LA FRICCIÓN DE LOS PILOTOS VIENE DE LEJOS

El origen de por qué Rossi no soporta a Márquez

Rossi y Márquez están acaparando la actualidad de MotoGP y no por una victoria en el pasado GP de Argentina, sino por una nueva disputa que mantuvieron dentro de una larga lista

Foto: Rossi y Márquez en una rueda de prensa en 2016. (EFE)
Rossi y Márquez en una rueda de prensa en 2016. (EFE)

Ésta es una historia vieja que no arranca en Sepang 2015 ni en la carrera de Argentina de MotoGP de hace tres años. Es un choque entre dos mitos, entre dos tiempos. No es nada nuevo ni especial, pero se ha llegado a un odio, por parte de Valentino Rossi, irracional. La historia del motociclismo está llena de momentos como este, de enfrentamiento, a veces insano, y nada de lo que está sucediendo ahora entre Rossi y Marc Márquez es algo por lo que no haya pasado ya Valentino, salvo que en esta ocasión él está contemplando la situación en el lado opuesto al que estaba hace diez o quince años.

Un día, allá por junio de 2008, en el fin de semana del GP de Cataluña, un todavía pequeño Marc Márquez, recién llegado al Mundial, le confesaba con cierta timidez a Jaime Olivares, uno de los mejores fotógrafos que ha conocido este campeonato, su admiración por Rossi. Jaime, que no es espabilado, es lo siguiente, le mostró la manera de ganarle el corazón a Valentino: como Scalextric era uno de los patrocinadores de Marc, le propuso que le regalara la réplica del Subaru Impreza con el que Rossi corría en rallyes. Y con esta ofrenda, el pequeño Marc traspasó el umbral del garaje de Yamaha. Y Jaime inmortalizó el momento. Fue una foto que dio la vuelta al mundo.

Rossi fue complaciente con Marc y le aconsejó como gran maestro del Mundial: “No dejes de pelear, no dejes nunca de aprender y fíjate mucho cómo lo hacen los buenos”, le dijo. ¿Y que hizo Marc? Como una esponja, absorbió información por todos los poros. Y en el que más se fijó fue en Rossi. Era la referencia, su ídolo, la última imagen que veía cada día antes de caer rendido en su dormitorio en la casa familiar de Cervera y cerrar los ojos.

Rossi, el espejo en el que mirarse

Márquez creció en el Mundial siguiendo el consejo de Valentino, fijándose en lo que hacía él. ¿Y en todos estos años qué hemos visto y qué hemos aplaudido? Hemos visto y aplaudido el coraje y el descaro de un espigado muchacho italiano que llegó al Mundial sin prejuicios, con una agresividad a flor de piel y una (sana) falta de respeto por los veteranos, propia de su edad. Que le pregunten a Max Biaggi o a cualquier piloto consagrado de 125 y 250 en los años noventa. Que le pregunten a Sete Gibernau. Ése ha sido el espejo en el que se ha mirado Márquez.

Todo era perfecto y admisible. MotoGP lleva buscando un heredero natural para Valentino Rossi desde su lesión en 2010 y su marcha a Ducati, cuando parecía que su estrella se apagaba, ante el temor de un cercano retiro. Pero entonces, volvió a la vida en 2013 y su retorno como hijo pródigo a Yamaha coincidió con la llegada de Márquez a MotoGP. Eran como dos gotas de agua. Márquez replicaba de forma casi perfecta la escenografía anteriormente ejecutada por Rossi: el hachazo a Jorge Lorenzo en la curva 13 de Jerez –curiosamente, la curva Lorenzo- fue un calco del hachazo de Rossi a Sete Gibernau en 2005, que no fue muy diferente del realizado por Mick Doohan a Alex Crivillé en 1996. Y meses después, Márquez superaba a Rossi con una escalofriante maniobra en el Sacacorchos de Laguna Seca, del mismo modo que Valentino le había hecho en 2008 a Casey Stoner. Todas ellas, maniobras al límite, discutidas y discutibles, y todas aplaudidas por la generalidad de los seguidores de MotoGP.

