Hay en juego 19.000 millones de exportaciones

Los aranceles que planea Reino Unido tras un Brexit duro se cebarían con España

El Gobierno británico impondrá aranceles a los sectores de la automoción, textil y agroalimentario si no hay acuerdo de salida. Entre los tres, suponen la mitad de las exportaciones de España al país

Foto: Manifestantes defienden la salida de Reino Unido de la UE. (Reuters)
Manifestantes defienden la salida de Reino Unido de la UE. (Reuters)

El Gobierno británico no se conforma con recibir continuas derrotas, en Bruselas y en Londres, y ha optado por pasar al ataque. El Ministerio de Comercio Internacional anunció el miércoles una batería de aranceles que pesarían sobre las importaciones de la Unión Europea si no se alcanza un acuerdo de salida. En el caso de un Brexit duro, las exportaciones de España estarían entre las más afectadas, tanto por el volumen —cada año, Reino Unido importa más de 19.000 millones de euros en bienes españoles— como por los productos seleccionados.

El Gobierno británico ha informado de que los aranceles que ha decidido afectarían al 13% de las importaciones británicas, mientras que el 87% restante no tendría ninguna tarifa aduanera. Con esta medida, Reino Unido pretende “proteger las industrias más vulnerables” de la competencia exterior. Se trata de sectores clave para España, como son los de automoción, textil y agrícola. Entre los tres generan el 47% de las exportaciones de bienes españoles a Reino Unido.

De los 19.000 millones que exporta España a Reino Unido cada año, algo más de 4.000 millones se corresponden con el sector del automóvil. En otras palabras, la venta de vehículos y sus componentes genera algo más del 20% de las ventas de bienes españoles en Reino Unido. De ahí que el arancel a estos productos, que oscilaría entre el 10% y el 16%, sea la peor amenaza para el sector manufacturero español.

A nadie se le escapa que la industria del automóvil es una de las más potentes de España, lo que magnificaría su impacto sobre la economía doméstica. Pero no solo eso: el sector lleva varios meses en crisis por la caída de la demanda internacional, las medidas contra el diésel y la competencia global; de ahí que cualquier medida contra sus exportaciones sea llover sobre mojado.

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El sector que se salva es el de los bienes de equipo, que representan casi el 23% de las exportaciones españolas. Por el momento, estos productos no están incluidos en el listado de aranceles publicado por el Ministerio de Comercio Internacional. Es normal que así sea, ya que los bienes de equipo suponen el grueso de la inversión empresarial, lo que supondría una gran pérdida de competitividad para las empresas en crecimiento.

El que no se salva es el sector agroalimentario. Reino Unido ha determinado aranceles para distintos tipos de fruta, queso, carne o arroz. Estas tasas impactarían, en distintas cuantías, sobre los 3.900 millones que exporta España al país. Tampoco se libra el sector textil, también con gran presencia en España. En 2018 se vendieron bienes por valor de 950 millones de euros, en torno al 5% de las exportaciones de España en Reino Unido.

Recesión sin acuerdo

Además de los aranceles, las exportaciones de bienes españoles a Reino Unido se verían afectadas por la grave crisis que viviría el país si se produce un Brexit duro. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR, por sus siglas en inglés) rebajó el miércoles la previsión de crecimiento del país hasta el 1,2% este año.

Sin embargo, esta estimación parte de la base de un Brexit blando con un periodo transitorio hasta 2020. Este sería el escenario idóneo, pero a día de hoy nadie es capaz de garantizarlo. En su informe, la Oficina Prespuestaria también se adentra en los riesgos de un Brexit duro. Aunque reconoce que es imposible anticipar la magnitud del impacto económico, sí que advierte de la llegada de un ‘shock’ a corto plazo a la economía del país.

Por ejemplo, hay altas probabilidades de que se produjera una interrupción temporal del suministro de bienes al país como consecuencia del cambio brusco en las reglas del comercio y las dudas de las empresas exportadoras. La Oficina Presupuestaria también anticipa que las empresas y los consumidores optarían por acumular reservas de bienes, lo que agravaría el desabastecimiento del país. Posteriormente, se produciría una caída en la demanda derivada de la incertidumbre futura que podría ser el factor causante de una crisis severa.

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Además, en el largo plazo, los efectos económicos de una salida sin acuerdo serían los derivados de un deterioro en el potencial de crecimiento del país. Si la inversión productiva se frena y también la llegada de trabajadores, las dos vías posibles de crecimiento (productividad y mano de obra) se verán colapsadas. Esta será la peor noticia para la economía británica si finalmente ocurre un Brexit duro.

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