Valentino Rossi, más que un mito
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¿EL PILOTO MÁS GRANDE DE TODOS LOS TIEMPOS?

Valentino Rossi, más que un mito

Con el anuncio de su próxima retirada, MotoGP empieza a asimilar el momento del adiós. Tras su última carrera, se cerrará una etapa clave en la historia del motociclismo

placeholder Foto: Valentino Rossi, en acción. (EFE)
Valentino Rossi, en acción. (EFE)

¿Es Valentino Rossi el piloto más grande de todos los tiempos? Esto siempre será un tema de discusión, un eterno debate que no tendrá conclusión, pero lo que nadie puede poner en duda es que la figura de Valentino Rossi ha marcado el curso de la historia del motociclismo contemporáneo. Más de un tercio de la historia del Campeonato del Mundo ha estado marcado por la trayectoria del piloto italiano, que desde que llegó al Mundial en 1996 como un rebelde debutante en la entonces menor de las categorías, la de 125 cc, dejó una estela de personalidad y carácter, una forma de ser embriagadora e irresistible, que propició la atracción por el motociclismo como nunca antes había conseguido ningún otro piloto.

En el pasado hubo pilotos carismáticos, como el británico Barry Sheene o el norteamericano Kevin Schwantz, ambos campeones de 500 que cautivaron a los aficionados en los años setenta, ochenta y noventa del pasado siglo. Pero sería un muchacho italiano de 17 años, Valentino, hijo de un popular piloto de los años setenta y ochenta, Graziano Rossi, el que terminó despertando el interés por el motociclismo como nadie antes había conseguido hacerlo. Mucho antes de que las redes sociales se metieran en nuestras vidas y nos valiéramos de ellas para vender nuestros mensajes, Valentino se había metido en nuestros corazones y nos había regalado la emoción de las carreras.

Foto: Rossi en el GP de Cataluña. (Cordon)

Era casi como un juego. Los domingos por la mañana, esas carreras de 125, antes del mediodía, tenían la energía del 'espresso' más concentrado. Dicharachero e irreverente, Rossi se medía con esa legión de pilotos japoneses que por entonces mandaban en la categoría, luchaba sin arrugarse con los más veteranos de la parrilla, como Jorge Martínez Aspar, todo un campeón que conoció en sus carnes la desvergüenza de la juventud de Valentino, y por encima de todo, Rossi disfrutaba de cada momento como si de un juego se tratara. No tardó en dar luz a su personaje: Rossifumi, mostrando su admiración por los pilotos nipones. Y puso pimienta a sus carreras con sus divertidas celebraciones, luciendo mil y un disfraces, en el podio o en la vuelta de honor, realizando tantas bromas como las que se le pudieran ocurrir al inquieto grupo de fieles amigos que le seguía de circuito en circuito.

El gran talento de Rossi se puso de manifiesto enseguida. Campeón del mundo de 125 en su segunda campaña, campeón de 250 dos años después, subcampeón de 500 en su debut y campeón al año siguiente. Con solo 21 años se había coronado en las tres categorías. El mito empezó a crecer y con él la marea amarilla de seguidores que poblaban los graderíos de cualquier circuito, no solo en Italia, sino en todo el mundo. Su descaro dentro y fuera de la pista le llevó a célebres enfrentamientos con algunos de los hombres consagrados del campeonato. Su primera pieza fue Max Biaggi, con quien tuvo un desencuentro desde sus inicios. El humor mordaz con el que trató al piloto romano fue casi humillante.

Todo el desenfado que exhibían sus palabras en declaraciones y entrevistas se traducía en victorias, casi incontestables

En boca de cualquier otro piloto, las palabras de Rossi podían resultar esas bravatas comprometidas de las que luego algunos se arrepienten, pero todo el desenfado que exhibían en declaraciones y entrevistas se traducía en victorias, casi incontestables. Fue coleccionando uno tras otro todos los récords del campeonato. Cuando llegó MotoGP, siguió reinando de la mano de la todopoderosa Honda. Así cualquiera, pensarían algunos. La frialdad del equipo japonés le llevó a aceptar un desafío poco común: dejar la moto campeona para correr con Yamaha, que no ganaba un título desde 1992.

Así, en 2004 se fue a Yamaha y ganó a la primera. Y siguió escribiendo su leyenda, con estilo. Cuando igualó las 76 victorias del mítico Mike Hailwood, paseó una sencilla banderola en la vuelta de honor: "I'm sorry Mike" (lo siento, Mike). Cuando alcanzó las 90 de Ángel Nieto, fue el 12+1, generoso como pocos, el que le rindió homenaje: "Valentino, la moto te quiere", decía Nieto en un cartel, mientras esperaba la llegada de Rossi a una de las curvas, vestido de cuero, y con Nieto a los mandos de su Yamaha, juntos dieron una inolvidable vuelta de honor en Le Mans. La suma de éxitos siguió, casi sin freno, enlazando cinco títulos consecutivos en la máxima categoría. La siguiente parada, Giacomo Agostini (15 títulos, 122 victorias), pensaban muchos.

