DE LA BASE A LA CÚSPIDE DEL MOTOCICLISMO

Por qué Alberto Puig es único en la historia y cómo controlará a Márquez y Pedrosa

El caso de Alberto Puig es único: ningún piloto ha alcanzado la cúpula directiva de un equipo de MotoGP, salvo los propietarios de sus propias escuderías como Giacomo Agostino o Kenny Roberts

Foto: Pedrosa y Puig en el box de Honda. (Imago)
Pedrosa y Puig en el box de Honda. (Imago)

En la historia reciente de los grandes premios de motociclismo no hay un caso como el de Alberto Puig, un antiguo piloto que ha alcanzado la máxima responsabilidad en el equipo oficial de Honda, el más laureado de la historia del campeonato, seguramente la posición más poderosa del 'paddock' de MotoGP. Nunca un piloto alcanzó tan alta responsabilidad. En el pasado hubo antiguos campeones y pilotos míticos que dirigieron algunos equipos en el Mundial de 500 y MotoGP, como Giacomo Agostini, el piloto más laureado de la historia con sus quince títulos mundiales, que después de su retirada estuvo al frente de su formación en el Mundial de 500 entre 1982 y 1989; o Kenny Roberts, que dirigió su equipo en 500 entre 1986 y 2007. Pero ellos no tenían la autoridad directa sobre el equipo de fábrica, sino que gestionaban sus propias escuderías con material oficial. Lo de Puig es completamente diferente.

Desde el momento en que se anunció la salida de Livio Suppo del equipo Repsol Honda, la lógica llevó a considerar a Puig como el hombre adecuado para dirigir la escudería, por su vinculación con Honda y su implicación en las carreras, y su nombre comenzó a sonar en los mentideros del 'paddock', aunque siempre acompañado de un reproche: no da el perfil.

Cierto, Puig no daba el perfil político de Suppo, hombre vinculado al marketing desde siempre, desde su llegada al Mundial de 250 con el equipo Benetton Honda en 1996 y su posterior paso por Ducati. Como el mismo Puig reconoció en una reciente entrevista, él no es un hombre de despacho. Puig es un hombre de acción, directo, sin medias tintas. Dice las cosas como las siente, en ocasiones con tal crudeza que se ha ganado fama de personaje difícil. Ahora ya no necesita lanzar esas miradas de miedo que acongojaban a sus pilotos, miradas que recibieron Dani Pedrosa y los muchachos de la copa Movistar y que, los más despiertos, supieron convertir en mensajes de estímulo. Ya no hay niños a los que haya que motivar.

Puig y la unión Oriente-Occidente

Precisamente por eso, por su bagaje, por haber vivido desde dentro el mundo de las carreras y haber estado en la posición que hoy ocupan sus pilotos, Marc Márquez y Dani Pedrosa –aunque Puig nunca fue piloto oficial de la marca-, nadie mejor que él para entender sus necesidades, ser receptivo a sus demandas y saber transmitirlas a Japón. No es sencilla la relación Oriente-Occidente que se da en los equipos de MotoGP, pero Puig ha sabido conectar de un modo extraordinario con los japoneses, y gracias a ese entendimiento su labor resultará un éxito.

No es que su papel haya sido trascendental en estas pocas semanas al frente del equipo, pero el rendimiento de los pilotos de Honda en la pretemporada es impecable, y de momento HRC ya ha logrado la renovación de Marc Márquez por dos temporadas más. Era lo esperado. Si hubiera sucedido lo contrario habría sido un auténtico bombazo.

Ahora el siguiente objetivo es completar un dúo competitivo para el futuro. Cuando se conoció la llegada de Puig al equipo, enseguida se pensó en el morbo que despertaría su reencuentro con Pedrosa. Puig, fue su descubridor, fue mentor, escudero y ariete, fue su hombre de confianza, y un día ambos pusieron fin a su relación, con frialdad. Ahora vuelven a trabajar juntos, con profesionalidad. Y nada hace pensar que Pedrosa no se merezca renovar con HRC, pero seguramente a Puig le gustará que la temporada eche a andar para tener mayores certezas.

Seguirá con la promoción en Asia

Sin embargo, a pesar de haber alcanzado la cúspide de su labor, Puig no renuncia a sus orígenes, y ha decidido seguir trabajando en la formación y permanecer vinculado a la Asian Talent Cup, el campeonato destinado a la búsqueda de talentos en la zona Asia-Pacífico. Confiesa que le ayuda a mantener la perspectiva. De hecho, nunca ha dejado de seguir de cerca a los pilotos más jóvenes.

La vida de Puig, desde niño, gira en torno a las carreras y no se le puede imaginar de otra manera que no sea en un circuito o subido a una moto. Cuesta encontrar a alguien del mundo de las carreras que, cumplidos ya los cincuenta, sienta la moto con tanta profundidad como Puig. Porque no sólo disfruta de la moto en su actividad profesional, sino que sigue siendo un usuario activo, a pesar de los problemas físicos que arrastra como consecuencia del terrible accidente sufrido en Le Mans en 1995. El día que se estrenó como responsable de la Movistar Activa Joven Cup, en 1999, llegó con el brazo derecho escayolado como consecuencia de una caída con su moto de campo.

Lo curioso es cómo combina esa diferente manera de relacionarse con los pilotos. Porque no es lo mismo tratar con profesionales, a los que les debe exigir máximo rendimiento sin arrugarse, que lidiar con muchachos apenas llegados al mundo de las carreras, donde la paciencia ha de ser el arma fundamental en su relación. Quizás por eso resulta ser el hombre idóneo para la labor que realiza en Repsol Honda. Pensábamos que carecía de mano izquierda, de cintura política, pero en realidad tiene una habilidad superior. Es tan simple como ponerse en el sitio del otro, y lo hace porque él ya ha estado allí. Si no, no hay forma de acertar en el trato a personas tan distintas como un campeón del mundo de MotoGP o un muchacho que disputa sus primeras carreras.

Supongo que si Puig lee estas líneas pensará que es una tontería lo que digo, porque todo es mucho más sencillo. Son sólo carreras; todo son carreras. No hay que darle más vueltas, y un piloto siempre será un piloto.

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