Las exportaciones son un 1% del PIB

Un Brexit duro tendría un impacto leve para España, pero crítico para los sectores clave

No es el Estado que más exporta a Reino Unido, pero sí vende productos clave que Londres pretende gravar con elevados aranceles si finalmente se produce una salida sin acuerdo

Foto: Un ciudadano anti-Brexit protesta con una figura de la primera ministra, Theresa May. (Reuters)
Un ciudadano anti-Brexit protesta con una figura de la primera ministra, Theresa May. (Reuters)

Mientras la Unión Europea y Reino Unido discuten sobre una posible prórroga para ampliar hasta el 30 de junio la unión de los dos bloques, la cuenta atrás sigue corriendo. A estas alturas, ya nadie se atreve a descartar un Brexit duro y las empresas españolas están entre las que más temen esta opción. España no es el país más expuesto a las importaciones británicas de bienes y servicios, al contrario, se encuentra en el vagón de cola. Esto haría que el impacto directo sobre el total de exportaciones fuese limitado (esto excluye cualquier efecto secundario que pueda provocar el Brexit sobre los mercados, la confianza de los agentes, etc.).

Sin embargo, hay un grave problema: las ventas a Reino Unido se localizan en sectores estratégicos que serían gravados con mayores aranceles. Esto hace que España vaya a ser uno de los países que mayores tasas tenga que soportar de toda la Unión Europea. En definitiva, aunque la exposición de las exportaciones a Reino Unido sea limitada, algunos sectores, como el del automóvil, sufrirían especialmente.

Así se deriva de un cálculo realizado por ING para los países europeos. La entidad sitúa a España en sexta posición de los países europeos que tendrían que soportar unas tarifas arancelarias más elevadas si finalmente se produce una salida sin acuerdo (eje horizontal en el gráfico). Según sus estimaciones, los productos y servicios españoles estarían gravados con un arancel algo superior al 7%, solo por detrás de Eslovaquia, Dinamarca, Grecia, Irlanda y Chipre, que sería el país europeo más afectado (el que se sitúa en el extremo derecho).

Reino Unido ya anunció la semana pasada toda una batería de aranceles temporales que pondría en marcha si finalmente no hay acuerdo para un Brexit ordenado. Era su forma de pasar al ataque en sus negociaciones con los líderes de la Unión Europea para forzar una renegociación del acuerdo de salida rechazado por el Parlamento británico.

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El país ha optado por una estrategia de defensa de su industria nacional, de modo que protegerá sectores concretos con sus políticas arancelarias. De esta forma, pretende evitar que la competencia externa, unida a las debilidades domésticas generadas por el Brexit, acabe provocando una sustitución de los productos locales por los extranjeros. Además, la producción local se enfrentará también a los aranceles del exterior, por lo que quiere fomentar que sus ciudadanos adquieran prioritariamente sus productos.

Aunque las exportaciones españolas a Reino Unido supongan poco más del 1% del PIB, los sectores expuestos se verían muy afectados

El problema es que esta estrategia afecta especialmente a España. De este modo, aunque las exportaciones a Reino Unido supongan poco más del 1% del PIB (la mitad de la media europea), los sectores expuestos se verían muy afectados.

No es de extrañar que así sea, ya que las autoridades británicas han optado por proteger los sectores de la automoción, la alimentación y el textil, que son precisamente tres de las grandes industrias exportadoras de España. Entre las tres representan el 47% de las exportaciones de bienes de España a Reino Unido. Esto explica que el tipo medio de los aranceles vaya a ser tan elevado, lo que afectará gravemente a estos sectores, que también son estratégicos para España.

Por ejemplo, en el caso de los vehículos, el arancel oscilará entre el 6% y el 22%, y en el caso de las prendas de vestir, estará entre el 2,5% y el 12%. Esto supondrá un duro golpe para las industrias afectadas, y también un importante sobrecoste para los consumidores británicos. Según un informe elaborado por la consultora Oliver Wyman, el impacto para España ascendería a 2.500 millones de euros, equivalente a dos décimas del PIB. Eso sí, solo se aplicarán en el caso de un Brexit sin acuerdo, que es lo que están tratando de frenar las dos partes, hasta ahora sin éxito.

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El país más afectado por los aranceles será Irlanda, y tiene sentido que así sea. En primer lugar, porque es el país que más depende de las exportaciones a Reino Unido, como es lógico. Las relaciones comerciales entre los dos países son máximas y las exportaciones de Irlanda a su vecino suponen casi un 7,5% de su PIB anual. No hay otro país europeo más expuesto al Brexit.

Pero, además, tendrá que soportar un arancel muy elevado, el segundo más alto de toda la Unión. También es lógico, ya que los modelos productivos de los dos países son muy similares. De ahí que, si Reino Unido quiere proteger su industria local, tenga que gravar esa producción, que coincide en gran medida con la de Irlanda.

Además del coste de los aranceles, España tendría otro foco de impacto en el turismo. Los turistas británicos son los más numerosos en España, y también se encuentran entre los que más gastan. Un Brexit duro no solo generaría problemas para la libre circulación de personas, también perjudicaría el poder de compra de los británicos en la zona euro por la depreciación de la libra.

En una entrevista en este periódico, el consejero delegado de Meliá, Gabriel Escarrer, alertaba del riesgo de perder 3,6 millones de turistas británicos si se consuma un Brexit duro. "En el peor escenario [Brexit duro], contando con una devaluación radical de la libra y una exigencia de visado a los británicos para entrar a cualquier destino de la zona euro, estimamos una caída hasta de un 20%", advertía Escarrer. Su pesimismo está generalizado en el sector turístico, especialmente en las provincias del Mediterráneo, las más expuestas a la llegada de visitantes británicos.

La pérdida de visitantes provocaría un 'roto' en el superávit por cuenta corriente de España, que ya se está debilitando en los últimos trimestres como consecuencia de la ralentización de las exportaciones y el crecimiento de las importaciones. El turismo genera 40.000 millones anuales de superávit a la balanza por cuenta corriente sin los cuales España tendría un déficit de casi 15.000 millones de euros. Esto supondría volver al déficit por cuenta corriente del pasado que tantos desequilibrios generó a la economía española.

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