Foto: Valentino Rossi, durante los test de Sepang este pasdo mes de febrero. (EFE)

Pero en 2006 dio con la horma de su zapato. Tras ir a remolque toda la temporada, consiguió enmendar la plana en la penúltima carrera y llegó líder del campeonato a Valencia, la última cita. Pero se cayó, y el título fue a manos del llorado Nicky Hayden. Y al año siguiente, con el primer cambio de reglamentación en MotoGP, Ducati y Casey Stoner le cogieron con el pie cambiado. Ya tenía 28 años, ya era un veterano, ya estaba viejo para ganar, ya estaba acabado. Hoy mismo lo recordaba. Pero siguió sacando lo mejor de sí mismo para derrotar a la nueva generación de talentos que había llegado a MotoGP dispuesta a jubilarlo. Y así llegaron dos títulos más, y pasó de las 100 victorias. Lo celebró con su humor habitual: 'Scusatte il retardo' (perdón por el retraso) en 2008, y 'Gallina vecchia fa buon brodo' (gallina vieja hace buen caldo) en 2009, lucía en sus camisetas de celebración.

Había pasado 10 años en la máxima categoría con un balance impresionante. ¿Quién le iba a decir en ese momento que aún seguiría más de 10 años en la brecha? Llegaron los tiempos difíciles: la lesión de 2010 en plena pelea por el título con Jorge Lorenzo; verse postergado en Yamaha ante el nuevo talento emergente; su fallido paso por Ducati, y el regreso como un hijo pródigo a Yamaha en 2013, siempre ensombrecido por los resultados de Lorenzo.

No importaba lo que sucediera en los entrenamientos, porque cuando llegara la carrera, Rossi estaba listo para dar el máximo

Nada le aplacó. Ni siquiera la irrupción del arrollador Marc Márquez, que uno tras otro iba superando los récords que el propio Rossi había establecido. Aquello fue una nueva motivación, ganar a Márquez, el chico maravilla. Rossi siempre ha sabido encontrar modos de reinventarse, de encontrar nueva energía. Y en 2015 volvió a pelear por el título, de nuevo contra su compañero Lorenzo, pero esta vez con Márquez ejerciendo de juez. Sus caminos se cruzaron unas cuantas veces, y al final la polémica maniobra que protagonizó en Sepang, que llevó a Márquez al suelo, le costó una sanción. Fueron tiempos oscuros para el motociclismo, tiempos de ruptura, de odio, de palabras gruesas. Fueron días en los que Rossi escupió contra el viento. Se revolvió como un animal herido, y tardó mucho, mucho tiempo en volver a mirar a la cara a Márquez. Desde entonces, siempre ha sentido —y lo ha dicho— que aquel título no lo perdió, sino que se lo robaron.

Todo quedó atrás. Pasaban los años, pero la energía de Valentino Rossi seguía sin agotarse. Logró ganar carreras hasta 2017 (Assen), con 38 años cumplidos, todo un hito en el deporte contemporáneo. Seguía estando delante, sumando podios, generando emociones y confianza, y aunque ya no ganaba seguía despertando la misma pasión y el mismo interés que en sus mejores días. Si para estar en la élite de MotoGP los jóvenes pilotos se aplican con la determinación y profesionalidad de un atleta, ¿a qué clase de esfuerzo debía someterse Rossi para seguirles el ritmo? No importaba lo que sucediera en los entrenamientos, porque cuando llegara la carrera, Rossi estaba ahí, listo para dar el máximo. Es y siempre ha sido un piloto de domingos.

Foto: Valentino Rossi no será piloto del equipo oficial de Yamaha en 2021. (Reuters)

Ya había pasado de los 40 y seguía en la brecha. La maldita pandemia lo atrapó mediada la temporada 2020, se contagió de covid y se perdió varias carreras, y cuando regresó enlazó un mal resultado con otro. Los aficionados de medio mundo torcieron el gesto. ¿Seguirá? Y en 2021, por primera vez abordó el Mundial fuera de un equipo de fábrica. Y las circunstancias, hay que reconocerlo, nunca le han sido favorables. Con 42 años, se esforzaba al máximo para estar al nivel. A veces resultaba doloroso ver cómo lograr una décima posición era celebrado en el garaje de su equipo como si de una victoria se tratara. Pero él seguía peleando en cada sesión, en cada carrera. Solo él sabía cuándo llegaría el momento de parar, y con esa enorme capacidad analítica que siempre ha tenido no dudó en escrutarse y decidir. No hay tiempo para más.

Para muchos, el motociclismo cambiará a partir del 14 de noviembre de 2021 porque Valentino Rossi no volverá a estar en una parrilla de MotoGP. Sin duda que será diferente, como lo fue el día que Surtees, Hailwood, Agostini o Doohan decidieron decir adiós, cada uno con su circunstancia. Atrás quedarán 432 grandes premios disputados, nueve títulos mundiales y 115 victorias en el Mundial (a fecha de hoy). ¿El más grande de todos los tiempos? ¿Acaso importa? Solo habrá un Valentino Rossi, y hemos tenido el privilegio de disfrutar de sus carreras. Eso es lo que importa.

¿Es Valentino Rossi el piloto más grande de todos los tiempos? Esto siempre será un tema de discusión, un eterno debate que no tendrá conclusión, pero lo que nadie puede poner en duda es que la figura de Valentino Rossi ha marcado el curso de la historia del motociclismo contemporáneo. Más de un tercio de la historia del Campeonato del Mundo ha estado marcado por la trayectoria del piloto italiano, que desde que llegó al Mundial en 1996 como un rebelde debutante en la entonces menor de las categorías, la de 125 cc, dejó una estela de personalidad y carácter, una forma de ser embriagadora e irresistible, que propició la atracción por el motociclismo como nunca antes había conseguido ningún otro piloto.

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