempo las vacantes y el desempleo.

La Curva de Beveridge

Los economistas miden la relación entre vacantes y paro utilizando la 'Curva de Beveridge' (representada en el primer gráfico). El concepto es sencillo: basta con cruzar en un gráfico las dos variables (tasa de vacantes y de paro) y observar la figura que dibujan. Habitualmente tiene una forma de curva se mueve hacia abajo y a la derecha, lo que significa que las vacantes se disminuyen cuando el paro aumenta y viceversa.

En España ocurre que, en la última década, la correlación entre las dos variables se ha roto, de modo que la tasa de vacantes apenas se mueve sea cual sea el nivel del paro. Esto significa que hay una bolsa de puestos de trabajo de alto valor añadido que están vacantes y que se mantienen así a lo largo del tiempo, independientemente del comportamiento del mercado de trabajo.

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Cuando se producen cambios significativos en la relación entre las dos variables, la curva se desplaza, hacia la derecha si aumenta el desajuste y hacia la izquierda si mejora la eficiencia. En España, la curva se ha desplazado claramente hacia la derecha, una situación común en la mayor parte de países desarrollados. El problema específico de España es que también se ha aplanado, lo que evidencia un mayor desajuste entre oferta y demanda de trabajo.

Hay dos motivos por los cuales se ha producido este cambio. El primero de ellos es el hundimiento de un sector que generó millones de puestos de trabajo en España: la construcción. Este era el principal destino de muchos trabajadores sin cualificación, de hecho, miles de jóvenes abandonaron sus estudios durante la burbuja seducidos por el empleo fácil y bien remunerado en el 'ladrillo'. Con el pinchazo de la burbuja, todos estos trabajadores sin cualificación se vieron en la calle y sin posibilidad de encontrar un empleo, convirtiéndose así en 'parados crónicos'.

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El segundo es la mecanización y la robotización, un fenómeno que está compartido con el resto de países desarrollados. Una buena parte de los empleos mecánicos han desaparecido paulatinamente durante las últimas décadas. Por ejemplo, el sector agrario, que era muy intensivo en mano de obra, está ya ocupado por máquinas, que han desplazado a centenares de miles de trabajadores, que se vieron obligados a emigrar del campo a la ciudad. Causa, a su vez, del despoblamiento de la España vacía.

En España, la curva se ha desplazado a la derecha, una situación común de los países desarrollados, el problema es que también se ha aplanado

Este fenómeno se repite en muchos sectores. Los robots han destruido empleos de bajo valor añadido y han creado otros de alta productividad. El problema es que una persona que ocupa un trabajo no puede pasar a hacer otro. Un trabajador de un almacén que ha sido sustituido por un robot no puede pasar a desarrollar ese robot. Es así como se crea este desajuste entre la oferta y la demanda de trabajo.

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España es uno de los países más afectados debido a los pobres resultados educativos de las últimas décadas, que han dado lugar a un mercado laboral poblado de personas sin formación. La adaptación de todos ellos a las nuevas formas de trabajo es muy complicada y costosa, y España ha invertido poco y mal para lograrlo. El resultado es este gran desajuste que provoca que coexistan vacantes y parados crónicos.

En el largo plazo, la Curva de Beveridge podría volver a su origen si el mercado laboral recupera su eficiencia. Pero, para ello, será necesario que pase una generación completa de parados de larga duración y que sean sustituidos por jóvenes formados de acuerdo a la demanda de trabajo de las empresas.

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