Los mercados dan la espalda a Macri

El drama de Argentina: se queda sin reservas y no consigue frenar el desplome del peso

En apenas dos semanas, ha inyectado más de 5.500 millones de dólares de sus reservas para frenar el desplome del peso, pero ha sido en vano. Su divisa es la cuarta peor del mundo

Foto: El presidente de Argentina, Mauricio Macri. (EFE)
El presidente de Argentina, Mauricio Macri. (EFE)

Cuando accedió a la presidencia de la República de Argentina, Mauricio Macri contó con el beneplácito de los grandes bancos, las agencias de ‘rating’ y los inversores internacionales. Fue el recibimiento que cualquier presidente desea. En ese momento, sus promesas de liberalización de la economía y los tipos de cambio parecían señalar el camino del país hacia el paraíso prometido. Sin embargo, la realidad ha terminado por mostrar su verdadera cara. Los bancos consiguieron colocar una deuda en dólares a un tipo de interés que casi nadie les daba en el mercado. Los inversores acudieron para llevarse la rentabilidad inicial. Y las agencias de ‘rating’ se equivocaron, como hacen habitualmente.

Una de las primeras decisiones de Macri fue permitir la libre flotación del peso. Para su predecesora, Cristina Fernández, el tipo de cambio fue uno de los grandes quebraderos de cabeza, sin embargo, Macri confiaba en que la liberalización de la divisa acabaría de inmediato con la especulación y se acabarían las devaluaciones. Nada más lejos de la realidad.

En el primer día de la liberalización del tipo de cambio, el peso se desplomó un 26% frente al dólar y actualmente acumula ya una caída del 56%. La divisa argentina ha sido la cuarta peor del mundo entero en el último año. Solo la libra egipcia, el dólar surinamés y la naira nigeriana han caído más que el peso. Pocas comparativas pueden ser peores para Argentina.

Consciente del error de permitir la flotación total del tipo de cambio, el Banco Central de la República de Argentina (BCRA) decidió intervenir en el mercado. Para ello, comenzó a realizar compras masivas de pesos hacia finales de marzo utilizando sus reservas de dólares. El objetivo era fomentar la demanda de pesos y así frenar su depreciación. El resultado habla por sí mismo: el peso cotiza en el nivel más bajo de la historia contemporánea. Para comprar un dólar, son necesarios 22,6 pesos, un 130% más que cuando llegó al poder.

El problema para Argentina es que el ritmo al que se ha gastado sus reservas es alarmante y el resultado ha sido prácticamente nulo. Las ventas de pesos en el mercado son tan fuertes que ni siquiera el banco central puede contrarrestarlas. En menos de un mes y medio, Argentina ha gastado más de 6.500 millones de dólares y solo las dos últimas semanas ha dilapidado 5.600 millones, algo más del 10% de todos los dólares que guardaba en el banco central.

De continuar a este ritmo, Argentina se quedaría sin reservas de divisa extranjera en menos de cinco meses, una situación inasumible para cualquier país. Como la intervención directa en el mercado era insuficiente, el banco central decidió acometer dos fuertes subidas de los tipos de interés para intentar atraer capital extranjero y frenar la inflación. En unas semanas, el precio del dinero ha pasado del 27,25% al 40%. Unos tipos de interés completamente anómalos en el mundo; sirva como comparativa que en la eurozona están en el 0% y en EEUU, en el 1,5%.

La alianza con bancos y agencias de ‘rating’

Tanto los bancos como las agencias de calificación crediticia se volcaron con Mauricio Macri cuando ganó las elecciones. Ni siquiera fue necesario que aprobase ninguna reforma estructural para que se pusieran del lado de Argentina como no habían hecho en ninguno de los años del kirchnerismo. El mejor ejemplo está en el caso de Moody’s, ya que subió la perspectiva del ‘rating’ del país de estable a positiva solo dos días después de la victoria de Macri en las elecciones (todavía la presidenta en funciones era Fernández).

Desde entonces, Moody’s ha subido la calificación de Argentina en dos escalones, S&P en otros dos y Fitch en uno. Sin embargo, hoy no parece tan evidente que la situación de su deuda sea mejor de la que era hace tres años.

Los bancos tampoco dudaron en echar una mano a Macri, que en menos de tres meses casi se había quedado sin reservas de dólares en el banco central. Argentina llevaba más de 15 años sin poder financiarse en los mercados internacionales, y solo en tres meses desde la victoria de Macri consiguió un préstamo de 5.000 millones de dólares firmado por Santander, BBVA, JP Morgan, HSBC, Deutsche Bank, Citi y UBS.

En solo tres meses, Macri consiguió un préstamo de 5.000 millones firmado por Santander, BBVA, JP Morgan, HSBC, Deutsche Bank, Citi y UBS

El escenario para Argentina hoy es muy diferente. El país no ha conseguido atraer la inversión extranjera que esperaba y ahora tiene mucho más complicado conseguir financiación en los mercados internacionales. La subida de tipos de la Reserva Federal hace que los dólares vuelvan a EEUU, con lo que los inversores deshacen posiciones en los mercados emergentes. Por este motivo, Macri se ha visto forzado a solicitar la ayuda del FMI. Una ayuda que también se puede ver como un rescate (¿qué pasaría si no tuviese esa opción? ¿Quién prestaría el dinero a Argentina ahora?).

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La solicitud de ayuda financiera al FMI tiene muchas contraindicaciones. La más evidente es que el Fondo suele imponer unas condicionalidades macroeconómicas muy exigentes para equilibrar el problema, que casi siempre es el mismo: el déficit de la cuenta corriente. “El fuerte repunte de tipos de interés y el ajuste fiscal que previsiblemente exigirá el FMI tendrán un impacto negativo sobre el crecimiento”, explica Nereida González, consultora de Afi.

Pero otra de sus contraindicaciones es que Argentina pierde la posibilidad de que MSCI mejore la calificación del país a ‘emergente’ desde la actual de ‘mercado frontera’. Esta calificación de MSCI es muy importante, ya que es la que utilizan los bancos y fondos de inversión para ponderar su nivel de riesgo, por lo que determina grandes flujos de capitales en todo el mundo. La llegada de Macri había situado al país en la ‘zona de ascenso’, pero este giro inesperado de los acontecimientos ha enfriado las expectativas de una mejora en su calificación, lo que apaga la esperanza de que el país pueda recibir una oleada de inversión foránea en el corto plazo. ¡Qué rápido ha cambiado el escenario financiero para el presidente!

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