La odisea de montar en barco en España: ¿por qué la vela no es para todos?
  1. Deportes
  2. Otros deportes
la náutica en nuestro país

La odisea de montar en barco en España: ¿por qué la vela no es para todos?

Hoy coger un barco es un lujo que se pueden permitir las personas acaudaladas. Y quizás no es tanto así, sino solo el concepto que la propia sociedad marítima se ha autoimpuesto

placeholder Foto: Dos regatistas preparan su barco para el Campeonato del mundo de Snipe. (EFE)
Dos regatistas preparan su barco para el Campeonato del mundo de Snipe. (EFE)

España, por extensión, no es un país grande. La limitación en territorio, sin embargo, no supuso un impedimento para convertirse durante siglos en la principal potencia marítima del planeta. 7.905 kilómetros de costa obligaron a los habitantes de la península a conocer el mar, sentir sus pulsaciones, comunicarse con él, sobrevivir a él. Nuestro país surcó el planeta de extremo a extremo, construyó un imperio y conforme perdía las colonias tomadas por la fuerza, se alejaba de sus orígenes, se dio la vuelta sobre sí mismo y en vez de mirar hacia el océano, miró hacia la tierra, se encerró en sí misma y olvidó que el mar es una forma de vida. Hoy coger un barco es considerado un lujo que casi que solo se puede permitir las personas que tienen cuentas en paraísos fiscales, es decir, las acaudaladas. Y quizás no es tanto así, sino solo el concepto que la propia sociedad marítima se ha autoimpuesto. ¿Por qué la vela no es para todos?

"El mejor día para una persona que se compra un barco son el primer y el último: cuando lo compra y cuando lo vende". Esta impresión es la que tiene un hombre que siente día a día el mundo de la vela, como Alfredo Mella, director general de la empresa de comunicación náutica Yatch & Media y director del primer equipo español en participar en la Youth America's Cup. Es el resumen del sentimiento de muchos de los compradores de barcos, yates o veleros, un acto que supone una grandísima inversión, no solo inmediata, sino también a largo plazo y que aquí no implica una satisfacción alta general. "La gente no tiene cultura de tener un barco y salir a navegar, estamos lejísimos de Francia, donde forma parte de su manera de ser. Aquí sales a dar dos paseos y al siguiente día te cansas", añade Mella en conversación con El Confidencial.

"Esto es la NBA o la Champions de la vela"

Las referencias a Francia entre los marinos y expertos en náutica contactados por este periódico son constantes. Es el lugar soñado por cualquiera para ejercer la vela o la navegación, ya sea deportiva, recreativa o laboral. "Allí puedes estar las 24 horas hablando de barcos. En España, si piensas en medallas olímpicas, solo piensas en deporte. Aparecerá puntualmente en el 'Marca' y ya está. Hay regatistas estupendos que tienen resultados muy buenos, pero se queda en eso. En Francia, la vela es un tema social, económico, de I+D, industrial, cultural... ¡todo! Esto es la NBA o la Champions League de la vela oceánica", decía Alex Pella desde Brest, en la Bretaña, a este diario en octubre de 2016, antes de embarcarse de nuevo en el trimarán Idec Sport para intentar y conseguir el Trofeo Julio Verne a la vuelta al mundo a vela más rápida de la historia.

Cualquiera que se acerque a la vela destierra en el minuto uno que es un deporte de pijos"

Alex Pella es, hoy por hoy, el navegante más importante a nivel internacional que tiene España. Es barcelonés, se aficionó a la vela en las costas de nuestro país y en el único lugar donde ha recibido el reconocimiento que se merece ha sido en la Bretaña. Al propio Pella le sorprende que esto sea así, aunque se ha acostumbrado a ello y ya ni se queja. "La primera 'transat' —transatlántica— la hicimos nosotros, con Colón y su expedición española. La primera vuelta al mundo la hicimos nosotros, con El Cano y Magallanes. Los primeros en recorrer el Pacífico y llegar a Australia fuimos nosotros...", y aun así, la tradición se ha perdido en algún momento difícil de acotar.

Foto: El Team AkzoNobel fue el primer equipo en confirmar su participación en la Volvo Ocean Race. (Foto: Team AkzoNobel)

La vela pasó a ser un deporte de pijos, de ricachones que se compran un barco por capricho y luego no lo usan, y de gente de clase media-baja que sueña con ello y no se lo puede permitir, o cree que no puede. "Cualquiera que se acerque a la vela destierra en el minuto uno que es un deporte de pijos", dice Nacho Gómez, periodista experto en náutica con muchos años de experiencia en 'Marca' y actualmente en el departamento de comunicación de la Volvo Ocean Race. "No es verdad que por coger un barquito una tarde te vayan a sacar un ojo de la cara, pero la vela no se ha encargado de hacer campañas de concienciación para que la gente sepa dónde acudir a navegar barato, y es una autocrítica que la vela debe hacer".

placeholder Alex Pella en lo alto de su embarcación.
Alex Pella en lo alto de su embarcación.

Este es un punto de vista que la Real Federación Española de Vela (RFEV) apoya. "Esta vieja creencia es errónea. La vela es un deporte como cualquier otro, en el que participan personas de todos los estratos sociales. Además, los clubes náuticos y escuelas de vela son quienes ponen a disposición de los jóvenes deportistas todo el material necesario para que se inicien en este deporte. También hay que remarcar que tanto clubes como federaciones autonómicas apoyan el desarrollo de la vela con ayudas económicas y en especie", dicen desde el ente institucional a El Confidencial.