Rossi entrena más que nunca

Rossi se lo tomaba con humor. Pero la historia cambió cuando Márquez fue campeón y se convirtió en el hombre dominante de MotoGP, el hombre que pone las reglas. Rossi siempre se resistió a ser doblegado, pero no sólo por el hecho de ser doblegado, sino también porque se veía obligado a tener que competir de una forma diferente a la que estaba acostumbrado, y en ese cambio, por un motociclismo más exigente en lo físico, se vio forzado a modificar sus hábitos. Ese nuevo ritmo lo impuso Márquez. El hecho de crear la VR46 Rider Academy no ha sido tanto por impulsar el crecimiento del motociclismo italiano como por conseguir alimentar su espíritu, volverlo más joven y dinámico. Nunca antes Rossi había necesitado entrenar tanto y tan intensamente, y a pesar de todo ese esfuerzo no conseguía ser campeón. ¿Y quién se interponía en su camino? Márquez.

En 2015, Rossi se sentía más fuerte que nunca. Empezó el Mundial ganando, algo que no sucedía desde 2010. Márquez se convirtió en su mayor escollo. En la tercera carrera, Argentina, un contacto entre ambos, al límite, en la última vuelta, llevó al suelo a Márquez. Rossi confesó a sus íntimos: “Ahora tengo a Márquez donde quiero”. Textual. Y el tono bronco entre ambos ganó terreno al odio necesario entre rivales, eso odio que durante casi una década alimentó a Wayne Rainey y Kevin Schwantz, y que permitió que nos regalaran momentos épicos en la historia de este deporte. El mismo odio que sintieron entre sí, Sito y Garriga. El mismo del propio Valentino y Biaggi.

En Assen, tercera victoria del año para Rossi, el desencuentro ya era evidente. En un ataque marca de la casa en la última curva, Márquez se coló por el interior de la chicane, pero Rossi, perro viejo, atrochó por lo verde, ganando ante el malestar de Márquez, que consideraba la maniobra ilegal. “Lo único que me ha enseñado hoy Valentino es a hacer motocross”, dijo Marc. Rossi asintió con sorna, pero estaba herido. Y la bola de nieve siguió creciendo. No hace falta seguir.

Un personaje llamado Uccio

Costó mucho que volviera a haber una relación civilizada entre ellos tras lo de Sepang. Mucho tiempo después de aquello, Rossi seguía encendido. En los primeros meses de 2016 seguimos asistiendo a su airada actitud ante Márquez. Pero pasó el tiempo. Pensábamos que todo había quedado atrás, y ha bastado una jornada completamente desafortunada de Márquez para avivar las ascuas.

Habría entendido que el propio Rossi, en caliente, diera un paso al frente en el garaje de Yamaha para rechazar la disculpa de Márquez; me habría gustado que Lin Jarvis (jefe de Yamaha) hubiera tenido la iniciativa de decir a Márquez, Puig y Alzamora que no era el mejor momento para presentarse allí. Pero no, ha sido un tipo como Uccio Salucci, digno de ser un personaje salido de la pluma de Mario Puzo, el primero levantar la voz, airado, avivando el fuego, mentando Sepang 2015.

A estas alturas de la película no podemos esperar un cambio de actitud de ninguno de los dos. Es evidente que Márquez se equivocó de pleno, de principio a fin de carrera. Pero es igualmente inaceptable el modo en que señala Rossi a Márquez ante la prensa, como si él no tuviera un pasado. Este lunes, un antiguo campeón del mundo que se ha visto en la posición en la que se ve ahora Rossi, me ha llamado y me contado su valioso punto de vista: “Creo que toda esta situación se ha dejado ir, pero no ahora, sino desde el principio. Cuando tienes entre 15 y 25 años eres agresivo, piensas relativamente poco, y tienes mucha hambre. Es ley de vida. A los treinta, piensas más, no arriesgas tanto y tienes otro punto de vista”. Es un choque generacional.

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