SI CONVENCE A BRUSELAS HABRÁ UN TERCER RESCATE

Grecia presenta el plan de reformas para que Europa autorice reestructurar su deuda

La invitación está cursada. A su ritmo, y con los pertinentes matices, pero incluso Schäuble está dispuesto a negociar un alivio para la deuda helena. Claro está, si las reformas de Atenas convencen

Foto: El primer ministro griego, Alexis Tsipras. (Reuters)
El primer ministro griego, Alexis Tsipras. (Reuters)

Hace tiempo que las casualidades dejaron de existir en todo lo que envuelve a Grecia y las negociaciones con sus acreedores. Cada paso, cada gesto, por pequeño o simple que parezca, responde a una intención. Tiene un interés detrás. Por eso no parece que sea una simple coincidencia que comiencen a solaparse las voces de los acreedores que, de un modo más o menos directo, conceden que habrá que hablar con Atenas de cómo hacer su deuda más sostenible. Una invitación que ha conseguido que el Gobierno de Alexis Tsipras haya presentado un programa de reformas; ahora queda ver si es lo suficientemente convincente, creíble y realizable para que abone el terreno para el tercer rescate y, sobre todo, para que Grecia permanezca en el euro. 

Grecia presenta el plan de reformas para que Europa autorice reestructurar su deuda

Por su relevancia, destaca el guiño ofrecido por el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble. "La sostenibilidad de la deuda no es factible sin una quita y creo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) está en lo cierto al decirlo", ha declarado en Fráncfort, no sin añadir un matiz clave: "No puede haber una quita porque infringiría el sistema de la Unión Europea". ¿Y una reestructuración de la deuda? "Sería otra posibilidad si no se puede hacer una quita, pero el margen que tenemos es muy escaso", ha precisado. 

Aun con esos matices y con esos recelos, que Schäuble valide la opinión del que FMI de que Grecia necesita una quita para aliviar el peso de su deuda y que conceda que hay margen, aunque sea escaso, para discutir una reestructuración constituye un gesto que puede ser crucial en las trascendentales negociaciones que esperan a Grecia y los acreedores en las próximas horas. 

Sobre todo, porque sus palabras se suman a otras que caminan en una dirección similar. Como las del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. "Una propuesta realista de Grecia tendrá que casar con una igualmente propuesta realista de los acreedores sobre la sostenibilidad de la deuda", ha afirmado. 

Estos mensajes se suman a los de la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, quien también ha defendido la necesidad de acometer una reestructuración de la deuda pública helena. Actualmente, la deuda helena alcanza los 315.000 millones de euros, una cifra equivalente al 175% del Producto Interior Bruto (PIB) heleno. 

Parecido, pero no es lo mismo

Las piezas, por tanto, parecen caminar hacia un terreno en el que el acuerdo sería más factible. Lo que parece claro es que para Alemania la quita es un tabú que conviene no tocar. Una línea roja insalvable, primero porque tendría difícil encaje en las leyes europeas y, segundo, porque tendría difícil explicación para los contribuyentes alemanes. No es para menos, puesto que la quita representa una opción más dura: supone aceptar que se va a recibir menos dinero que el prestado. Así, sin rodeos.  

La canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)
La canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)

Por el contrario, una reestructuraciòn, aunque en última instancia genera unos efectos similares, es menos dura. Consiste en alargar los plazos y/o suavizar las condiciones de la deuda. Es decir, los acreedores tardan más en recuperar su dinero y recibirán menos intereses, pero al menos se mantiene íntegro el valor del dinero prestado, de ahí que sea una alternativa menos radical y, por tanto, más abierta a una negociación. 

En todo caso, la puerta que Europa está abriendo a incluir un respiro para la deuda griega en las conversaciones descansa sobre una premisa básica: Grecia formular un programa de reformas creíble. Este planteamiento parte de una premisa fundamental: sin reformas, el país tendrá difícil crecer, y sin crecimiento, ningún alivio de la deuda ejercerá efectos duraderos y los compromisos financieros volverán a convertirse en un pesado lastre en poco tiempo. 

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