Su entusiasmo es encomiable

La España de las remontadas o por qué todo empieza y acaba (para bien) con Rafa Nadal

El balear está siendo el mejor jugador de esta Copa Davis. Este sábado volvió a ser vital para meter a la Selección en la final. El público le adora. Su dobles con Feliciano, de lo mejor de estos días

Foto: Rafa Nadal celebra, desatado, el pase a la final de la Davis tras el partido de dobles con Feliciano López. (EFE)
Rafa Nadal celebra, desatado, el pase a la final de la Davis tras el partido de dobles con Feliciano López. (EFE)

Suceda lo que suceda contra Canadá en la final de esta tarde en la Caja Mágica (16:00h), esta es la España de las remontadas. 'La Armada' se ha aficionado a ello, a revertir las eliminatorias a base de coraje y garra. La de Rafa Nadal, sobre todo. Lo del balear está siendo un auténtico escándalo, un capítulo aparte. En las cuatro citas de Copa Davis que llevamos hasta el momento ha doblado su esfuerzo en tres: Croacia, Argentina y esta pasada madrugada ante Gran Bretaña. Es insaciable, siempre quiere más. Tira del carro de toda la Selección con un entusiasmo encomiable. Representando a España se siente más torero que nunca. Tras una temporada espectacular y un último periodo con molestias en la muñeca y también en el abdominal, lejos de irse de vacaciones Rafa prefirió viajar a Madrid para ayudar a sus compañeros a conquistar la sexta 'ensaladera'. Gerard Piqué debe estar con ojeras, pero contento. Le costó convencerle para que participara en este nuevo formato y el tenista le está correspondiendo con toda la entrega del mundo. Todas las remontadas empiezan y acaban en su raqueta.

Durante esta semana el combinado capitaneado por Sergi Bruguera ha levantado tres citas adversas para plantarse en la final. España se ha sobrepuesto a eso, pero también a las bajas: primero fue la de Roberto Bautista por razones personales y luego las de Pablo Carreño y Marcel Granollers por molestias físicas. Ninguno de los dos últimos salió a pista contra Gran Bretaña. Les sustituyó Feliciano López, que perdió su primer partido contra Kyle Edmund. El toledano se enteró de que iba a ser de la partida 30 minutos antes de salir a la Manolo Santana. Llevaba tres eliminatorias en el banquillo y, pese a que estaba preparado para jugar, ya no esperaba volver a hacerlo. Bruguera no tenía más herramientas disponibles y tiró de él. Feli, en la recta final de su carrera, salió frío y le costó meterse en el partido. Cuando quiso articular su tenis ya era demasiado tarde. Edmund tenía controlado el partido y le dio el primer punto a los suyos. De nuevo, España a contrapié.

Nadal se abraza emocionado a Sergi Bruguera, capitan español. (Reuters)
Nadal se abraza emocionado a Sergi Bruguera, capitan español. (Reuters)

El rosco a Evans

La realidad es que Feliciano casi se queda fuera de la convocatoria para esta Davis. Su mal arranque de año, en el que abandonó el top 100 del ranking por primera vez en 17 años, le generó dudas. Este curso se estrenó además como director del Open de Madrid, por lo que todo hacía indicar que el toledano pondría fin a su etapa en la élite para centrarse en su nueva faceta como empresario. De él se hablaba también más en la prensa rosa por sus relaciones sentimentales que en la deportiva por sus éxitos. Sin embargo, Feliciano resucitó sobre la hierba de Queens cuando ya nadie le esperaba con los títulos de invididual y dobles junto a Andy Murray. Bruguera hablo con él y le vio motivado y con confianza. Finalmente, decidió llamarle a filas por delante de Fernando Verdasco, que se llevó un chasco tremendo y así lo compartió con sus seguidores en redes sociales. Junto a Granollers, Feliciano fue clave en el dobles contra Rusia que sacó a España de un lío y esta noche lo volvió a ser con Nadal, con el que tan solo había compartido el mismo lado de la cancha una vez... hace 14 años. Fue en el playoff de permanencia en Torre del Greco (Italia).

Pero antes de la gesta de la pareja, el número uno del mundo volvió a atarse las zapatillas para regalarle una vida extra a la Selección. Evans costó más que Schwartzman, pero claudicó con todo el equipaje en un segundo set en el que el español le endosó un rosco. Rafa tenía prisa. No quería que su particular duelo se extendiera mucho para llegar lo más fresco posible al dobles y lo despachó en 80 minutos. Estaba claro que volvería a saltar al ruedo. Formó la dupla con Feliciano, ampliamente criticada por las redes, que ardían ante el cambio de última hora. Feli no les había dejado con buen sabor de boca, pero acabaría desquitándose. El tenis siempre ofrece revanchas. El ambiente en la Caja Mágica por ese entonces era ya magnífico. Nadie abandonó su butaca. El conjunto británico contó con la inestimable ayuda de un buen puñado de seguidores, 900 de ellos invitados por la federación. Querían que sus jugadores se sintieran arropados.

Rafa Nadal y Feliciano López, eufóricos tras ganar a Gran Bretaña. (EFE)
Rafa Nadal y Feliciano López, eufóricos tras ganar a Gran Bretaña. (EFE)

Un dobles de quilates

La batalla final fue digna de película. Uno de los mejores partidos que se hayan visto durante estos días. Un juego entre perfectos donde ambas duplas concedieron muy poco y estuvieron tan sólidos desde el servicio que no se dejaron romper el saque ni una sola vez. La concentración era máxima. Gran Bretaña, con Jamie Murray -el hermano pequeño de Andy- y Neal Skupski tenía más experiencia. Ambos habían jugado juntos en 13 ocasiones esta temporada. Murray, además, es ex número uno en esta especialidad, con dos Grand Slam en su haber. No obstante, con Rafa, España tiene poco que perder. Tampoco encuentra razones para sentir miedo y acobardarse. Él y Feli se complemetaron a la perfección y fueron más precisos que sus oponentes en los dos 'tie-break' de infarto, que se decidieron por pequeños detalles, para cerrar la eliminatoria y poner los dos pies en la décima final de nuestra historia. La primera desde 2011, que se logró en Sevilla.

La 'ensaladera', colocada en una esquina de la Manolo Santana, luce preciosa. Esta madrugada, sobre las 00:30h, se vio reflejado en ella el efusivo abrazo que se dieron los dos jugadores españoles en el centro de la pista. También la celebración de Bruguera, los brincos del resto del equipo en el palco y la emoción contenida de un Roberto Bautista que, en su durísimo luto interno, volvío a Madrid para reunirse con sus compañeros y prestarles todo su aliento. Canadá ya espera.

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