Ya no solo son los impuestos, sino el amarre, la gasolina, el seguro... Y para que la gente lo use cuatro días en el año, no les compensa"

Sí es verdad, en cambio, que España se ha autoimpuesto un freno en el desarrollo náutico que resulta infranqueable para las economías de las clases medias. "Hoy en día hay barreras físicas y la gente no tiene acceso al mar. Aquí en Bretaña tú te puedes construir un barco como tú quieras y echarte al mar, eso en España está prohibido. Eso hace que el mar esté reservado para una parte muy reducida y elitista de la sociedad", añade Alex Pella. "Como está considerada una actividad de lujo, el gravamen suele ser más alto y puede que sea injusto. Es cierto que lo encarece todo. Ya no solo los impuestos, sino el amarre, la gasolina, el seguro... Y para que la gente lo use cuatro días en todo el año, no les compensa comprarse un barco. La gente opta en muchas ocasiones por alquilar", recuerda con pesimismo Alfredo Mella.

"La vela española sigue creciendo"

Sin embargo, desde la Federación el mensaje no es en absoluto dramático, más bien al contrario. La RFEV asegura que "la vela española goza de una buena salud y sigue creciendo día a día". En 2015 las licencias federativas sumaron un total de 11.744 deportistas, en 2016 se llegó hasta las 12.598 licencias y en el primer semestre de este año se han federado 15.741 personas. Además, hay que tener en cuenta que, si bien el grueso de las licencias se dan de alta a principios de año, los meses estivales suelen reflejar un gran aumento en el número de licencias federativas por lo que los números de 2017 podrían aumentar de forma considerable. La tendencia, por tanto, resulta ascendente, con una subida de más del 30% en los últimos dos años, todo según los datos de la propia RFEV.

Foto: Blanca Manchón practicando windsurf. (Miguel Morenatti)

Claro que las idas y venidas de la Federación no han sido de gran ayuda para el desarrollo desde el punto de vista deportivo. Si bien las fuentes consultadas de la RFEV aseguran que el esfuerzo por ayudar a sus deportistas ha sido "memorable", apenas ha habido recursos para mantener a todos los regatistas que iban a competir por medalla en los Juegos Olímpicos de Río, donde la navegación española no subió al podio, pese a ser la disciplina que más preseas olímpicas ha dado a nuestro país. "Esos éxitos se produjeron por la tradición y cultura que hay detrás, no por la Federación, que ha sido un desastre y lo seguirá siendo", dice Nacho Gómez.

La Federación ha visto pasar a varios presidentes, Gerardo Pombo, José Ángel Rodríguez y Julia Casanueva, que iban esquilmando poco a poco las arcas. "Es una de las federaciones que más dinero recibe del Consejo Superior de Deportes (CSD), pero desde hace un tiempo no tienen ni para vestir con un polo a los niños. Además, tienen un desbarajuste en los equipos, tienen un Centro Especializado de Alto Rendimiento (CEAR) en Santander infrautilizado... falta orden", explica Alfredo Mella, que recuerda que el CEAR cántabro está enfocado únicamente para la élite mientras que en Francia, el Centro Nacional de Vela está abierto para todos los públicos. "Esa es una forma de crear cantera: en vez de ir a un campamento de verano a la montaña, vienes aquí", propone.

placeholder Tamara Echegoyen y Berta Betanzos en la prueba de 49er de los Juegos de Río. (EFE)
Tamara Echegoyen y Berta Betanzos en la prueba de 49er de los Juegos de Río. (EFE)

Por su parte, Nacho Gómez comenta que para potenciar la vela entre los más jóvenes hay diferentes alternativas a seguir, algunas de las cuales ya se están empezando a implementar. "Se está intentando copiar el modelo de las estaciones de esquí con estaciones náuticas, es decir, que puedas ir por un precio moderado a hacer windsurf, kayak, paddlesurf o navegar en un barco; por otro lado, Valencia está peleando para que exista la 'semana azul', igual que existe la 'semana blanca' para la nieve, en la que todos los niños puedan salir a navegar".

¿Y por qué no añadir la náutica a los planes de estudio escolares? "No debería ser extraño que en las ciudades costeras hubiera una hora a la semana de navegación, de mar... llámese como se quiera", reconoce Nacho Gómez. "En España, la cultura divulgativa es escasa", añade Alfredo Mella, algo que subraya Alex Pella. "Si me canso algún día de navegar, seguiré vinculado al mar, y puedo ayudar a nivel divulgativo, que está todo por hacer. Hemos tenido 'Al filo de lo imposible', a Jesús Calleja, pero en el mar no hay nada. Eso me da a mí muchas posibilidades", afirma el marino catalán, que resume en una breve declaración el camino a seguir, según su criterio: "El cambio de concepto está en juntar, como han hecho los franceses, el deporte, la cultura, la tecnología, el medio ambiente... El acceso al mar es privado. Si tienes un barco, no puedes tirarlo al mar. Eso en Francia no existe, todo son rampas públicas. Hacerlo público aumentaría el turismo, generaría dinero, daría trabajo. Permitiría desestacionalizar el turismo y hacerlo constante. Y haría que para tener un barco no haya que ser rico".

Vela Especial Náutica
El redactor recomienda